22:47 (16-05-2012)

Pakistán, el país donde la mujer siempre tiene la culpa

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Desde la infancia, las mujeres aprenden que el hombre tiene derecho a golpearlas y a maltratarlas. Se consideran como propiedad del marido

Sor Nazreen Daniels, religiosa de la Orden de las Hermanas de Loreto, es una mujer culta: nacida en Pakistán, se doctoró en Holanda. En su patria, desarrolla actualmente su labor a favor y en defensa de las mujeres que han sufrido violencia, en la diócesis de Faisalabad.

Recientemente acudió a mí una muchacha de 13 años que había sufrido una violación y estaba ya en el quinto mes de embarazo”, relata sor Nazreen, a quien se le nota cómo le afecta la suerte de cada una de las personas. Kiden —como se llama la muchacha— trabajaba limpiando las casas de otras familias: el trabajo infantil es un tema aparte. Un buen día la llamaron a servir en una casa; uno de los hijos de la familia la violó. Esto sucedió en diversas ocasiones y al final quedó embarazada. “Sólo cuando estaba ya en el quinto mes, nos lo confió. Nos ocupamos de la muchacha, la llevamos a un médico y a una psicóloga”. Cuando nació su hijo, la madre de 13 años sufrió un nuevo golpe del destino: el bebé murió. “¿Qué futuro tiene una muchacha que ha sido violada? Quizá se pueda casar con un viejo”, dice sor Nazreen.

Otra muchacha violada, de la que se ocupó no hace mucho, sólo tenía 8 años. En una sociedad donde la virginidad desempeña un papel muy importante, esas muchachas han acabado su vida antes de haberla comenzado. “Aún hoy se siguen exhibiendo públicamente las sábanas con la mancha de sangre; si resulta que la novia no era virgen, es devuelta a su familia”.

Las víctimas de una violación no pueden esperar justicia alguna. Se necesitan varios testigos oculares para probar una violación; pero naturalmente que esos delitos no se cometen en público. Por lo tanto, la mujer no tiene ninguna oportunidad. ¿Cómo podría probar que dice la verdad?”, pregunta indignada la religiosa.

Frecuentemente se chantajea a las víctimas con la Ley contra la blasfemia. Se les dice: “O te callas o decimos que has injuriado al Profeta”. Como todo el mundo sabe que las injurias contra el Islam se castigan en Pakistán con cadena perpetua, o incluso con la pena capital, por eso las víctimas se callan.

En cualquier caso, la mujer siempre tiene la culpa: tiene la culpa cuando es violada, y también tiene la culpa si en su matrimonio no tiene hijos. A nadie se le ocurre que también el hombre puede ser estéril. “Si una mujer no queda embarazada, el marido toma una segunda mujer; la primera esposa es tratada en la casa como una esclava”, refiere la religiosa, que incluso conoce un caso en el que la esposa tenía que compartir el establo con los animales; durante años, nadie habló con ella.

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Además, cada año son asesinadas en Pakistán unas mil mujeres en nombre del “matrimonio”. En muchos casos se les efectúan mutilaciones: a las mujeres se les corta la nariz o se les quema el rostro con ácido, porque por ejemplo han rechazado un matrimonio o se han enamorado de alguien no deseado.

La violencia doméstica es más bien la regla que la excepción. Sobre esto no existen datos fiables, porque es algo que sucede de puertas adentro; pero sor Nazreen declara al respecto: “Desde la infancia, las mujeres aprenden que el hombre tiene derecho a golpearlas y a maltratarlas. Se consideran como propiedad del marido; si el marido les da de beber, beben; si no les da nada, pasan sed. A veces les pregunto: “¿Qué piensan?” Me responden: “Hermana, ¡no pensamos!”.

En la casa-refugio para mujeres de Faisalabad, que cuenta con el apoyo de “Ayuda a la Iglesia Necesitada” (AIN), hay un cartel que dice: “Luchamos contra la violación. No le enseñes a nadie tu hombro desnudo”. Sor Nazreen sabe demasiado bien cómo miran los hombres a las mujeres en Pakistán: “Las violan con los ojos”, dice de modo gráfico. En realidad, unos centímetros de piel femenina a la vista no debería considerarse como una invitación a la violación; pero todavía hay un largo camino hasta que los hombres lo comprendan en esta sociedad. Hasta entonces, las mujeres deben protegerse tapándose y no ir, en lo posible, a ningún sitio solas, lo que además las protege de ser secuestradas, un peligro al que también están expuestas las mujeres. En algunas regiones, incluso las religiosas llevan velos en el rostro.

El creciente extremismo en la sociedad pakistaní amenaza con quitarles lo único que han conseguido hasta ahora las mujeres. El obispo de Faisalabad, monseñor Joseph Coutts, comentó a AIN: “Para los extremistas islamistas, la educación de la mujer es una espina que tienen clavada. En el noroeste del país ya han cometido docenas de atentados a escuelas femeninas, para impedir que las muchachas acudan a la escuela y para lograr que se queden en casa”.

En Pakistán es sobre todo la Iglesia católica la que actúa en pro de la dignidad de la mujer. Escuelas para chicas, cursos de costura para mujeres en los barrios pobres de las ciudades, ayudas concretas para las víctimas de violaciones, pero también la difusión de la conciencia de que la mujer es una persona creada por Dios con una dignidad propia: todo esto lo hace la Iglesia.

Por su parte “Ayuda a la Iglesia Necesitada” apoya a la Iglesia católica en Pakistán de muy diversos modos; la asociación católica internacional ayuda además a las religiosas pakistaníes poniendo a su disposición vehículos para que no tengan que llegar a pie o en medios públicos de transportes hasta donde viven los más pobres de los pobres, pues es algo sumamente peligroso: cada día se exponen al peligro de ser importunadas, atacadas, violadas o secuestradas.

Fuente: Http://www.aica.org/

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Autor: Crisalida Perenne (73 noticias)

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