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Los niños de la calle, entre la reintegración y la recaída

15/11/2009 03:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con menos de dos meses de nacida, la hija de "Luisa Fernanda" pasará el primer invierno de su vida sin frío y en brazos de su madre, quien después de vivir seis años en la calle salió de ella para dedicarse completamente a su hija. Al morir sus padres, Luisa Fernanda llegó a la ciudad de México proveniente de Guerrero, donde desde los nueve años consumía marihuana pues su padre lo hacía y ella imitó ese hábito. En entrevista con Notimex, el director del Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS), César Cravioto, señaló que son varios los casos de niñas que viven en la vía pública que se embarazan, lo que cambia su percepción y les da fuerzas para dejar la calle. Sin embargo, en otros casos llevan al niño con sus familiares y vuelven a lo mismo, motivadas por una fuerte adicción. El tío de Luisa Fernanda la trajo a vivir al Distrito Federal con sus tres hermanos; "supuestamente nos trajo aquí para cuidarnos, pero finalmente no fue así, él trató de abusar de mi y mi tía me pegaba mucho, fue cuando decidí salirme a la calle". Para el director de El Caracol, organización civil dedicada al trabajo con poblaciones callejeras, Juan Martín Pérez, esta población debe ser entendida como un grupo demográfico que comparte una cultura, conocimientos e incluso ritos. Esta cultura callejera es compartida por los miembros del grupo y esto les permite transmitirse medidas de protección y sobrevivencia en la calle. Dicho sector poblacional forma grupos que les ayudan a afrontar los temas básicos de seguridad, alimentación y trabajo a través del conocimiento del área donde se ubican y de los actores que intervienen como policías, ambulantes e incluso criminales. Juan Martín Pérez explicó que esto implica conocer los turnos de los policías y saber cuáles son más tolerantes e incluso los que pueden ser más abusivos, a fin de tomar precauciones. Este conocimiento también les permite aplicar diversas estrategias para conseguir el dinero necesario para sobrevivir, como puede ser lo que denominó "mendicidad encubierta" que utilizan por ejemplo los limpiaparabrisas. Otra estrategia es la "mendicidad coercitiva" en términos emocionales como los faquires o las mujeres que llevan en brazos a un bebé, quienes ejercen una presión emocional a la gente para que aporten algo de dinero. Además pueden estar vinculados con la economía de la zona como los comercios ambulantes, al cuidar los puestos durante la noche o en los paraderos de autobuses o zonas donde el paso de transeúntes es intenso y permite mayores ingresos. Sofía Almazán, directora de Casa Alianza, expuso que de acuerdo con un cálculo aplicado a algunos niños de los que atienden en una hora pueden obtener hasta a 60 pesos "haciendo poco". Con estas actividades se crean redes sociales de sobrevivencia con personas de las zonas que frecuentan y quienes les ayudan, por lo que Juan Martín Pérez añadió que "el retiro forzado de esta población del espacio público no funciona". Ello porque se rompen vínculos y eso les obliga moverse a otros espacios donde son orillados a prácticas de mayor riesgo, o incluso que sean afectados por alguna banda del crimen organizado.


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