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Patear por dignidad

10/01/2012 01:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, los regímenes de Europa del Este se inscribieron en una crisis política, económica e ideológica. Yugoslavia era uno de los convulsionados países.

Durante la década de los 80′s ascendieron los comportamientos nacionalistas en toda la región balcánica. Ya las ideas secesionistas habían dado una muestra, por ejemplo, con los movimientos albaneses en Kosovo.

Dentro de aquel escenario, las repúblicas más prósperas de Yugoslavia, es decir, Eslovenia y Croacia, comenzaron a maquinar la idea de independizarse, así como de establecer dentro de sus territorios un sistema político más occidental. La República de Serbia, gobernada por Slobodan Milo?evi?, se aferraba a mantener el sistema de partido único comunista para toda la federación.

Ya para esas alturas, el Ejército Popular de Yugoslavia vivía un proceso total de transformación, pues dejó de ser multinacional y se conformó casi totalmente por serbios.

Había entonces dos pensamientos encontrados. Toda esa agitación, como no podía ser de otra manera, exacerbó aún más los sentimientos nacionalistas de cada república.

En marzo de 1989 la situación se agravó. Había elecciones federales en puerta y Serbia había hecho todo para controlar la mayoría de los ocho votos, compuestos por seis miembros de las repúblicas y dos de provincias autónomas. El gobierno de Serbia, es decir, Milo?evi?, tenía control sobre Kosovo, Vojvodina, Montenegro y Bosnia-Herzegovina. Las esperanzas de eslovenos y croatas para decidir sobre sus propios destinos, estaban canceladas.

El 20 de enero de 1990 se llevó a cabo el XIV Congreso Extraordinario de la Liga Comunista de Yugoslavia. Ahí las delegaciones de todas las repúblicas exhibieron las diferencias en cuanto a cómo debía gobernarse el cada vez más desintegrado país. La delegación croata demandó una federación menos centralizada. La de Serbia, claro, se oponía rotundamente. Eslovenos y croatas se retiraron del lugar.

Los gobiernos de Eslovenia y Croacia no esperaron más y convocaron a elecciones libres poco tiempo después. La primera se llevó a cabo el 22 de abril y la segunda el 6 de mayo, siempre hablando de 1990. Existían ya varios partidos políticos en Croacia. El más fuerte de ellos era el Hrvatska Demokratska Zajednica (HDZ), traducido como Unión Democrática Croata. Su líder fue Franjo Tudjman, y basó su campaña en un discurso antiyugoslavo, antiserbio y pro independentista. Tudjman resultó ganador.

El nuevo gobierno croata rápido anunció su intención por aprobar una nueva constitución. Tudjman además optó por usar iconografía nacionalista croata, casi toda recuperada de los movimientos que, durante la Segunda Guerra Mundial, fueron responsables de la desaparición de 100 mil serbios. Para alimentar con leña el fuego, el recién llegado presidente declaró en público sentirse congratulado de que su mujer no fuera ‘ni serbia ni judía’.

Y entre toda esa tensión, el 13 de mayo, apenas una semana después de las elecciones croatas y del triunfo de Tudjman, debía disputarse por la liga el gran clásico yugoslavo: Dínamo Zagreb-Estrella Roja de Belgrado. No hace falta agregar que dicho partido, en cualquier época y momento, ya de por sí significaba un choque de alto riesgo. Esa ocasión en específico, equivalía a una guerra.

imageCon el equipo de Belgrado viajaron 3 mil ultras hacia Zagreb, entre ellos Zeljko Ranatovic, quien años después sería un matón líder de los paramilitares serbios que practicaban la llamada limpieza étnica. Los Delije se hacían llamar (Héroes). En el Maksimir Stadion ya los esperaban más de 6 mil ultras de los Blue Bad Boys, la barra del Dínamo, que estaba formada por muchos jóvenes que después se unirían a los paramilitares croatas.

El ambiente tenía en alerta máxima a la Militia, policía conformada, para colmo, por serbios.

Los cantos ya presagiaban lo que venía. De un lado se escuchaba el himno croata; del otro consignas como ‘Zagreb es Serbia’ y ‘Mataremos a Tudjman’.

Corrían 15 minutos del partido cuando se rompió la primera valla. Los hinchas croatas del Dínamo se volcaron contra los del Estrella Roja serbio. Bombas y estruendos se oían por todos los frentes. Asientos y carteles eran proyectiles que volaban por toda la tribuna. Luego irrumpieron los gases lacrimógenos. La policía arremetió, principalmente, contra los seguidores del Zagreb. Tumultos, gritos, heridos por arma blanca… pero de manera tan afortunada como inexplicable, ningún muerto. El combate se alargó por más de una hora.

En medio del tenebroso caos fue donde surgió esta escena imborrable. Mientras los futbolistas de ambos equipos huían hacia los vestidores, un policía golpeaba con rabiosa macana a un hincha del Dínamo. Zvonimir Boban, capitán del equipo con apenas 21 años de edad, se lanzó contra el oficial y lo atacó con una patada voladora. La imagen se transmitió en vivo a toda la región y quedó marcada como un símbolo de dignidad del pueblo croata.

Tiempo después el policía, que dijo ser bosnio musulmán, perdonó públicamente al jugador, quien fue castigado y suspendido seis meses del fútbol. Dicha sanción le impidió jugar el Mundial de Italia 1990 con, lo que son las cosas, la todavía Selección de Yugoslavia.

El mismo Boban, tras el incidente, declaró: ‘Ahí estaba, un personaje público dispuesto a sacrificar su vida, su carrera y toda la fama que pude haber creado, todo por un ideal, una causa, la causa croata’.

No había marcha atrás, el incidente encerrado en el mundo del fútbol era la llamita del inevitable fuego que vendría después, la guerra más cruda en continente europeo desde la Segunda Guerra Mundial. El conflicto duró de 1991 a 1995, dejó más de 30 mil muertos, 3 mil desaparecidos y casi medio millón de desplazados.

Afuera del estadio Maksimir se puede leer una placa que dice: ‘A los aficionados del equipo, que sobre este terreno de juego empezaron la guerra contra Serbia el 13 de mayo de 1990″.

Años más tarde Boban ganaría absolutamente todo con el AC Milan, donde fue un figurón que todo futbolero debe recordar con gusto. Además, como capitán y número 10 en la camiseta, conseguió llevar a Croacia al histórico tercer lugar del Mundial Francia 1998.


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elbuenfutbol.com
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