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Niños y adolescentes mexicanos piden más afecto y atención

10/07/2013 15:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Niños y adolescentes mexicanos piden más afecto y atención SyM - Rafael Mejía

Además del deseo de tener mejor comunicación con sus progenitores, infantes y adolescentes se interesan por recibir mayor orientación, reglas congruentes y normas de disciplina que les ayuden a cumplir sus metas.

No es una suposición a la que haya llegado un pediatra, profesor, orientador vocacional o padre de familia, sino la opinión misma de los niños mexicanos que, ante su realidad social y posibles dificultades para cumplir con su proyecto de vida, se sinceran y expresan: el hogar es el espacio ideal para adquirir aquellos valores de los que depende obtener éxito en la vida, como solidaridad, orden y honestidad, pero también un sitio donde existen obstáculos evidentes que impiden que esta labor formativa se lleve a cabo.

Esta información se ha dado a conocer mediante un interesante estudio estadístico que presentó el Consejo de la Comunicación, a fin de reconocer cuál es la importancia que el diálogo y la convivencia tienen dentro de la familia mexicana, y cuyos resultados bien vale mencionar con motivo del día del niño, que se celebra este 30 de abril.

La Dra. Gabriela de la Riva, encargada de coordinar dicha investigación y quien además es experta en psicología y análisis de grupos humanos, explica que "este trabajo es la continuación de una encuesta realizada en 2005, en la que tratamos de descubrir la importancia y alcances que tiene la familia en nuestro país. Ahora, en 2006, profundizamos respecto a la comunicación, un factor que ha sido señalado en varias ocasiones como un obstáculo o barrera en el desarrollo de los hogares mexicanos".

Así, este trabajo contempló, entre otros métodos de recolección de datos, aproximadamente 300 sesiones de grupo y 6, 000 entrevistas con mujeres y hombres de distintas edades, niveles socioeconómicos y de educación, localizados en las ciudades de Guadalajara, Monterrey y México, "tuvo el objetivo de definir las connotaciones y matices de la comunicación entre los integrantes de la familia mexicana" ya que, por estudios anteriores, sabemos que hay diálogo casi a diario entre padres e hijos, pero ignoramos cuáles son las cualidades de esta convivencia.

La especialista, también presidenta de De la Riva Investigación Estratégica, S. C., ahonda: "El año pasado vimos que, para las familias mexicanas, el gobierno, los medios de comunicación y las instituciones no promueven la transmisión de valores que requieren niños y jóvenes; existe la percepción de que no se castiga ni se premia justamente a los individuos, y hubo niños que mencionaron que hay gente que roba o mata, y a pesar de ello salen de la cárcel con facilidad. Entonces hay un perfil del país que no gusta, y la única esperanza que le queda a los menores es que estos valores se transmitan en la familia".

Infantes observadores

De acuerdo con los datos recopilados en el estudio, el niño tiene una idea diferente de su núcleo social de acuerdo con su nivel económico. Cuando éste es alto, se refiere a una familia nuclear, es decir, formada sólo por mamá, papá e hijos, además de que la educación puede estar relegada en una tercera persona, como una nana o chofer; en cambio, cuando el nivel es medio o bajo, adquieren mayor importancia los abuelos, tíos, primos y compadres, además de los padres y hermanos.

A pesar de las diferencias, anota De la Riva, en ambos grupos se apreciaron respuestas similares y la influencia de la vida en el hogar como fuente de elementos positivos y negativos. Entre los primeros, los más mencionados fueron apoyo mutuo (33%), unión (32%), buena comunicación (15%), convivencia (12%), alegría (11%), responsabilidad y comprensión (9%), mientras que en los segundos se encontraron mal carácter de algún familiar (14%), peleas (12%), regaños (11%), poca convivencia (9%), gritos (5%) y mala comunicación (4%).

Por lo que respecta a la transmisión de valores, la investigadora comenta que la población mexicana en general reconoce que "la familia tiene la virtud de inculcar principios muy favorables y constructivos entre sus integrantes; sin embargo, los niños (y jóvenes) mencionan, mucho más que los adultos, que hace falta la enseñanza de disciplina y una actitud ganadora, de éxito".

En efecto, los niños y jóvenes señalan que algunos de los valores más importantes que han aprendido en casa son respeto (84%), honradez (55%) y responsabilidad (23%); quedan un tanto rezagados tolerancia, amor y sencillez (cada uno con 11%), y ubican más abajo a igualdad (5%), solidaridad (4%), justicia y disciplina (3% cada una).

Además de esto, la experta subraya que "los menores piden que la familia sea la encargada de transmitir valores como la honestidad, pero de manera congruente. Por ejemplo, el padre puede decirle a su hijo que diga la verdad, pero el pequeño ve que su progenitor miente cuando le hablan por teléfono y pide que digan que no está. El infante también se da cuenta cuando el padre o la madre intenta evadir su responsabilidad en algún pago, y otro tanto podemos decir del respeto a la puntualidad y demás normas sociales".

Otro punto interesante consiste en que, aunque el niño se encuentra bajo la influencia constante de factores externos como la moda, el uso de formas de lenguaje particulares y la tecnología, tiene la necesidad de ser auxiliado por sus seres cercanos. "El chico desea sentir que sus padres, abuelos o tutores lo están orientando y le marcan límites, ya que no tener normas le genera incertidumbre e inseguridad; es curioso, pero cuando se le dice que tome solo una decisión importante, 'se muere' del susto y siente que no se le quiere".

La investigación también permitió reafirmar algunas conclusiones bien conocidas, por ejemplo, que el pequeño necesita que se le tome en cuenta y que, además de que desea más demostraciones físicas de apoyo, como abrazos, besos y apapachos, también quiere ser respetado y escuchado a través de una conversación sincera.

En este sentido, explica De la Riva, se debe señalar que los adultos también tienen presiones sociales que influyen en la relación que establecen con sus hijos, y entre ellas destacan el respeto a los derechos de los infantes, desechar el autoritarismo como método educativo y un aspecto peculiarmente polémico: tratar de ser amigo de sus 'retoños'. "Al niño le desagrada mucho que alguno de sus progenitores trate de hablar como él, porque le parece que se ve ridículo, le da mucho coraje y no puede decirle nada. En realidad, el chico quiere que su papá o su mamá sea 'buena onda' y que dialogue, pero quiere que ellos sean sus padres antes que otra cosa".

¿Apáticos?

El estudio sobre la comunicación familiar también dejó entrever un dato interesante: "El momento en que hay mayores problemas en el hogar es cuando hay hijos adolescentes. Dialogar es más complicado, pero está claro que cuando se ha mantenido una buena relación con los chicos, donde prevalecen comprensión, amistad, solidaridad, apoyo y solución a los conflictos esporádicos, los problemas se reducen".

Tal vez muchos padres con un hijo adolescente podrían asegurar que no hay necesidad de hacer una encuesta para asegurar lo antes dicho, y que es muy difícil tener un acercamiento con los jóvenes por su carácter difícil, irascible y que rehuye al contacto familiar.

Empero, a través de las entrevistas directas "hemos visto que lo más negativo para los adolescentes es sentir que los papás son indiferentes hacia ellos, y esto lo traducen como falta de amor. Hay que estar muy atentos a este aspecto, porque cuando los tutores no tienen tiempo para estar en casa, sobre todo ahora que la mamá y el papá trabajan, a veces hasta jornada doble, tratan de compensar su ausencia con permisos o una actitud más relajada en las reglas, y esto los jóvenes lo entienden como 'si no me das normas, es que no me quieres'".

Así, a pesar de su aparente apatía, "los adolescentes también necesitan demostraciones de afecto, como celebraciones de cumpleaños, aunque digan que no les gusta el pastel, los regalos y que les canten Las Mañanitas. En las entrevistas que realizamos, nos dijeron que les da mucha seguridad que los celebren y abracen".

En resumen, los jóvenes aseguran que tienen necesidad "de ser escuchados, recibir contacto físico, disponer de su propio espacio y tiempo y, sin que lo sugiriéramos nosotros o los papás, admitieron que necesitan disciplina porque piensan que sin ella no van a ser competitivos en el trabajo".

Valgan unas cuantas cifras sobre este aspecto: casi todos los participantes del estudio, padres e hijos, coincidieron en que las normas en el hogar son claras (92%). Sin embargo, sólo 20% opinaron que siempre existen consecuencias si no se cumplen las reglas, y 80% admitieron que casi siempre, muchas, pocas o muy pocas veces hay consecuencias al romper los acuerdos.

Diálogo sincero

Niños y jóvenes consultados señalaron que, a pesar de la importancia que tiene la comunicación para la vida en familia, ésta no siempre se lleva a cabo en tiempo o contenido. De esta manera, 41% de los menores encuestados expresaron que hablan diariamente con sus padres, 42% que lo hace sólo 2 ó 3 veces a la semana o menos, y 19% casi nunca dialoga.

Entre las principales barreras para la comunicación se encontraron:

  • Cansancio.
  • Estrés.
  • No encontrarse en el hogar por trabajo o estudio.
  • Reglas cambiantes.
  • Intolerancia y autoritarismo.

Mención aparte merece un obstáculo al que técnicamente se llama comunicación de mantenimiento, en la que el papá o la mamá "sólo se remite a hacer cierto tipo de preguntas y comentarios, entre ellos: '¿Cómo te fue en la escuela?' o '¡qué bien, ganó tu equipo de futbol!', pero no tocan temas de fondo, como el ambiente que hay en el colegio, si hubo problemas en las calificaciones a qué se debió, cómo se siente el chico o qué tal se lleva con sus amigos". La principal razón de este hecho es el temor de los padres a equivocarse, confundir a su hijo y crear conflictos.

Otros detalles importantes que se desprenden del estudio es que los hijos aceptan que la comunicación en la familia actual es más libre que en generaciones pasadas, y aunque les entusiasma pensar en el uso de tecnologías como internet y teléfonos celulares, los cuales incluso les permiten expresar ideas y sentimientos que personalmente les da pena, lamentan que esto pueda hacer que se pierda el contacto físico, además de que se entristecen por no poder salir a jugar con sus amigos en la calle con la misma seguridad con que ocurría décadas atrás.

Así, explica la Dra. Gabriela De la Riva, la conclusión del estudio es que la convivencia entre padres e hijos se verá muy favorecida cuando se destaquen aspectos como las muestras de cariño espontáneas, los abrazos, los besos, la realización de actividades divertidas en conjunto, el diálogo respetuoso y comprensivo, el mejoramiento en la comunicación entre mamá y papá, y hasta la inclusión de una mascota, pues ésta ayuda "como lubricante de la comunicación" y permite unificar a integrantes de la familia de distintas edades.

Finaliza la psicóloga: "La familia puede ser, en contraparte del entorno hostil en que vivimos, el espacio de comprensión donde se respete nuestra integridad y donde se puede ser uno mismo y disfrutar con los demás. Como hemos visto, es el lugar ideal para recibir guía y apoyo, pero también debe enfatizarse en la importancia de inculcar valores de éxito, responsabilidad en el trabajo y honestidad. No todo es armonioso y pueden enfrentarse numerosos problemas, pero cuando el funcionamiento de esta célula social es adecuado, resulta más fácil hacerle frente a las adversidades".

SyM

Última actualización: 07-2013


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Autor:
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Fuente:
saludymedicinas.com.mx
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