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Olvidan deudos a difuntos en cementerio de Cancún

01/11/2010 12:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el día de los pequeños difuntos, algunos dolientes se apuran a limpiar y pintar la tumba de sus seres queridos, otros ni siquiera se acuerdan de la fecha, pues hay osamentas expuestas en las tumbas derruidas del panteón municipal. En la entrada principal del camposanto hay policías, vendedores de flores, veladoras y brochetas de camarón asadas. También un grupo de niños con sus madres y tías, ofreciendo sus servicios para lavar y pintar los sepulcros de un panteón que en 1994 llegó a su tope y por eso dejó de recibir huéspedes eternos. A su lado tienen cubetas con agua y cajas de madera con vasos de cristal sucios, que ofrecerán a quienes se lo pidan para colocar veladoras. Hace 20 años que doña Paula Pila perdió a su hija María Eugenia. Por una fiebre perdió la vida cuando tenía 18 años. Desde su fallecimiento su madre se traslada de Peto, Yucatán, a Cancún, Quintana Roo, cada vez que sus recursos se lo permiten. De un celular acomodado en una de las tumbas de concreto brotan baladas, y la mujer observa como su sobrino da los últimos retoques al nombre de María Eugenia sobre el sepulcro recién pintado de azul celeste. Siempre sentirá el dolor por la pérdida de una de sus ocho hijos, pero ahora con los años dice sentirse bien y segura de que su hija está con Dios. Unos niños corretean por encima de las tumbas como si se tratara de un juego en cualquier parque. Sus risas rompen el peculiar silencio que suele reinar en los panteones e invitan a reflexionar sobre la vida y la muerte. No falta quien vaya a molestar a los muertos en el panteón municipal, dice Glendy Trejo. Vive cerca y desde hace unos 25 años llega al lugar para ofrecer sus servicios de lavado y pintado de tumbas, y por eso sabe de los hallazgos que “revelan maldad”. Gallinas negras degolladas y desangradas, huesos atados a las tumbas. Eso hacen los vivos a los que dice temer realmente, porque a los muertos no, ellos están descansando, “bueno por lo menos cuando algunos no tratan de perturbar su tranquilidad”. La mujer lamenta que haya gente que olvide a sus muertos, y refiere que no le gustaría que cuando muriera nadie la visitara, y es que ha observado que cada año son cada vez menos las personas que acuden al cementerio. Lamenta que tal pareciera que mucha gente cree que allí va a poner basura o cualquier otra cosa y se olvida, jamás regresan. María Angélica Rodríguez de León, de Veracruz, no tiene a nadie sepultado en el panteón municipal, pero llega en compañía de un amigo y su niña, como si estuviera visitando las sepulturas de sus padres y su esposo, allá en Xalapa. A su modo vive el Día de Muertos. Trejo y su sobrino Didier Ernesto Soberanis Rivero, un niño de 12 años, tratan de atraer clientes. Cobran 30, 50 y hasta 250 pesos, dependiendo del servicio requerido y el tamaño del mausoleo. Con una máscara de las utilizadas en la noche de Halloween, Didier sostiene que no le teme a la muerte, y sus primitos lo jalan de las manos para jugar en lo que un cliente se anima a contratarlos.


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