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Palabra que es cierto

26/05/2009 20:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Fue un día del invierno del 2001, en las montañas nevadas de una comarca conocida como "La Avecilla"

Era ya entrada la tarde. Esta notablemente agotado. Había caminado por espacio de cuatro horas por un caminillo cubierto de grava suelta y semiarropado por arbustos y malezas que me habían ocasionado profundas heridas en las plantas de los pies que amenazaban con dejarme postrado, en espera que alguien llegara a auxiliarme. Sin embargo, esa vereda era poco transitada y ante lo cual era muy remota la posibilidad de que tal cosa sucediera. Pero esa es la esperanza que todos alimentamos cuando nos encontramos en una situación difícil, de esas que nos impulsan a reflexionar y a hacernos la pregunta ¿Porqué yo? Confieso que me sentía atrapado en una soledad espantosa, y no era para menos, el aire helado laceraba la piel y las sombras de la noche empezaban a invadirlo todo.

Confieso que siempre he sentido temor a la oscuridad, algo así como si su llegada fuera el momento esperado por los fantasmas de la noche para traspasar el umbral de lo desconocido y confundirse, como en un renacimiento de lo intangible con lo tangible, y sembrar el temor entre los medrosos que nos resistimos a aceptar que somos pasajeros en tránsito permanente hacia un lugar jamás encontrado. Esos entes me han perseguido desde siempre. En ocasiones les miro meciéndose en los columpios del tiempo y de la vida, siempre sonrientes, como si estuvieran en espera de un acompañante.

Me encontraba exhausto. Me hacía falta el aire. Estaba deshecho.

En tanto, a lo lejos se escuchaba el quejido de los lobos, los ruidos ocasionales de las aves y el de los animales que buscaban en donde guarecerse.

Vi como brotaba una nube de luz que tomaba forma como de mujer

Sin embargo, tenía conciencia que las siguientes horas serían difíciles. No traía ni un cerillo para prender una fogata, ni contaba con un abrigo para protegerme, si acaso me acompañaba un bulto de periódicos, quizá ya leidos muchas veces, pero que podrían hacer de cama y de cobijo.

La noche cayó. Lúgubre se volvió el paisaje. El cansancio, las heridas, la sed y el hambre me hicieron presa y empecé a dormitar, con cara de espanto e invadido por los escalofríos. Fue en uno de esos instantes cuando, a unos cuantos metros de mí, observé como de la nada brotaba y se expandía un nube de luz que fue tomando una forma como de mujer. No sentí miedo, porque este ya me había rebasado, pero si se que en aquella nube brillante como un sol había algo. Escuché un murmullo, como el agua corriente por un riachuelo, y distinguí claramente en aquellos ropajes etereos la mirada penetrante y devoradora proveniente de unos ojos azulescomo el mar, y después alcance a observar unas manos claras y transparentes que me invitaban a compartir una caricia. Un viento suave cubrió mi cuerpo y como un lirón me quedé dormido. Otro día al despertar me encontré rejuvenecido, sin heridas y el agotamiento ido. Caminé y caminé y cuando el Sol se encontraba en su cenit, estaba llegando al pueblo con una paz y tranquilidad interior que me ha acompañado desde entonces.

Me han preguntado que sucedió aquella noche y solo he atinado a decir: los fantasmas de la noche me han enseñado que la vida es corta y que hay que vivirla a plenitud.


Sobre esta noticia

Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
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