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El caso del padre Alberto Cutié, un serio retroceso en las relaciones ecuménicas

30/05/2009 00:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El arzobispo de Miami, monseñor John C. Favalora, afirmó que el caso del Padre Alberto representa un serio retroceso en las relaciones ecuménicas que abre más las heridas de la división entre las Iglesias al haber sido aceptado al seno del episcopalianismo

No había opinado sobre el caso Cutié. Me parecía un circo de los medios que sólo hacían escándalo sobre un cura actor y bien posicionado en los mass media a quien, desde mucho tiempo atrás, se le debería haber puesto un alto por su incursión en el mundo de los reflectores, del buen vestir, de la frivolidad, de la vanidad y de la superstición usando el estado clerical como promoción personal.

Su falta a la promesa de celibato es consecuencia de los errores mismos de los superiores que no le señalaron los límites sobre su actuar. Apantallados por el reflejo de las luces que apuntaron a su estrella, dejaron que siguiera en su pantomima del cura carismático y sacerdote consentido de la farándula. Lo del celibato sería lo de menos, aunque se quiso hacer lo de más al poner a la Iglesia como inhumana con quienes tienen “prohibido amar a una mujer”. Ahora, el caso que ha acaparado la atención de la sección de chismes va a otro nivel tensando las relaciones ecuménicas entre dos comunidades que coexisten en una tierra donde el catolicismo no es mayoría.

Cutié podría rayar en el cisma. Es sabido que sus seguidores lo apoyan incondicionalmente en su “lucha” por el derecho de amar que es sólo la punta del iceberg del caso. Ahora puede conjugar su deseo. Sin embargo, al dejar la Iglesia, ¿podría representar la partida de sus fans católicos al episcopalianismo? Ya la diócesis Episcopaliana que lo ha adoptado orgullosamente ha anunciado la predicación de Cutié el 31 de mayo, otro hit y más dólares al bolsillo del flamante anglicano por la exclusiva que mantendrá la atención de las autoridades de la Iglesia de Miami, ahora previniendo la deserción de los fieles siguiendo al sacerdote que renunció no sólo a su celibato sino a ser cristocéntrico.

El circo de Alberto Cutié llegó lejos. Su aceptación en el anglicanismo provocó la decepción de quien fuera su obispo, Mons. John C, Favalora quien mostró su indignación, tristeza y hasta coraje por la “falta de respeto” y cortesía demostrada por el obispo Leo Frade, cabeza de la diócesis episcopaliana del Sureste de la Florida. Al conocerse la noticia de la aceptación de Cutié al seno del episcopalianismo-anglicanismo, el arzobispado de Miami se apresuró a publicar la declaración del pastor decepcionado que afirma la “excomunión” del rebelde y la ilicitud de sus acciones sacerdotales pero recordando enfáticamente que “se encuentra obligado por su promesa de vivir una vida célibe” que sólo puede ser dispensada por el Santo Padre. Evidentemente esto ya no le preocupa a Alberto Cutié quien ahora, después de una preparación, podría ser clérigo en la Iglesia episcopaliana con el apoyo de todos sus amigos que representan el poder y la frivolidad de Miami.

La declaración del arzobispo Favalora destaca sobre el caso:

1.- Cutié se separa por sí mismo de la Iglesia católica al profesar una fe y moral erróneas y rehusar la sumisión al Santo Padre estando impedido para enseñar y predicar sobre la fe y la moral católicas.

2.- Los católicos no pueden solicitar de él la administración de los sacramentos; al hacerlo estarían incurriendo en un hecho ilícito.

3.- El cura de la farándula no puede ser justificado por sus obras. Al abandonar la Iglesia, abandonó y, en cierta forma, traicionó a sus fieles creando una división en la comunidad ecuménica y en la comunidad en general. A juicio del arzobispo, las heridas de la división se intensifican.

4.- Cutié habría ocultado al arzobispo la intención de pasar a la Iglesia episcopal. El obispo Leo Frade, al haber recibido al cura renegado, estaría actuando en la descortesía y el respeto que representaría “un serio retroceso en las relaciones ecuménicas y la cooperación entre las Iglesias.

5.- De esta forma, monseñor Favalora llama al padre Alberto a recapacitar y regresar a casa, a la Iglesia católica, a la manera del hijo pródigo.

6.- Finalmente, el prelado alaba, de nuevo, las bondades del celibato haciendo elogio de los “sacerdotes de la Arquidiócesis de Miami, y a todos los sacerdotes que viven y cumplen con fidelidad su promesa del celibato. Por su fidelidad a dicha promesa, reflejan con mayor claridad para el mundo al Cristo cuya entrega absoluta de sí mismo al Padre fue el amor puro y casto por sus hermanos y hermanas. En estos tiempos de tanta preocupación por el sexo, el don del celibato representa aún más un signo del Reino de Dios…”

La declaración del arzobispo John C. Favalora fue publicada en el sitio del arzobispado de Miami:

ARZOBISPADO DE MIAMI / 28 de mayo

Me siento sinceramente decepcionado con el anuncio hecho en esta tarde por el Padre Alberto Cutié de que se une a la Iglesia Episcopal.

De acuerdo a nuestro derecho canónico, con esta acción, el Padre Cutié se separa a sí mismo de la comunión de la Iglesia Católica Romana (c. 1364, 1) al profesar fe y morales erróneas, y rehusar la sumisión al Santo Padre (canon 751). También se separa del ejercicio de las órdenes sagradas como sacerdote (cánones 1041 y 1044, 1), deja de tener las facultades de la Arquidiócesis de Miami para celebrar los sacramentos, y tampoco puede predicar o enseñar sobre la fe y la moral católicas (canon 1336, 1). Sus acciones pueden llevarle a ser separado del estado clerical.

Los católicos no pueden solicitar del Padre Alberto la administración de los sacramentos; al hacerlo estarían incurriendo en un hecho ilícito

Esto significa que el Padre Cutié se destituye a sí mismo de la completa comunión con la Iglesia Católica y, por lo tanto, pierde sus derechos como clérigo. Los católicos romanos no pueden solicitarle los sacramentos al Padre Cutié. Cualquier intento de su parte para administrar los sacramentos sería ilícito. Cualquier misa que celebre sería válida, pero ilícita, pues no reúne los requisitos para que un católico cumpla con su obligación. El Padre Cutié no puede oficiar matrimonios válidos de católicos romanos en la Arquidiócesis de Miami, o en cualquier otro lugar.

El Padre Cutié aún se encuentra obligado por su promesa de vivir una vida célibe, la cual él asumió con absoluta libertad en la ordenación. Sólo el Santo Padre puede dispensarle de dicha obligación.

A los fieles católicos de la parroquia Saint Francis de Sales, Radio Paz, y a toda la Arquidiócesis de Miami, vuelvo a decirles que las acciones del Padre Cutié no pueden ser justificadas a pesar de sus buenas obras como sacerdote (declaración del 5 de mayo de 2009). Esto cobra mayor veracidad a la luz de las declaraciones de hoy. El Padre Cutié habrá abandonado la Iglesia Católica, les habrá abandonado a ustedes, pero yo les reitero que la Iglesia Católica jamás les abandonará. La Arquidiócesis de Miami está aquí para ustedes.

Las acciones del Padre Cutié han causado gran escándalo dentro de la Iglesia Católica, han hecho daño a la Arquidiócesis de Miami—especialmente a nuestros sacerdotes—y han creado una división dentro de la comunidad ecuménica y la comunidad en general. El anuncio del día de hoy sólo intensifica dichas heridas.

Cuando el Padre Cutié se reunió conmigo el 5 de mayo, solicitó, y le concedí, una licencia del ministerio sacerdotal. Debido a esto, él no podía continuar como administrador de la parroquia Saint Francis de Sales o como director general de Radio Paz. Por el bien de la Iglesia, y con el fin de evitar un frenesí en los medios de comunicación, opté por no imponerle públicamente una penalidad eclesiástica, aunque sus acciones la justificaban. Desde aquella reunión, no he vuelto a saber del Padre Cutié, y él tampoco ha solicitado reunirse conmigo. El nunca me dijo que estaba considerando unirse a la Iglesia Episcopal.

También debo expresar mi sincera decepción con la manera en que el obispo Leo Frade, de la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida, ha tratado esta situación. El obispo Frade nunca ha hablado conmigo sobre su posición ante tan delicado asunto, o sobre las acciones que consideraba. Sólo escuché de él a través de los medios de comunicación locales. Esto representa un serio retroceso en las relaciones ecuménicas y la cooperación entre nosotros. La Arquidiócesis de Miami nunca ha hecho alarde público cuando, por razones doctrinales, los sacerdotes episcopales se han unido a la Iglesia Católica y buscan ser ordenados. De hecho, hacerlo violaría los principios de la Iglesia Católica sobre las relaciones ecuménicas. Lamento que el obispo Frade no me concediera, ni a la comunidad católica, la misma cortesía y respeto.

Durante mis casi 50 años de sacerdocio, he predicado con frecuencia sobre la parábola del Hijo Pródigo, que en realidad debería llamarse la parábola del Padre Misericordioso (Lucas 15, 11-32). La historia que hizo el Señor hace tanto tiempo, podría ser aplicada a nuestras discusiones en esta tarde.

Un padre tenía dos hijos. Uno de ellos tomó su herencia por anticipado y dejó el hogar, gastando el dinero como quiso. El padre esperó con paciencia por el regreso de su hijo pródigo quien, tras darse cuenta del error cometido, se arrepintió y regresó al hogar. A su llegada, el padre lo abrazó con amor y lo llamó su hijo. Oro para que el Padre Cutié “recapacite” (Lucas 15, 17) y regrese a casa. La Iglesia Católica busca la conversión y la salvación de los pecadores, no su condena. Esa es mi postura ante el Padre Cutié.Sin embargo, no podemos olvidar que había dos hijos en la historia del Señor. El otro hijo, que nunca abandonó el hogar, sintió enojo ante la bienvenida que el padre le dio a su hermano pecador. A todos los fieles católicos les digo lo que el padre expresó a su segundo hijo: “tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo; pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida” (Lucas 15, 31-32).

En esta hermosa parábola, Jesús nos enseña que Dios es un padre amoroso y misericordioso. Cada uno ha experimentado ese amor, cada uno necesita ese perdón, pues todos somos pecadores. Si nuestro hermano regresa al hogar, celebremos con el Padre.

Para concluir, elogio y rindo homenaje a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Miami, y a todos los sacerdotes que viven y cumplen con fidelidad su promesa del celibato. Por su fidelidad a dicha promesa, reflejan con mayor claridad para el mundo al Cristo cuya entrega absoluta de sí mismo al Padre fue el amor puro y casto por sus hermanos y hermanas. En estos tiempos de tanta preocupación por el sexo, el don del celibato representa aún más un signo del Reino de Dios donde, como dicen las Escrituras, no hay “matrimonio ni dándose en matrimonio” (Mateo 22, 30). Exhorto a todos los católicos a apoyar y a orar por nuestros entregados sacerdotes.

Monseñor John C. Favalora

Arzobispo de Miami


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