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Osciló poesía de Góngora entre brillantez y erudición de su verso

22/05/2012 03:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Luis de Góngora y Argote fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de oro, conocido por ser el máximo exponente de la llamada corriente del culteranismo o gongorismo, y considerado como el padre de toda una escuela de poesía posterior a su obra. Según sus biógrafos, nació en Córdoba, España, el 11 de julio de 1561 y fue el primogénito del matrimonio entre Francisco de Argote y Leonor de Góngora. El padre de Luis estudió en la Universidad de Salamanca y fue un gran erudito, que deseaba un camino similar al suyo para su hijo mayor. Información de “bibliotecacervantesvirtual.com”, señala que Góngora realizó sus primeros estudios en el Colegio de la Compañía de Jesús, desarrollando un profundo respeto por sus profesores jesuitas. Su talento innato, que sorprendió al historiador Ambrosio de Morales, llevó a su tío Francisco de Góngora a otorgarle los beneficios eclesiásticos que lo llevaron a ser clérigo a la temprana edad de 14 años, sin tener muy presente la vocación religiosa. Con la ayuda de su tío, Luis fue enviado a estudiar Derecho a Salamanca, donde se le ayudó con la manutención y la estancia en aquella ciudad, sin embargo, no hay registro de que obtuviera título alguno, ya que su carrera no era su mayor pasión. Durante esa estancia en Salamanca, la vocación de Góngora por las letras se reafirmó, convirtiéndose con su quehacer, en el poeta más renombrado de su época, quien recibió encargos del propio Miguel de Cervantes Saavedra. Tenía conocimientos de latín y leía italiano y portugués y se atrevió a escribir varios sonetos en estas lenguas. Sus primeras composiciones datan de 1580 y desde sus primeros versos demostró que era un poeta culto, con su dominio del léxico, las menciones mitológicas y las cuestiones estilísticas que utilizó con maestría. En ese tiempo, también escribió composiciones llenas de humor e ingenio, con un tono popular. Las personalidades de Góngora, la esotérica y la franca, coexistieron sin problema a lo largo de su vida, poniendo de manifiesto el ejercicio de poeta racional y el de las pasiones mundanas. En años posteriores, las obligaciones de Góngora se repartieron entre la poesía y sus quehaceres como clérigo, realizando viajes frecuentes a Palencia, Madrid, Cuenca y Valladolid, donde se relacionó con personajes nobles y obispos, al mismo tiempo que su salud se vio afectada considerablemente en cada viaje. A los 45 años, Góngora se estableció de nueva cuenta en Córdoba, teniendo como único objetivo encontrar un mecenas que pudiera situarlo de manera definitiva en el lugar de privilegio que anhelaba. Así, bajo la protección del Duque de Lerma y del Marqués de Siete Iglesias de esa época, fue nombrado capellán de honor del Rey Don Felipe III. En esa época comenzó una etapa de febril escritura. Para 1611 nombró encargado de su ración clerical a un sobrino suyo, lo que le permitió tener tiempo y libertad para encargarse de sus más grandes empresas literarias. Escribió la “Oda a la toma de Larache” y en 1613 el “Polifemo”, poema de octavas que parafrasea un pasaje mitológico de las “Metamorfosis de Ovidio”, tema tratado por su coterráneo Luis Carrillo y Sotomayor. El mismo año salió a la luz su creación más ambiciosa, “Soledades”, poema con el que desató gran polémica a causa de su oscuridad y afectación, creándole una gran legión de seguidores, los llamados poetas culteranos, entre los que destacaron Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el Conde de Villamediana, Sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas y Miguel Colodrero de Villalobos, entre otros. Tiempo después y luego de la fama que había alcanzando, se trasladó a Madrid con la esperanza de triunfar de manera definitiva, apoyado de su ingenio y talento, más no supo aprovechar del todo del favor que gozaba. Al poco tiempo, de acuerdo con el sitio “users.ipfw.edu”, el poeta sufrió de una enfermedad en la cabeza que lo hizo perder por completo la memoria, regresando así a su ciudad natal, donde murió el 23 de mayo de 1627. Su obra, que empezó con arte menor y que al poco tiempo abandonó por mayores extravagancias, rompió con moldes y se abrió nuevos caminos en terrenos inexplorados, que resultaron desconocidos sí, pero nunca imposibles. Las grandes escuelas realizaron interpretaciones críticas de la obra de Góngora, principalmente la francesa. Su poesía, de acuerdo con los expertos, se ha considerado como objeto delicado y difícil de degustar, no apta para todos los lectores. Y aunque no publicó sus obras, éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que posteriormente se seleccionaron y recopilaron en antologías publicadas algunas, sin su consentimiento. El único manuscrito reconocido es el llamado “Manuscrito Chacón”, copiado por Antonio Chacón, señor de Polvoranca, que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema, pero carece de las obras satíricas y vulgares. Otros títulos del español son piezas teatrales como “Las firmezas de Isabela” (1613), “La comedia venatoria” y “El doctor Carlino”, esta última inconclusa y terminada por Antonio de Solís; así como poemas titulados “Fábula de Píramo y Tisbe” (1618) y “Fábula de Polifemo y Galatea” (1612), por mencionar algunos.

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