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Negándose a uno mismo

02/03/2014 12:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay una persona que te necesita más que a nadie, y que sin ti, terminará por perderse: tú. Realizamos actividades en gran medida, las cuales ocupan cuestiones varias: estudios, trabajo, oficios extracurriculares; salidas, viajes y reuniones de esparcimiento o por obligación se agregan también a las listadas; tanto que hacer, lo cual al final, deja muy poco tiempo para trabajar en nosotros mismos. Y no es que seamos precisamente almas caritativas para regalar a otros lo que tenemos. Las hay cierto, pero en su mayoría, realizar lo dicho va encaminando sobre todo a cumplir una meta o logro personal que desenmascararía cualquier cualquier intención falsamente puesta en el ámbito de lo filantrópico. Aquellos que se enfocan en el prójimo terminan dando tanto que casi nada les queda para poder entregárselo a sí mismos; en el justo medio, por último, se encuentran aquellos que en un intento por balancear la disposición hacía otros encuentran la forma de tener más tiempo en realizar aquellas actividades de las cuales gustan y que, aparentemente, les llenan.

Pese a ello, y por contradictorio que pudiese sonar, carecen de aquello tan necesario para el desarrollo de cualquier humano pleno: la convivencia consigo mismos. Y aclaro, para todo aquel que esté pensando que lo hace al escuchar música, ver una película tirado en el sofá o salir a algún sitio con los amigos, se equivoca. No es de esa forma, pues la comunión con uno mismo se lleva a cabo mediante cualidad como lo son la paciencia y templanza las cuales al permitir que nos permiten liberarnos y con ello, entrara en un estado de reflexión que nos permiten el continuó examen del "yo". La razón de que uno no pueda recurrir a tales actividades es, sin duda, el que hacerlo conlleva que se realice con absoluta calma, y, principalmente, silencio. Ahí, la razón de que en la actualidad cueste tanto poder dedicarse realmente a tal ejercicio. La sociedad contemporánea ha crecido con una dependencia al ruido. Lo observamos a menudo con el vecino, ese fastidioso ser que por las mañanas de Domingo se dedica a lavar el coche con el volumen del estéreo al máximo; sin ir más lejos, bajo nuestro propio techo cuando el televisor ambienta con alguno de sus canales el ambiente de la misma pese a que nadie le esté poniendo atención. Solemos colocar nuestros discos favoritos mientras realizamos nuestras actividades. Hay quienes, incluso, juran no poder concentrarse adecuadamente si no las hacen de tal forma o algún ruido de fondo. Ello no puede ser normal, mucho menos sano. ¿Por qué es tan necesario el ruido? ¿Buscamos alejar algo en ese sonido constante a nuestros sentidos al alejarlo del silencio? Se excusan muchos argumentando que el silencio es molesto. Yo les digo que el sonido puede ser tan molesto o agradable en la misma medida. Eso sí, lo que puedo asegurar es que el silencio trae consigo algo único que el ruido se encarga de alejar; ello es la confrontación con nosotros mismos. A través de la música, los programas y sobre todo los libros somos capaces de recapitular en ocasiones ciertos aspectos propios. Pero, son sólo pequeños episodios de los cuales no somos participes. Estar solo en cambio conlleva tarde o temprano sumergirnos en lo más profundo de nuestra psique, trayendo a nosotros todo tipo de recuerdos y experiencias que, aparentemente, la memoria no distingue en su momento (bueno-malo, antiguo-nuevo, agradable-detestable). Sin ser selectivos, los recuerdos nos llevan a revivir situaciones que en algún momento, hubiéramos preferido no traer de vuelta a la realidad. No por nada, el ejercicio de reflexión es uno de los más pesados. Por ende, no es novedad que al no haber tantos medios para para distraer el pensamiento se suelan usar para evitar aquello que forma parte de nuestros hábitos y seguramente, se encuentra ya incrustado en nuestro código genético.

A nadie le gusta que le recuerden sus errores. Para desgracia de todos, la memoria es experta en ello. Revivir tal momento y volver a experimentar las emociones y sentimientos que se crearon es duro, pero necesario.

Como el placer, el dolor deben de experimentarse para crecer y lograr un desarrollo pleno. Aceptar que de una u otra manera nos equivocamos ayuda en el futuro no sólo a corregir los errores que podamos tener de forma similar, también darnos cuenta de su importancia y aceptar que como todo, es algo normal que debe ocurrir.

Crecemos siendo educados para reprimir nuestras fallas, tal cual entes autómatas incapaces de errar una y reproducidos por un Estado tal cual maquinas en serie. Si funciona, a trabajar y que venga el siguiente, de lo contrario, aquel será marcado y señalado no menos que un producto defectuoso para el resto de la sociedad.

No. Las cosas no pueden ser así.

Somos entes libres, capaces de aprender. Sí, pero nunca sin cometer una y mil fallas durante el proceso.

Encontrarnos a nosotros mismos ejercita la capacidad de reflexión y superación. Quizá, si pensamos en el motivo de ser educados bajo la constante del ruido sepamos la causa primaria de tal hecho.

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Sobre esta noticia

Autor:
Abdell (95 noticias)
Fuente:
bitacoradenats.blogspot.mx
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