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Pasajes detrás del escritorio

22/03/2012 13:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageY en los universos inexistentes e imaginarios…

1. El yugo

Ese día salió radiante de la entrevista. Antes de terminar la carrera ya tenía empleo; la puerta de inicio al periodismo deportivo, su sueño, se abrió. Afuera del edificio del periódico, ella lo esperaba. La abrazó, le dio la buena nueva y se fundieron en un beso prometedor. Las ilusiones de él, basadas en construir un camino junto a la "mujer de su vida", fueron comprendidas por ella al momento.

"Ya con el trabajo y con el semestre que me falta podremos vivir juntos ahora sí, ¡casarnos!", le dijo él. A ella le gustó escucharlo, aunque también abogó por su causa: "Te recuerdo que también a mí me falta un semestre y todavía no tengo trabajo. Pero me encanta tu idea". Futuros viajes, entrevistas a jugadores, una jefatura y renombre fueron los temas abordados durante el festejo fragmentado en una cena y en la cama.

Han pasado tres años de aquellas palabras y la realidad es distinta. Ella es una prominente ejecutiva enamorada de un hombre que si bien no es "lindo" ni "tierno" sabe que soñar es cuestión de un instante y no una condena eterna.

¿Y él? Sigue como redactor de noticias en el periódico. Todavía espera a que vuelva, todavía le duele. Atrapado en su escritorio y en su deseo de reinventar el periodismo escrito ignora estar sometido al cumplimiento de órdenes. No tiene voz ni voto. No se ha dado cuenta de que ya no es un estudiante, sino un simple redactor inexistente para el mundo. Sin embargo él quiere mantener intacto el sueño del porvenir junto a ella. Los más felices con él son sus jefes: mientras obedezca y siga sin esforzarse por abrir los ojos todo está perfecto.

2. Sentir

El temblor asustó y movilizó a todos. Eduardo no daba crédito a que el sismo le tocara justo cuando hacía del baño. "Solamente a mí me pasan estas cosas". Salió del sanitario y al acercarse a las escaleras escuchó un llanto estrujante, un lamento que no era de pánico. Provenía del baño de mujeres y él fue hacia allá. No tocó la puerta, entró. Ahí estaba Susana, la jefa, llore y llore mirándose al espejo.

"Tenemos que salir del edificio, está temblando muy fuerte", dijo Eduardo. "¿Te parezco fea? ¿Me ves como una mujer inservible?", le preguntó Susana. Él no entendía a qué venían esos cuestionamientos en pleno temblor. Además se sintió incómodo de que surgieran en pleno baño de damas y que fueran expresados por la jefa, una fémina de rostro hermoso y cuerpo deseable. "No, para nada. Ni es fea ni inservible. Salgamos de aquí", le respondió Eduardo.

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"Soy una puta, ¿sabes? Sí, una puta que no le importa a nadie y que se ha ganado el puesto dando las nalgas", expresó ella. Le contó cómo tuvo que acostarse con directivos del periódico, futbolistas y representantes para poder llegar a la jefatura. Ya estaba harta de ser la editora de deportes. Eduardo simplemente la invitó a salir del baño. Ella se negó: "Tú vete. Déjame aquí sola, si pasa algo grave sería un alivio".

Eduardo no le hizo caso. No iba a dejar sola a la jefa ni a la mujer que le dio su primera oportunidad laboral, además de que él la concebía como una maestra, pues sin que ella lo supiera Susana le inculcó el respeto al lector con ortografía y redacción impecables. "No me iré. Si nos toca matarile que nos toque a los dos".

El temblor había pasado. Todo quedó en susto. Los evacuados aprovecharon para irse a tomar un café o distraerse antes de volver al trabajo. Susana y Eduardo se quedaron en el baño y él le prometió que lo escuchado se quedaría entre ellos dos. Le secó las lágrimas y la acompañó hasta su oficina antes de volver a su escritorio.

En los días posteriores, dos para ser exactos, Eduardo dejó una rosa sobre el escritorio de la jefa. Al verla, Susana lo mandó llamar para despedirlo. Sí, lo corrió. Lo echó con una buena indemnización y una poderosa carta de recomendación que él aprovechó. Eduardo ahora es jefe de contenidos del área de deportes de una cadena de televisión.

¿Y Susana? Desde hace cinco años, semana tras semana, su tumba cuenta con ramos de rosas. Cada ocho días, Eduardo le deposita las flores y le expresa su gratitud. Aún tiene presente las palabras que ella le dijo cuando lo despidió: "No mereces embarrarte de esta mierda. Eres más que un redactor y tienes talento para esto. En tu rubro, el fútbol, hay muchos como yo, pero hace falta gente como tú. Me escuchaste y no me juzgaste. Si en el fútbol aprendiéramos a sentir y a no juzgar por juzgar sabríamos que su belleza es la esencia, el balón. Lo mismo pasa con las personas y tú me diste en unos segundos la dignidad que no he podido encontrar en mi vida".

Meses después del temblor, ella se quitó la vida. Y Eduardo tampoco la juzgó. Entendió que una mujer como la jefa, que luchaba por ser y se prestaba a ser usada para sentirse viva, no aguantaría más.

En la actualidad, Eduardo tiene su fórmula para contratar gente. A los aspirantes les pregunta sobre la vida y les pide que se explayen. Si el entrevistado reduce su discurso a trivialidades, formalidades o presunciones les da la gracias por participar. Pero si se sueltan sin temor les da la bienvenida. "El fútbol es como la vida, sin esencia no sirve", es su lema.


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elbuenfutbol.com
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