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Pedro Salinas: los mejores versos a su amante

29/05/2014 10:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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image El gran poeta del amor en español dirigía sus versos en secreto a su amante, la profesora Katherine Whitmore. Cincuenta años después de su muerte fueron publicadas las apasionadas cartas que le dirigió. Poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y crítico. Nació el 27 de noviembre de 1891 en Madrid, murió en 1951 en Boston, EEUU. Su cuerpo yace en Puerto Rico. Profesor en diversas universidades (La Sorbona, Sevilla, Cambridge), al estallar la guerra civil se exilia y trabaja en EEUU y Puerto Rico. Publicó su primer libro, Presagios (1924), bajo influencia de Juan Ramón Jiménez. Luego fueron llegando Seguro azar (1929) y Fábula y signo (1931) dentro de una línea de indagación. La voz a ti debida (1933), título tomado de Garcilaso, es su obra capital. Razón de amor (1936) es un libro lleno de pasión e inquietud. La trilogía, que según especialistas le convierte en el mejor autor español de la llamada poesía pura, se cierra con Largo lamento (1939). Reunió su obra anterior en el volumen Poesía junta (1942). Confianza es un libro póstumo (1952) donde recupera el intimismo de su primera época. Fue autor también de narraciones en prosa, una novela y obras de teatro poco representadas, así como escribió estudios sobre Jorge Manrique y Rubén Darío.

He de aclarar que el gran poema "Aquí, en esta orilla blanca" lo atribuí erróneamente a Luis Cernuda en una entrada de este blog el 2 de octubre de 2012.

Aquí, en esta orilla blanca

Aquí, En esta orilla blanca

Del lecho donde duermes,

Estoy al borde mismo

De tu sueño. Si diera

Un paso más, caería

En sus ondas, rompiéndolo

Como un cristal. Me sube

El calor de tu sueño

Hasta el rostro. Tu hálito

Te mide la andadura

Del soñar: va despacio.

Un soplo alterno, leve,

Me entrega ese tesoro

Exactamente: el ritmo

De tu vivir soñando.

Miro. Veo la estofa

De que está hecho tu sueño.

La tienes sobre el cuerpo

Como coraza ingrávida.

Te cerca de respeto.

A tu virgen te vuelves

Toda entera, desnuda,

Cuando te vas al sueño.

En la orilla se paran

Las ansias y los besos:

Esperan, ya sin prisa,

A que abriendo los ojos

Renuncies a tu ser

Invulnerable. Busco

Tu sueño. Con mi alma

Doblada sobre ti

Las miradas recorren,

Traslúcida, tu carne

Y apartan dulcemente

Las señas corporales

Por ver si hallan detrás

Las formas de tu sueño.

No lo encuentran. Y entonces

Pienso en tu sueño. Quiero

Descifrarlo. Las cifras

No sirven, no es secreto.

Es sueño y no misterio.

Y de pronto, en el alto

Silencio de la noche,

Un soñar mío empieza

Al borde de tu cuerpo;

En él el tuyo siento.

Tú dormida, yo en vela,

Hacíamos lo mismo.

No había qué buscar:

Tu sueño era mi sueño.

El alma tenías tan clara y abierta El alma tenías

Tan clara y abierta,

Que yo nunca pude

Entrarme en tu alma.

Busqué los atajos

Angostos, los pasos

Altos y difíciles,

A tu alma se iba

Por caminos anchos.

Preparé alta escala

-Soñaba altos muros

Guardándote el alma-

Pero el alma tuya

Estaba sin guarda

De tapial ni cerca.

Te busqué la puerta

Estrecha del alma,

Pero no tenía,

De franca que era,

Entradas tu alma.

¿En dónde empezaba?

¿Acababa, en dónde?

Me quedé por siempre

Más sobre

Sentado en las vagas

Lindes de tu alma.

Anoche se me ha perdido

Anoche se me ha perdido En la arena de la playa

Un recuerdo

Dorado, viejo y menudo

Como un granito de arena.

¡Paciencia! La noche es corta.

Iré a buscarlo mañana

Pero tengo miedo de esos

Remolinos nocherniegos

Que se llevan en su grupa

¡Dios sabe adónde!, la arena

Menudita de la playa.

Ayer te besé en los labios

Ayer te besé en los labios. Te besé en los labios. Densos,

Rojos. Fue un beso tan corto

Que duró más que un relámpago,

Que un milagro, más.

El tiempo,

Después de dártelo

No lo quise para nada

Ya, para nada

Lo había querido antes.

Se empezó en él, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;

Estoy solo con mis labios.

Los pongo

No en tu boca, no, ya no

-¿A dónde se me ha escapado?-

Los pongo

En el beso que te di

Ayer, en las bocas juntas

Del beso que se besaron.

Y dura este beso más

Que el silencio, que la luz.

Porque ya no es una carne

Ni una boca lo que beso,

Que se escapa, que me huye.

No.

Te estoy besando más lejos.

La forma de querer tú

La forma de querer tú Es dejarme que te quiera.

El sí con que te me rindes

Es el silencio. Tus besos

Son ofrecerme los labios

Para que los bese yo.

Jamás palabras, abrazos,

Me dirán que tú existías,

Que me quisiste: jamás.

Me lo dicen hojas blancas,

Mapas, augurios, teléfonos;

Tú, no.

Y estoy abrazado a ti

Sin preguntarte, de miedo

A que no sea verdad

Que tú vives y me quieres.

Y estoy abrazado a ti

Sin mirar y sin tocarte.

No vaya a ser que descubra

Con preguntas, con caricias,

Esa soledad inmensa

De quererte sólo yo.

De mirarte tanto y tanto

De mirarte tanto y tanto,

De horizonte a la arena,

Despacio,

Del caracol al celaje,

Brillo a brillo, pasmo a pasmo,

Te he dado nombre; los ojos

Te lo encontraron, mirándote.

Por las noches,

Soñando que te miraba,

Al abrigo de los párpados

Maduró, sin yo saberlo,

Este nombre tan redondo

Que hoy me descendió a los labios.

Y lo dicen asombrados

De lo tarde que lo dicen.

¡Si era fatal el llamártelo!

¡Si antes de la voz, ya estaba

En el silencio tan claro!

¡Si tú has sido para mí,

Desde el día

Que mis ojos te estrenaron,

El contemplado, el constante

Contemplado!


Sobre esta noticia

Autor:
John Miller (1081 noticias)
Fuente:
blogdeleonbarreto.blogspot.com
Visitas:
4087
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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