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Panistas condenan a mujeres al estilo musulmán

16/08/2010 13:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Partido de Acción Nacional, las leyes y la cultura de Guanajuato, México, condenan a más de treinta mujeres a 29 años de prisión por interrumpir su embarazo

Después del 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos, se hizo un llamado masivo a los musulmanes para que reflexionaran sobre su religión y cultura. Los musulmanes reaccionaron con indignación porque se generalizaba el comportamiento criminal de 19 jóvenes radicales con la comunidad. Pero el mundo no hizo caso de la indignación y la comunidad musulmana quedó etiquetada de ‘ indeseable’ para la democracia y la paz del mundo.

El Islam está dominado por una moral sexual, la cual se basa en los valores tribales de los tiempos de Mahoma. Este profeta que recibe los consejos para crear una cultura en la que las mujeres son propiedad de los padres, de los hermanos, tíos, abuelos, tutores. La dignidad y valía de la mujer se reduce al himen. Los velos en los rostros femeninos recuerdan al mundo exterior, a los kafires, que los musulmanes varones son dueños absolutos de sus mujeres.

Esta moral sexual es perfectamente compatible con la que el gobierno panista en Guanajuato obliga a sus mujeres a seguir. Los musulmanes dividen el mundo en dos: los musulmanes y los kafires (los que no son musulmanes). Estos últimos, son calificados por ellos de asociales, bárbaros, no circuncidados, inmorales, desalmados, y sobre todo obscenos: los kafires, dicen, son irrespetuosos con las mujeres, homosexuales algunos, y adúlteros otros. Por ello, el sometimiento de la mujer es un dogma del Profeta Mahoma y es preservado con arraigada lealtad por las nuevas generaciones de varones.

Nada de esto le es ajeno al panismo guanajuatense cuando de juzgar a sus mujeres se trata. Si éstas deciden sobre su sexualidad con libertad, la juzgan de prostitutas. Si deciden interrumpir su embarazo, son encarceladas. Si deciden no seguir los principios católicos y las misas matutinas, son traidoras, hijas de luzbel. En nombre del ‘ Estado’ y de ‘ Dios’ se les dicta condenas fundamentalistas a estas féminas que, libre retadoras, deciden su vida y sobre su cuerpo al margen de los preceptos panistas. Y en ello no hay gobierno federal que intervenga, no hay autoridad internacional que se interese por restablecer los mínimos garantes de justicia y protección para las mujeres que tuvieron el infortunio de verse gobernadas por panistas al estilo musulmán.

Hace falta de nuevo un llamado masivo para que los panistas reflexionen sobre sus leyes, religión y su cultura, de lo contrario serán la nueva cara de los indeseables para la paz de las mujeres

Para estas mujeres, el camino al infierno está pavimentado por los buenos propósitos de los panistas varones para que vuelvan a la coherencia de los valores católicos y apostólicos. Sin embargo, para el mundo pensante, sensato y occidental se trata de sexismo, en su acepción más pura.

Pero el trasfondo del asunto no queda ahí. Pues llama la atención que mientras en México se desata la indignación generalizada contra una guerra absurda promovida por el expresidente Bush y por su contraparte Calderón, surjan en medio de ejecuciones y ráfagas, estas desafiantes injusticias sexistas. Los mismos que señalan con el índice en alto las graves faltas de estas mujeres ante sus acuerdos leguleyos con sello oficial, son los mismos que disfrutan del alcohol, de las mujeres non sanctas, de los polvos mágicos para ‘ aguantar’ las arduas jornadas que pongan ‘ orden y progreso’ al pueblo. Llama la atención que en medio de un tiroteo mediático internacional, incluso, surja en el corazón del machismo religioso un afán provocador de desviar la atención de Ciudad Juárez y Tamaulipas.

A estas mujeres condenadas por ejercer su derecho a decidir, el mundo no las puede dejar a la suerte de las decisiones de unos cuantos panistas con rostro musulmán que coyunturalmente les tocó estar detrás del escritorio burócrata. Hace falta de nuevo un llamado masivo para que los panistas reflexionen sobre sus leyes, religión y su cultura, de lo contrario serán la nueva cara de los indeseables para la paz de las mujeres. Porque, además, si estas mujeres, pierden la lucha por su libertad, la perdemos todos, porque en ello va el gran menosprecio del siglo: los valores que construyen la democracia real.


Sobre esta noticia

Autor:
Guadalupe Lizárraga (28 noticias)
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