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La OSN bajo la batuta de Prieto cautiva al público de Bellas Artes

09/09/2012 10:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Orquesta Sinfónica Nacional ---dirección artística, Carlos Miguel Prieto; violinista invitado, Joshua Bell --- presentó hoy, en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, su concierto 17 de la Temporada 2012. Programa con piezas de los americanos Aaron Copland (1900–1990) y Leonard Bernstein (1918–1990), del alemán Max Bruch (1838 – 1920) y del francés Maurice Ravel (1875–1937). Prólogo: Inicia la gala con “El Salón México”, de Copland, en justas proporciones de motivos melódicos/rítmicos de nuestro país, desde citas de “El palo verde”, “La Jesusita” o “El Mosco”. Conducción dinámica de Prieto y orquesta que se crece en la segunda parte con jaculatorias briosas de las referencias de la tradición musical mexicana. Sección percutiva en reverberante espíritu cadencioso. Apertura de una gala que humedeció el ardor del mediodía. Capítulo I. Leonard Bernstein y su conocido tema de la película “On the Waterfront” (“Nidos de ratas”) que la Sinfónica Nacional ejecuta con prosodia magistral en frondoso contrapunteo lenitivo y guiños de jazz y blues. Pasajes de gran fuerza visual y estrepitosa conclusión expresionista. Estupenda rememoración del compositor de la clásica “West Side Story”. En el intermedio la estudiante de viola Olga Marshal, asidua a estos conciertos, se acerca y me susurra: “La Orquesta está tocando como en los viejos tiempos: exactitud instrumental y acertada dirección de Prieto”. Capítulo II. Max Bruch es un compositor olvidado. En su época paso inadvertido entre sus contemporáneos. Nadie niega la belleza de su “Concierto núm. 1 para violín y orquesta (Preludio-Allegro moderato, Adagio, Allegro enérgico-presto) que el violinista estadunidense, Joshua Bell, asume en concordia concertina de virtuosismo impar. El Allegro energico-presto en prosodia de Paganini y empalme de cabales dibujos rítmicos. Tres salidas. Ponderaciones delirantes de la concurrencia. Los bravos repican en los doseles del recinto. Capítulo III. Turno de Maurice Ravel en una composición que transita por recodos de la música popular húngara: “Tzigane para violín y orquesta”. Entra Bell en enunciaciones totalmente gitanas hasta la entrada de la orquesta que subraya la jerga melódica/rítmica balcánica. Diez minutos que hacen vibrar los pabellones de la sala. Modulaciones paganinianas y resuelto halo impresionista y neoclásico. Cinco salidas que obligan al joven concertino a un encore, fuera de programa: versión de una pieza tradicional del folclor norteamericano con apremiantes pizzicatos y habla de resuelta tributación a Paganini. El mediodía se fulminó en acordes y lucernas. La velada que brindó hoy la Orquesta Sinfónica Nacional será recordada como una de las mejores de la Temporada de Conciertos 2012 en el Palacio de Bellas Artes.


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