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Son las pastorelas una arraigada tradición en el pueblo mexicano

14/12/2011 02:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

México es un país de tradiciones y una de las más arraigadas del mes de diciembre es la representación de las pastorelas, que tienen como argumento central las vicisitudes que debe enfrentar un grupo de pastores para arribar a Belén y adorar al Niño Jesús, ante las tentaciones que pone Lucifer. Esta lucha entre el bien y el mal, entre el cristianismo y los siete pecados, los falsos dioses, fue un arma ideal que utilizó la Iglesia católica para adoctrinar a los pueblos autóctonos en las primeras décadas de la colonización de la Nueva España y que posteriormente tomó carta de naturalización en México. Los sacerdotes aprovecharon la profunda religiosidad que tenían los pueblos nativos, mismos que utilizaban una serie de representaciones como un medio frecuente para adorar a sus divinidades, así como para facilitar la comprensión de su mitología entre su gente. El origen de las pastorelas se remonta a la época medieval, etapa en la que se les conocía con el nombre de Autos Sacramentales, que tenían como fundamento diversos pasajes bíblicos. Algunos de ellos son los de Adán y Eva en el Paraíso, la Anunciación del Señor o el Domingo de Ramos, entre otros. Para el caso de México el más conocido es el “Auto de los Reyes Magos”, que fue escenificado en náhuatl, y marca la línea de lo que se denomina Teatro Evangelizador Franciscano, el cual tuvo su auge en el siglo XVI. Durante el virreinato, las órdenes religiosas aprovecharon la fuerte tradición teatral de la cultura náhuatl, como fue el caso de los jesuitas, llegados en 1572, quienes ejercieron una gran influencia en la educación del pueblo y fueron unos de los mayores promotores de esta manifestación teatral y religiosa. No existen datos precisos sobre cuál fue la primera pastorela que se haya representado en México. Para algunos investigadores fue en Zapotlán, Jalisco, que tiene como anécdota una batalla entre el arcángel San Miguel y Lucifer, en lengua indígena. Sin embargo, para finales del siglo XVII y hasta la actualidad, las pastorelas cambian la forma de contar las historias, sin perder su esencia. Como modalidad teatral, la pastorela surgió a partir de que José Joaquín Fernández de Lizardi, El pensador mexicano, quien escribió en el siglo XIX “La noche más venturosa”, primera pastorela que se representó en un escenario con actores profesionales y un lenguaje culto. Desde entonces, este género dramático se ha representado en época navideña en los teatros mexicanos y, a pesar de que ha sufrido indudables transformaciones, aún conserva un contenido y una estructura más o menos permanente, cuyo tema central sigue siendo el nacimiento y la adoración del niño Dios, e incorpora algunos personajes nuevos. En la representación tradicional son representados fundamentalmente: los pastores (llámense Bato, Brasy o Gila, entre otros); los demonios (Lucifer); San Miguel, José, María, el Niño Jesús y un ermitaño. Personajes a los que se les han agregado una serie de cantos y música tradicionales que le dan un sello particular a las pastorelas de cada región, estado o pueblo, sin olvidar las danzas y otras manifestaciones populares. En ellas, hay cantos, caminatas, diálogos entre diablos y pastores, la lucha entre San Miguel y Lucifer, la adoración de los pastores, el ofrecimiento de regalos y la despedida. Sin embargo, en la actualidad no es raro presenciar propuestas en las que Lucifer es cambiado en su imagen, más no en sus intenciones, como puede ser el “Tío Sam” (figura emblemática de Estados Unidos) o de algún político mexicano o de alguien considerado como un terrorista en el ámbito internacional. Los que representan al pueblo (pastores) también han adquirido otro tipo de identificación, y de fieles que acuden a adorar al Niño Dios en Belén han pasado a representar a grupos explotados o víctimas de la delincuencia organizada, por ejemplo. Inclusive, en México grupos de la comunidad gay han elaborado sus propias temáticas, donde, por citar un caso, Lucifer tienta a las lesbianas a vestirse como mujeres y buscar novios masculinos. Cabe señalar que la trama de muchas pastorelas ha ido pasando de generación en generación a través de la tradición oral. Entre otras, se conoce la de Metepec en el Estado de México, la de Tepotzotlán en Puebla y la del Altillo en la ciudad de México. Lo que no es cuestionable es que este género se ha afianzado en el gusto del pueblo, a la vez que se ha convertido en un buen pretexto para poner en juego creatividad e ingenio, y reflejar la realidad social por medio de una tradición cultural como la Navidad. Y es tal la tradición en el país de este arte escénico que, inclusive, por ejemplo se lleva a cabo un concurso anual de pastorelas penitenciarias. En este caso el jurado se traslada a los centros de reclusión para ver las puestas en escena y dictar su fallo. Los organizadores entregan el reconocimiento a los reclusos en las cárceles donde cumplen sus condenas. Cabe anotar que estos cambios en la estructura y personajes no son nuevos, pues ya durante el siglo XVIII hubo persecución por parte de la Santa Inquisición hacia aquellos que se valieron de las pastorelas para difundir las injusticias que se cometían en contra del pueblo. Igualmente, en la época de la Independencia también fueron utilizadas como medio para protestar contra la religiosidad opresora que ejercía la Iglesia. En la últimas décadas en México, el dramaturgo, director y productor Miguel Sabido es uno de los promotores contemporáneos que más ha luchado para conservar esta tradición y su representación en Tepotzotlán ha alzando fama internacional. Por ello, son miles los que cada año asisten a dicha población del Estado de México, donde se encuentra el Museo Nacional del Virreinato, para disfruta en un marco de alegría y festejo los acontecimientos que dieron lugar al nacimiento del Niño Jesús. En algunas partes de la República Mexicana es frecuente que al término de la representación, la compañía responsable del montaje ofrezca al público alguna bebida caliente (atole, chocolate o café) acompañada de deliciosos tamales. En algunos casos se rompe una piñata y los que más gozan son los infantes.


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