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Pensar la guerra: notas a propósito de la obra de von Clausewitz

15/04/2018 19:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Introducción: una concepción materialista de la guerra

A modo de introducción queremos dejar en claro contra quienes va dirigido el artículo ¿Quienes son nuestros enemigos? Aquellos que conciben a la guerra desde parámetros idealistas, desde un pacifismo fundamentalista. El acto de la guerra supone un desafío racional que debe encararse desde una concepción filosófica y materialista. A continuación se enumeran tres errores que entendemos típicos de una concepción idealista:

El primer error es ver a la guerra como un acto aberrante que tarde o temprano será erradicado de la faz de la tierra. Idealismo puro. De hecho, podemos definir a los momentos de paz como estadios entre dos guerras. El peligro de quedar envuelto en una guerra es siempre latente y más sencillo de lo que parece. Recordemos que no es necesario declarar una guerra para terminar en ella, a veces es un agente externo, o interno, quien nos la declara y debemos decidir. La guerra es la madre de la historia.

El segundo error es ver a la guerra como un acto irracional. No es cosa de bárbaros como creía Kant. Nada más alejado de la realidad: son los Estados más racionales los que ejercen la guerra, y más aún, son los más racionales los que tienen ventaja a la hora del triunfo.

También es un error definir a la guerra como un acto "incomprensible". Que un conjunto de Estados ataque a otro Estado por objetivos netamente económicos, como ser el control de una ruta comercial, por ejemplo, no tiene nada de "incomprensible". Nada mas entendible, comprensible y racional que una guerra desatada por intereses económicos. Está en juego la producción, distribución y consumo de la energía que hace mover al mundo ¿Les parece poco? El orden capitalista mundial se asienta sobre las bases de la guerra, guerra que articula la política de los Imperios desde su aparición. Que estemos sentados escribiendo en una computadora o mirando el celular solo es posible porque hay un orden sobre la producción y el comercio que se sostiene a través de la guerra.

 

Algunas notas sobre la obra de von Clausewitz

En el año 2005 apareció una edición completa, la primera versión íntegra en español de De la Guerra, del general Carl von Clausewitz (1780-1831). A nuestro juicio es éste un gran acontecimiento editorial que ha pasado desapercibido para muchos. El pacifismo fundamentalista que impera en el mundo hace que dirijamos nuestra atención a esta obra clásica de filosofía política o de filosofía de la guerra enfocada desde una perspectiva realista y que nos ayuda a entenderla dentro de una filosofía materialista.

Como bien afirma Raymond Aron: "La guerra es de todos los tiempos históricos y de todas las civilizaciones." Por lo tanto, es un fenómeno político y social fundamental, central en el análisis de lo político y del Estado. Diremos que la guerra es la madre de la historia. Será bueno entonces leer a Clausewitz para estar esclarecido y tener un juicio correcto acerca de la guerra y de la paz. Clausewitch nos aleja de cualquier concepción idealista de la guerra. Podemos decir sin temor a equivocarnos que si pretendemos construir una filosofía materialista de la guerra no podemos prescindir de la obra de Clausewitz. Como bien dice Julien Freund, pareciera que Clausewitz haya captado la esencia eterna de la guerra.

Clausewitz nos advierte de que "El capítulo primero del Libro Primero es el único que considero completo; hará por lo menos al conjunto el servicio de indicar la dirección que quería mantener en todo el texto". De todos modos, en el resto de su obra encontramos indicaciones y análisis valiosos y pertinentes para entender lo que es la guerra.

Para empezar, la guerra es lucha, es combate. "La guerra no es más que un combate singular ampliado." Se trata de obligar al adversario o enemigo a obedecer nuestra voluntad utilizando la violencia o la fuerza. "La guerra es pues un acto de violencia para obligar al contrario a hacer nuestra voluntad". El enfoque teórico empleado por Clausewitz es el enfoque típico del realismo político. La violencia física tiene una tendencia intrínseca y hay que decir que es connatural a la guerra, el ascender a los extremos. En la guerra la bondad sobra, está de más. En la guerra y en la política hay que ser estrictamente realistas. Hay que saber luchar y combatir por todos los medios que estén a nuestro alcance. "Las almas filantrópicas podrían fácilmente pensar que hay una manera artificial de desarmar o derrotar al adversario sin causar demasiadas heridas, y que esa es la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por bien que suene esto, hay que destruir semejante error, porque en cosas tan peligrosas como la guerra, aquellos errores que surgen de la bondad son justamente los peores porque peligra la existencia propia por sobre la del adversario. Dado que el uso de la violencia física en todo su alcance no excluye en modo alguno la participación de la inteligencia, aquel que se sirve de esa violencia sin reparar en sangre tendrá que tener ventaja si el adversario no lo hace. Con eso marca la ley para el otro, y así ambos ascienden hasta el extremo sin que haya más barrera que la correlación de fuerzas inherente." Por esta razón, Clausewitz afirma que "No queremos saber nada de generales que vencen sin sangre humana."  Hay que dejar fuera las consideraciones sentimentales si queremos pensar la guerra con rigor. "Así es como hay que ver esta cuestión, y es una aspiración inútil, incluso falsa, dejar fuera de consideración la naturaleza de un elemento por repugnancia ante su su crudeza." Por lo tanto, la guerra es un acto de violencia y esta violencia no tiene límites. Cada uno al usar su violencia contra el otro, determina de alguna manera la violencia recíproca. Clausewitz define la ascensión a los extremos por una triple acción recíproca: "Así pues, repetimos nuestra frase: la guerra es un acto de violencia, y no hay límites en la aplicación de la misma; cada uno marca la ley al otro, surge una relación mutua que, por su concepto, tiene que conducir al extremo. Esta es la primera interacción y el primer extremo con el que topamos."Mientras no he derrotado al adversario, tengo que temer que me derrote, no soy por tanto dueño de mí mismo, sino que él me marca la ley igual que yo se la marco a él. Ésta es la segunda interacción, que conduce al segundo extremo." "Si queremos derrotar al adversario, tenemos que medir nuestro esfuerzo por su capacidad de resistencia; ésta se expresa por un producto cuyos factores son inseparables, y que es: el tamaño de los recursos existentes y la fuerza de voluntad."

El objetivo de la guerra es dejar indefenso al enemigo. Hay que dejar al enemigo incapaz de recuperarse de las ofensas recibidas. Por eso la peor situación del enemigo es la indefensión total. El objetivo de la guerra es la derrota del enemigo. La guerra tiene como objetivo la aniquilación del enemigo, la ruina de su potencia.

La guerra es la continuación de la política por otros medios. "Vemos pues que la guerra no es sólo un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación del tráfico político, una ejecución del mismo por otros medios Lo que sigue siendo peculiar de la guerra se refiere tan sólo a la naturaleza singular de sus medios. El arte militar en su conjunto, y el general al mando en cada caso concreto, pueden exigir que las direcciones e intenciones de la política no entren en contradicción con esos medios, y probablemente esa pretensión no sea pequeña; pero, por mucho que influya en algún caso sobre las intenciones políticas, siempre habrá de pensarse tan sólo como una modificación de las mismas, porque la intención política es el fin, la guerra el medio, y nunca puede pensarse el medio sin el fin."

La guerra es un acto político, es política. Es un instrumento político, de la política del Estado. Al ser la guerra directamente un acto político, expresa, a decir de Julien Freund, la realidad fundamental de la política, a saber, la dominación del hombre por el hombre. Por eso Clausewitz insiste siempre en la importancia del mando político y militar. Como la guerra es un medio político para obtener objetivos políticos, nunca constituye un fin en sí mismo. Por eso los políticos no deben estar sometidos a los militares, sino justamente a la inversa. La guerra no es algo autónomo y separado de lo político. Es política. Es una forma de hacer política con otros medios, el combate, la fuerza, la violencia.

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Además, la guerra es como un juego en el que interviene el azar. "Sólo falta pues el azar para convertirla en juego y es de lo que menos carece".

Vemos pues lo mucho que la naturaleza objetiva de la guerra la convierte en un cálculo de probabilidades: solamente hace falta un elemento para convertirla en juego, y sin duda no carece de ese elemento: es el azar. No hay ninguna actividad humana que esté tan constante y generalmente en contacto con el azar como la guerra. "Pero el azar, ocupa gran espacio en ella la incertidumbre, y con ella la suerte".

Pero además, no sólo desde un punto de vista objetivo la guerra es juego. También ocurre que lo es desde un punto de vista subjetivo.

Como la guerra es un acto político, "no tenemos que pensar la guerra como una cosa autónoma, sino como un instrumento político". Por eso las guerras se distinguen entre sí por los fines políticos que persiguen. Si la política se caracteriza como dijo Carl Schmitt por la distinción entre el amigo y el enemigo, podemos decir que la guerra y la paz son las situaciones más típicas de la dialéctica de amigo y enemigo. A decir verdad, como vamos viendo, no hay mucho que añadir al análisis teórico que Clausewitz hizo de la guerra. No hay muchos datos esenciales que añadir a tal análisis.

La guerra es una trinidad de 1) violencia (odio y enemistad), 2) azar y 3) instrumento político. "Así que la guerra no sólo es un auténtico camaleón, porque en cada caso concreto modifica en algo su naturaleza, sino que además, en lo que respecta a sus manifestaciones globales, en relación con las tendencias que en ella predominan, es una fantástica trinidad compuesta de la violencia originaria de su elemento, el odio y la enemistad –que han de considerarse un ciego instinto elemental–, del juego de las probabilidades y del azar –que la convierten en una libre actividad del espíritu– y de su naturaleza subordinada de herramienta política, que la hace caer dentro del mero entendimiento. La primera de esas tres caras está vuelta hacia el pueblo, la segunda más hacia el general y la tercera más hacia el Gobierno".

El objetivo de la guerra es, como se ha señalado más arriba, la aniquilación de las fuerzas armadas del enemigo. Aniquilación del enemigo significa que las fuerzas del enemigo deben ser incapaces de proseguir la lucha. "En el combate, toda la actividad está orientada a la aniquilación del adversario, o más bien de sus fuerzas armadas, porque está dentro de su concepto mismo; la aniquilación de las fuerzas enemigas es por tanto siempre el medio para alcanzar el fin del combate".

El general es como el político y el filósofo. Su actividad es una actividad de segundo grado que presupone la existencia previa de otras actividades humanas. "El general no tiene por qué ser ni un erudito estadista ni historiador ni publicista, pero tiene que estar familiarizado con la vida superior del Estado, las orientaciones implantadas, los intereses suscitados, las cuestiones pendientes, y conocer y valorar correctamente a las personas que actúan en ella; no necesita ser un fino observador del ser humano, ni un sutil disecador del carácter humano, pero tiene que conocer el carácter, la forma de pensar y costumbres, los peculiares defectos y ventajas de aquellos a los que ha de mandar".

Kant había afirmado años antes que el comercio era una vía hacia la paz perpetua. Clausewitz coincide en ello con Kant. Por eso la guerra tiene efectos saludables sobre la moral política del pueblo. La paz perpetua no es deseable, tendría consecuencias nefastas para la moral política y para la potencia del Estado. "Ahora bien, en nuestros tiempos apenas hay otro medio de elevar el espíritu del pueblo en este sentido que precisamente la guerra, y la audaz dirección de la misma. Sólo con ella se puede contrarrestar esa blandura del ánimo, esa tendencia a esa confortable sensación a la que se somete un pueblo que goza de un creciente bienestar y de una elevada actividad del comercio".

"Sólo cuando el carácter del pueblo y la costumbre de la guerra se sustentan mutuamente en constante interrelación puede un pueblo esperar tener un puesto asentado en el mundo político".

Hemos visto cómo la guerra implica la ascensión a los extremos. Sin embargo, en realidad las cosas son distintas. Clausewitz distingue entre guerra absoluta y guerra real.

Cuando la guerra se hace verdadera guerra, tanto más destaca la decisión, la batalla decisiva que decide el curso de la guerra en un sentido u otro. "Cuanto más se convierte la guerra en verdadera guerra, cuanto más se convierte en liquidación del enemigo, en odio, en mutua superación, tanto más se reúne toda la actividad en sangrienta batalla, y con tanto más fuerza se destaca la batalla principal".

La "guerra absoluta" es la guerra en la cual se asciende a los extremos sin restricción alguna. La guerra absoluta está entregada a la pura violencia.

«En la forma absoluta de la guerra, donde todo ocurre por razones necesarias, todo se ensambla con rapidez, donde no hay, si puede decirse así, espacios intermedios neutrales y sin esencia, sólo hay, debido a las múltiples interacciones que la guerra encierra en sí, debido a la cohesión que, en sentido estricto, guarda toda la sie de combates sucesivos, debido al punto culminante de cada victoria, más allá del cual se entra en el ámbito de las pérdidas y derrotas, debido a todas estas circunstancias naturales de la guerra, digo, sólo hay un éxito, y es el éxito final.»{19}

Cuando hay una guerra entre dos Estados, la política obstaculiza el movimiento ascensional hacia los extremos. Entonces los beligerantes renuncian a llegar al extremo. Esta es la guerra llamada por Clausewitz, «guerra real». Muy raras son las guerras que llegan a ser guerras absolutas. Cuando tiene lugar una guerra absoluta, hay coincidencia entre el objetivo militar y el político y la guerra absorbe a la política, al contrario de lo que ocurre en las guerras reales, en las que la política absorbe a la guerra. La guerra absoluta es la guerra en sí y para sí, con su propia lógica interna inmanente e independiente de lo político. La guerra absoluta designa el concepto de guerra considerado en sí mismo independientemente de todo lo demás y enfocada desde un punto de vista exclusivamente militar. La guerra real es la guerra tal y como se ha desenvuelto realmente en la historia.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Rodrigo Aznar (11 noticias)
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