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Es Octaviano Rebollar un violinista legendario del Estado de México

13/07/2009 06:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Todavía recuerda los regaños que de niño recibía de su padre cuando, al escucharlo ensayar el violín por las noches, le exigía que se callara y dejara dormir. De hecho, su tutor dudaba de que llegara a ser un gran músico; sin embargo, Octaviano Rebollar Losa le demostró lo contrario en poco tiempo, ganándose con esfuerzo el reconocimiento de quien le dio la vida. Este músico de 73 años de edad se ha convertido en una de esas leyendas vivientes de la música tradicional de Tierra Caliente. Sin embargo, ha sido en su tierra natal, San Martín Otzoloapan, Estado de México, donde más han germinado sus semillas como promotor de este género. Rebollar abre el baúl de los recuerdos para recordar aquellas anécdotas de la infancia que marcaron su vida como músico y que hoy lo convierten en uno de los participantes especiales dentro del IV Encuentro de Músicos y Bailadores de Tierra Caliente, que se desarrolló del 9 al 12 de julio, organizado por Conaculta. No obstante que nació en una cuna humilde, el arte musical siempre lo acompañó. Su padre tocaba una guitarra; mientras su madre cantaba. Vivir de cerca la música lo hizo pensar en ser violinista desde los 13 años de edad, decisión que en un principio no fue tomada tan en serio por su papá. "Tanto le insistía en querer ser violinista que me compró un instrumento de juguete. Yo lo trataba de rasgar pero nunca llegué a escuchar el sonido igual como el que provoca un original. Por fortuna, recuerdo que un día un músico me dijo que tenía un violín viejo y me lo regaló. Fue de los mejores días de mi vida. Estaba muy usado, pero yo traté de arreglarlo. Lo pinté, lo limpié y traté de afinarlo. Para mí, parecía como nuevo", dijo. Desde entonces ha sido un instrumento que lo ha acompañado toda su vida, desde su primeras presentaciones siendo adolescente y joven, hasta hoy que es líder del grupo Los Mensajeros del Sur, que son los embajadores de la música tradicional mexicana del Estado de México. La emoción de Rebollar por éste, que fue su primer violín, era tal que todas las noches se levantaba para tocarlo. No podía dormir pensando que tenía su propio instrumento que, mientras para la mayoría era una chatarra, para él era el violín más lindo que existía. Sigue Es Octaviano Rebollar. dos. existía. "Cuando me iba a la cama dormía un ratito, pero pronto me despertaba pensando en el violín. Me levantaba y lo empezaba a tocar. Me acuerdo que mi papá me gritaba, me decía que dejara en paz esa cochinada y que dejara de hacer ruido. Aunque fuera unos minutos me sentía contento de tocarlo", rememoró. "Mi papá pensaba que yo no me iba a enseñar. Creía que era algo pasajero, un gusto que se iba a pasar rapidito. Por fortuna, después de tres años de comenzar a tocarlo le demostré que sí podía. Antes de morir, me dijo que se sentía orgulloso de mí, que había pensado que no iba a poder, pero que lo hacía feliz irse sabiendo que había logrado mi sueño de ser violinista", añadió. La madre de Rebollar fue una gran cómplice de este emblemático artista. Recuerda que ella, y también una tía, se ponían a zapatear como una forma de acompañarlo durante sus horas de ensayo. "Nunca olvidaré cómo se sacaba sus huaraches para bailar al ritmo de la música que yo tocaba. Cuando nos visitaba mi tía Lupe, también se podía a bailar sin zapatos. Me motivaba mucho verlas a mi lado", recordó. De cinco hermanos que son, sólo él fue el que eligió el camino de la música. Con tono bromista, el violinista comenta que en algún momento, sus hermanos sintieron celos de los logros alcanzados: "Creo que hicieron medio berrinche de verme sobresalir, pero con el tiempo lo superaron. Así es la vida". Este violinista, que recientemente fue homenajeado en el Centro Nacional de las Artes en la Ciudad de México, ha combinado su pasión por la música con su labor como agricultor. Posee unas pequeñas tierras en Otzoloapan, donde cultiva maíz y frijol. Si bien no le han servido para sembrar en grandes cantidades y volverse comerciante, al menos le han permitido tener alimentos para llevarse a la boca. "La vida en provincia es muy difícil. Hay que trabajar mucho para comer. No me ha faltado nada, pero no ha sido sencillo seguir por este camino llamado vida. Sin embargo, me siento contento porque he hecho lo que he querido. La vida me ha bendecido al darme el don de hacer música, de seguir tocando el violín, con el que siempre soñé desde niño".


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