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Niña por un día

07/08/2012 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Ponor, la clase que no se pierde

Hay muy pocos turistas en la playa. Ella elige un rincón donde no hay prácticamente nadie; ya no aguanta, cree que es el mejor momento para hacerlo. Se recuesta sobre la arena y comienza a gritar. En el fondo quiere que alguien la escuche, que alguien se acerque a preguntarle qué le pasa. Su deseo interior no se le cumple. Permanece sola por más de dos horas.

Durante esas dos horas ha llorado. Por fin alguien aparece. Una niña de 10 años se postra frente a ella y la observa. Sin hablar, la nena se hinca y le seca las lágrimas con la mano de su oso de peluche. Ella se deja esbozándole una sonrisa a la criatura.

-¿Por qué lloras?

-Por nada. A veces las mujeres lloramos por nada.

-Yo lloro cuando me caigo o mi papá me regaña.

-Por cierto, ¿y tus papás?

-Están allá leyendo. Pero como te vi aquí tirada pensé que estabas muerta.

Ella se incorpora y acompaña a la niña hasta donde están los papás. Se despide de su pequeña amiga prometiéndole que la próxima vez que se encuentren ya no llorará. La nena le extiende la mano y le pide que choquen las palmas como señal de un trato. Chocan las palmas.

No pasa ni una semana cuando se vuelven a encontrar en la playa. Los papeles se invierten. Ahora es la niña quien llora.

-¿Qué te pasó? ¿Te caíste?

-No.

-¿Entonces?

-Es que a mi papá le robaron la camioneta y adentro estaba mi oso de peluche.

Ella la carga pidiéndole que se tranquilice, que irán a comprar uno nuevo. Tras pedir permiso a los padres, las dos se van a una juguetería. Al entrar, la dueña del lugar reconoce a la chica que va con la niña. No dice nada, espera a ver qué hacen.

Mientras la nena busca un oso que le agrade, ella tiembla al intentar agarrar una muñeca. Algo tan fácil le representa un verdadero reto. Como no se atreve, la dueña se acerca y se la extiende. Ambas se miran; sin decirse nada se han entendido con el pensamiento.

Al querer pagar el oso, la dueña no acepta el dinero de la chica. Se dirige hacia el estante de muñecas, toma una y se la da a su cliente: "Llévatela, es un regalo. El oso y la muñeca son un obsequio". La quijada se le entume a la chica, no sabe qué decir. La dueña las acompaña hasta la puerta y antes de emprender camino, la chica le da las gracias. "Por nada. Vayan y diviértanse". Esa tarde, la niña y la chica jugaron como nunca.

La chica, por cierto, se llama Catalina Ponor. Llegó a Londres con la etiqueta de abuela y gimnasta acabada por contar con 24 años de edad. Se va de los Juegos Olímpicos con medalla de plata en suelo y la de bronce en equipos. Previo al certamen, la rumana comentó que le sería agradable recuperar su infancia, etapa que cambió por la gimnasia. Y ahí, aunque sea a través de letras, también ganó.


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Tipo:
Reportaje
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