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Obra de Roberto Aizenberg recorre Argentina en exposición

15/02/2012 04:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para dar cuenta de la historia pictórica de Argentina, una colección de 140 obras de diferentes autores recorre el país sudamericano, entre las que brilla un dibujo de Roberto Aizenberg, fallecido el 16 de febrero de 1996. De acuerdo con lo publicado en “Ñ. Revista de cultura”, en el cuadro del autor se puede encontrar lo cotidiano, la memoria, el ensueño y la fantasía. En la Casa Nacional del Bicentenario, su actual foro, la exhibición permanecerá hasta el 26 de febrero próximo. La muestra “Contar historias”, formada por piezas de las colecciones públicas del Palacio Nacional de las Artes (Palais de Glace) y del Fondo Nacional de las Artes, tiene como propósito explicar cómo se forma una colección pública de arte. Detallar lo que dice la historia del arte argentino en cada periodo, su relación con la sociedad y la política de cada momento y la interacción que pueden encontrarse entre las mismas obras. Roberto Aizenberg, pintor y escultor considerado como el más importante surrealista de Argentina, nació el 22 de agosto de 1928 en Federal, Entre Ríos. Fue hijo de un inmigrante ruso judío que se estableció en las colonias judías de Entre Ríos, en la localidad de Villa Federal, ahora conocida como Federal. Cuando tenía ocho años su familia se mudó a Buenos Aires, en el barrio de La Paternal. Allí realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Buenos Aires, y más tarde comenzó la carrera de Arquitectura, pero la abandonó para dedicarse a la pintura. Sus comienzos fueron como alumno de Antonio Berni y más tarde con Juan Batlle Planas, quien le inculcó el surrealismo, en la década de 1950. En 1969, el Instituto Torcuato Di Tella realizó una importante exposición retrospectiva de su obra (dibujos, collages, pinturas y esculturas). Poco antes comenzó a convivir con la periodista y escritora Matilde Herrera y sus tres hijos. Luego de producido el golpe militar que dio origen a la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional, en 1976 y 1977, fueron secuestrados los tres hijos de su compañera y sus respectivas parejas; una de ellas, Valeria Belaustegui, estaba embarazada. Aún hoy todos permanecen desaparecidos. En 1977, a causa de la dictadura argentina de 1976-1983, debió exiliarse en París, pero una vez recuperada la democracia volvió a Buenos Aires, en 1984. Aizenberg, como Giorgio de Chirico, admiraba la arquitectura, en especial la del Renacimiento, la idea de construcción. Su obra está permanentemente influida por esta fascinación. La obra de Aizenberg muestra torres aisladas, ciudades vacías, edificios misteriosos y deshabitados, raras construcciones poliédricas. Utilizaba óleos de secado lento para obtener acabados perfectos, una gran densidad y un brillo fuera de lo común en sus obras. Incluso algunos tonos que utilizó se les conoce como rojo, verde o azul “Aizenberg". Se sabe que en su trabajo utilizaba una técnica de pintura en dos fases: en la primera utilizaba el automatismo, librándose al azar, y en la segunda, excluyendo todo azar, seleccionaba unos pocos bocetos de entre decenas y analizaba la información generado por la fase automatista. Prestaba una gran atención a los avances científicos referidos a los procesos cerebrales relacionados con la creación. Estudiaba apasionadamente textos sobre genética y psicología y mantenía extensas conversaciones con científicos como el biólogo Daniel Goldstein. Criticaba severamente la utilización de modelos en la enseñanza del arte, porque implicaba una "rigidez total, anacrónica, totalitaria, en el sentido de la dependencia del artista al modelo, a la autoridad del modelo, es la enseñanza del arte". Por el contrario, sostenía que la esencia del arte moderno era la ausencia de un modelo para copiar o de una realidad exterior que debía ser imitada. La influencia de Juan Battle Planas fue fundamental para Aizenberg. Al ser un artista inclasificable destacaba la importancia del surrealismo y el psicoanálisis, y ubicaba la pasión en el centro de la actividad del artista, con el fin de utilizar el automatismo energético como agente catalizador del inconsciente colectivo. Roberto Aizenberg murió en Buenos Aires el 16 de febrero de 1996, cuando preparaba una gran exposición retrospectiva de su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes.


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