Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Cuauhtemoc Mavita E. escriba una noticia?

Contra la neutralidad y autocensura periodística

13/06/2012 00:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los medios de comunicación se quieren presentar como imparciales e inmaculados y evidentemente no lo son

Cuauhtémoc Mávita E./Periodista

Hace poco, quizás ocho meses, el periodista español Pascual Serrano publicó un libro titulado: Contra la neutralidad. E inicia su obra con un primer capítulo muy sugestivo: El periodismo necesita corazón.

De entrada utiliza una frase demoledora de Antonio Gramsci: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no debe dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes”.

Serrano, critica el periodismo actual ya que –según él- tiene una mala prensa a partir de que: “los grandes medios de comunicación actuales se quieren presentar como objetivos, neutrales, imparciales e inmaculados, y evidentemente no lo son”. Con motivo de esta perspectiva, el periodista no puede aplicar ningún sentimiento, ningún posicionamiento, sino simplemente el de la línea editorial.

Sin embargo, pone “el dedo en la llaga” al sostener que solo trascienden los periodistas que tienen valor y se deciden a tomar una posición, aún con los riesgos que esto pudiera implicar.

Para el autor lo único que parece importarle a los medios de comunicación son lectores, oyentes o televidentes, y ante lo cual se priva al periodista del compromiso que tiene con su tiempo, de interpretar y explicar el mundo, y del valor para denunciar lo que considera miserable y alinearse con lo que admira o desea.

Por eso sustenta que el culto a la objetividad que profesan los informativos deriva en que se ofrezca al público información descafeinada y desteñida, tras atravesar los filtros de los jefes de sección y la dirección de los mismos.

Ante esa realidad, afirma que: “La objetividad se ha convertido en elemento de culto para evitar enfrentarse a verdades desagradables o disgustar a una estructura de poder de la que dependen los medios de información para obtener beneficios o incluso sobrevivir”.

Por eso, el periodismo “destierra la empatía, la pasión y el afán de justicia”, en tanto que a los periodistas se les permite mirar, pero no sentir, ni hablar con la propia voz.

Serrano se opone, pues, a la neutralidad. El periodista tiene derecho no solo a buscar y reportar la verdad, sino también a interpretarla como un elemento de apoyo al que no ha estado en contacto con ella.

Y en cuanto a la información política, tan abundante en las campañas electorales, nos recuerda, como una llamada de alerta, que esta se cubre “recreándose en debates en torno a cuestiones irrelevantes o reyertas superficiales, dejando por un lado la discusión compleja y profunda de asuntos que reclaman de atención.

Tiene mucho de razón. En el periodismo actual se da gran relevancia a la frase “chusca”, el tropezón físico y político o la entrevista estéril, sin contenido, siempre y cuando el entrevistado esté en el ánimo de la audiencia. Lo trascendente y complejo es desplazado por lo intrascendente.

La información política de cuestiones irrelevantes o reyertas superficiales dejando asuntos que reclaman de atención

Tan es así que en las campañas electorales los receptores de la información son presas de miles de mensajes acerca de la ignorancia de Peña Nieto, el servilismo de Quadri, la desesperación de Vázquez Mota y el idealismo de López Obrador, en tanto que en ese carnaval el país se convulsiones –solo por citar un ejemplo- por el alza del dólar, la crisis del peso y la inminente devaluación oficial de la moneda, quizás igual o peor que la generada por la crisis de diciembre de 1994.

Nos perdemos en la superficialidad y la simpleza de los mensajes informativos. Pero en este proceso no es ético culpar tan solo a los medios, sino también a quienes hemos descuidado el ejercicio del periodismo como una profesión, y por consiguiente la misión que cada quien tiene que cumplir para servir con honestidad a la sociedad.

Los medios no son neutrales;

tampoco los periodistas

No obstante, así como los medios de comunicación no son neutrales -tal como lo precisa Serrano-, ya que tienen intereses, omite decir que en la práctica los periodistas tampoco lo son; eso se expresa de manera cotidiana desde la redacción de la noticia hasta el comentario que se externa a través de los artículos de opinión o de las columnas políticas.

Los periodistas –sin la intención de generalizar- han quedado atrapados en la añeja cultura del empleado asalariado que, por tal de permanecer en un medio, son capaces de falsear la verdad u omitir cosas importantes para no contrapuntearse con la línea editorial de la empresa o con sus propietarios. Eso se conoce como autocensura, pero también es reflejo de graves problemas éticos.

En otras palabras, mientras el autor de En contra de la neutralidad incita a no permanecer pasivos ante la trascendencia del hecho informativo y sus alcances, por la otra parte los periodistas han asumido que el periodismo no ha evolucionado y que continúa aprisionado en las añejas reglas de informar lo que conviene y ocultar lo que va contra los intereses del medio o del mismo periodista. Esa neutralidad es la más peligrosa.

No obstante, habría que preguntarse hasta que grado ha evolucionado la apertura informativa entre el o los propietarios de los medios de comunicación, y hasta que nivel lo han hecho los periodistas, dado que muchos se han hecho a la idea de que son empleados, desestiman el profesionalismo y se ponen el huarache antes de espinarse. Les invade el temor de ser diferentes, ya que el sistema los aprisionó y se resisten a recuperar y experimentar su libertad.

La autocensura da por hecho que no es necesario informar u opinar acerca de un suceso importante dado que no se difundirá por el o por los medios; es una trampa en la que se cayó desde hace tiempo y pocos son los que hacen lo necesario para quitársela.

Con motivo de lo anterior, los periodistas, inclusive más allá del medio o los medios que representan, han establecido estrechas relaciones con el poder político y gubernamental, de tal manera que esa doble camiseta, la del poder político y la de periodista, afecta la calidad de la información, ya que esta es a la medida de esos intereses. Por si esto fuera poco, hay cientos de periodistas que no tienen un sueldo fijo, y ante lo cual subsisten de “igualas” o cuotas, lo cual los vuelve sumamente vulnerables a tergiversar y manipular la información. Se fortalece así el periodismo gregario o desteñido, a partir de que quienes lo ejercen no tienen ideas e iniciativas propias.

Hay que trabajar mucho para evitar se profundice este estado de cosas. Mientras resultará sumamente difícil avanzar en ese llamado Contra la neutralidad. Bueno, pero ¿Usted que opina?


Sobre esta noticia

Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
Visitas:
570
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.