×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×

Américo ValadezMiembro desde: 04/07/09

Américo Valadez

http://www.worldphoto.org/profile/92955/

0
Posición en el Ranking
0
Usuarios seguidores
Sus noticias
RSS
  • Visitas
    629.527
  • Publicadas
    80
  • Puntos
    0
Veces compartidas
152
¡Consigue las insignias!
Trimestrales
Recientes
Visitas a noticias
30/09/2022

Contando cosas de verdadera verdad, tuve un vecino tan de alta y noble estirpe, que yo o los demás, núnca fuimos digno de su serenícima atención

                                                                                                                                                                              

Contando cosas de verdadera verdad, tuve un vecino tan de alta y noble estirpe, que yo o los

demás, núnca fuimos digno de su serenícima atención. Un ser de inalcanzable prosapia, que era

fácilmente perdonada y considerada su mala educación, como mera pecatta minuta.

Era un verdadero Sol (intanguible, altivo e inexpugnable).

Más que un simple mortal a primera vista; más que un víl y vulgar hombre robusto y calvo,

sin nada mejor que hacer; más que un fanfarrón que no merece que el mundo existiera sólo para

si mismo; y más que un mero y excéntrico vecino con sus respectivas exigencias jerárquicas. Por

dentro, era un dios novel e inmaduro, a quien le faltara menos de un grado para ser elevado a

divino verbo terrenal. Y -como veremos más tarde-, el serle impuesta aquí la vocación de ángel

de la guarda interino. Un ángel exterminador en turno.

Tal era así su trance terrenal, por esperar el puesto que él debería ocupar en lo espiritual. El

puesto del ser omnipresente; pero al estar ocupado tal escaño por el Altísimo en persona, tendría

que esperar dos o más eternidades a que tan importante Señor, lo dejase ahí, coronarle y ponerlo

entre las estrellas infinitas.

Por labia de alguien que el dicho dios consideraba, sino su igual, por lo menos un hombre de

cierta importancia y confidente, supe la única cosa de éste ídolo, y es que es considerado

indispensable en su lugar de trabajo; en una importante e indispensable (también) fábrica de

vajillas y baterías de cocina de mediana alcurnia. Tal así era él en dicho jornal, que si él faltara

un día por necesidad o capricho, tal ingenio manofacturero tentría que cerrar sus puertas por

dicho período de ausencia del ya Dios Inacabado.

¿Y si él renunciase?

¡No, no y no! ¡Inaudito! ¡¡¡IMPENSABLE…!!!

Ya no existiría tal fábrica.

En consecuencia, el caos en cocinas de altos manteles o sencillos pininos hogareños sería

imparable. ¡Todo el mundo moriría de inanición por éllo! La pandemia sería un juego de verbena

a comparación de ésto. La gente caería en la calle como moscas.

¿Qué decir de las sobras de tales menús inexistentes? Los perros, gatos y otras mascotas

callejeras o familiares protestarían. Y sería la chispas suficiente para iniciar un motín social de

proporciones bíblicas.

(¡Bueno…! Sé que exagero. Pero, síganme la corriente.)

Y todo, por la falta de tales inmundicias extras de las dietas bestiaras, a causa de la escacés

de tales acharros simplones.

Era imposible que él nunca dimitiera.

Y si así lo hiciese (por suerte nuestra), alrededor suyo crecería milagrósamente, una nueva

industria de trastos cerámicos y cacerolas de acero inoxidable y esmaltados. Incluida con dueños,

directivos, jefes, proveedores, subordinados, conserjes y hasta aguadores; ya que la primitiva

fábrica terminaría hundiéndose en sus cimientos como inútil ingenio sin sentido en este mundo,

hasta desaparecer en sus propios recuerdos. Recuerdos que se antoja en un olvido más.

Aun más…

Después de cada jornal, aquel ídolo inconcluso era consultado -cual rezos necios de acólicos

a un templo-, por medios electrónicos modernos, análogos, telegramas, chismógrafos, bolas

mágicas, avioncillos de papel, oráculos helénicos, ouijas, tarot, y hasta con señales de humo;

para que resolviera un dilema productivo, y que con sus hábiles consejos sapienses, que ningún

mortal dentro y fuera de dicho ingenio podría resolver ni en un millón de años; él, con su ser

iluminado, resolviese en una sola llamada de un paquete ilimitado de $100.

Su voz y su consejo eran escuchado como un estruendo en cada rincón del vecindario. Voz

tan potente qué si no fuera por la diminuta labia de su interlocutor, no hubiera sido necesario usar

"¡Lo tomaré en cuenta en mis próximas pesquicias!"

dicho teléfono para lograr ser comunicados entre sí. Con sólo gritarlo ambos a los cuatro vientos

hubiera sido suficiente.

Tan diminuta era la voz de los acongojados y sufridos subordinados en dicha desgracia

técnica que, por un minuto, uno pensaría que sólo lo platicaba con el propio teléfono o en su

fantasía infinita. ¡Pero no! Son blasfemias simplonas. Son injurias paganas, confabuladas por

atéos en contra de su crédo a si mismo.

A él, si lo consultan hasta en sus sueños.

En sus ratos de ocio de este dios en potencia, se ha de dedicar a espiar a los que a su

alrededor evolucionan, no como un mero morbo de motales y patanes (como se dijo al principio),

sino como un oficio temporal y entretenido para la llegada del verdadero puesto único que su

realeza ocuparía.

Por aquí, fotografía a la vecina que se nuestra invisible con su terso e inmoral traje de Eva,

quien descuidadamente lo luce por su ventana. Acá, imortaliza gráficamente con un click, el

descuido y desorden de sus vecinos contiguos. Y allá, retrata en clichés inquisititos los llanos

errores y excesos infantiles de los que habitan tal edificio que a él se le ha encomendado

extraoficialmente; en lugar de vivir en comunión con todos los antes mencionados, por ser llana

ocupación esta de seres inferiores.

Pero dichos actos diligentes tienen un claro objetivo: el de poder poner al tanto al

Todopoderoso a quien él conoce su número telefónico personal (al propietario mismo de tal

edificación), y así pueda ver él la mediocridad y suciedad de este puñado de mortales que lo

pueblan. Que a su razón, son seres impíos y ruines sin lugar ahí o en el mundo civilazado.

Toda la inmundicia humana expuesta y condenada a los santos pero infernales castigos

eternos. Esto es por su bien y santa salvación.

Y de aquel propietario de semejante prosapia a la de él, quien lo consecuenta, resolviéndole a

tal deidad, con un: "¡Lo tomaré en cuenta en mis próximas pesquicias!"

Actos próximos, que bien se sabe, serían tan frecuentes como la visita del comenta de Haley

a este mundo.

Así mismo, el Dios Inacabado lo hace con sus subordinados para con jefes y dueños

manofactureros.

Pero con resultados más inmediatos y tajántes que el del comenta de Haley.

No lo prejuzguen de falso profeta (tampoco me culpen a mi de esquilmador por quererlo

defender con vehemencia ante ustedes), ¿ya qué resulta ser un dios viviendo y conviviendo entre

individuos de baja realeza? ¡No!

No puede ser un dios por más inacabado que sea; dirían entre ustedes.

Esto lo hace por una poderosa y comprensible justificación en su vida terrenal. De jóven (lo

fué en algún punto cualquiera de su divina existencia), se involucró ingenuamente con el más

terrible, inhumano y ambicioso demonio que la faz terrestre conociera: su esposa (hoy su ex).

Una mujer cruel e incomprensible que se vanagloria por haberle despojando de cuanta

propiedad mundana logró a su lado. Vivir así de incognito, para evitar que tal poder demoníaco

le heche el guante a él, y a lo que aun logra posee. Y todo por el insignificante deséo divino de

ver y poseer a cuantas mortales considera digna de él.

Teniendo que vivir escondido en el anonimato, sólo manteniendo un viejo auto (él le dice:

automovíl clásico); su ocupación laboral como hombre clave en la industria de trastos y

cacharros domésticos; y con la única mujer mortal, que toma a ratos con él su destino proscrito.

Mujer venida de las muy nobles y muy simples tierras del Bajío.

(¿Tal vez sea la única que comparta junto con el Dios Inacabado?)

El Dios Inacabado, sigue su altísima labor de ángel exterminador de ocasión, por el gusto de

esperar dos, tres o más infinitos tiempos, su perfecto reino entre nosotros los seres defectuosos,

como únicos subditos suyos.

Gobernándonos, no para que alcancemos su perfección inmaculada, sino para que le

reconozcamos y alavemos su única pureza omnisapiente.

                                                                                                                                                  ¡Te rogamos Señor...!

¡Palabra de él mismo!

 Texto y Fotos: Américo Valadez.

Más recientes de Américo Valadez

Las Próximas Aventuras del Capitán Fece-Man (El Superhéroe Supervillano) VI

Las Próximas Aventuras del Capitán Fece-Man (El Superhéroe Supervillano) VI

Infinito tiempo finito: el Continuom Espacio-Tiempo.- Los recuerdos vívidos ya vividos: A merced de un Bucle Temporal 12/02/2022

Mostrando: 1-5 de 58