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Hace 2d

Rusia, China, Estados Unidos y Reino Unido. Todos compiten en esta carrera de ultra velocidad para conseguir algo único en la historia de la humanidad en un tiempo récord: la vacuna contra la COVID-19

 

Algo que es una necesidad primaria en estos momentos de incertidumbre y desconfianza total hacia la ciencia y sobre todo, porque el panorama es sombrío por el número de muertos y daños colaterales que ha dejado esta pandemia sin precedente.

En ese sentido, estos participantes si bien tienen un nivel avanzado de desarrollo tecnológico y científico, que los avala como para ser los líderes en esta carrera biotecnológica, también tienen gobiernos o gobernantes que se destacan por ser polémicos, líderes poco ortodoxos y que han llegado o se han mantenido en el poder (en el caso de Putin y Xi Jinping) con cierto aroma de autoritarismo.

En el mapa mundial estos países han sido potencias históricas y también rivales ideológicos y políticos. Pero justo en estos momentos, donde Donald Trump ha revivido la Guerra Fría, ha desatado una disputa comercial con China y la relación con Rusia no ha sido lo más amistosa, es justo cuando la competencia por tener una vacuna para la COVID-19 se ha convertido en el otro campo de batalla entre estos mismos protagonistas.

China ha desarrollado al menos dos candidatas (Sinovac Biotech y Sinopharm) que ya están en fase 3 de las pruebas. Estados Unidos tiene una apuesta importante en los avances de Moderna; Reino Unido con los trabajos de la Universidad de Oxford (que es aliada de AztraZeneca) y ahora la noticia bomba ha sido la “Sputnik V”, desarrollada por el Instituto Gamaleya de Moscú y a quien el gobierno ruso ya le otorgó la aprobación regulatoria, esto a pesar de que apenas hará pruebas masivas con humanos.

Y a pesar de que ninguna de estas candidatas ha sido aprobada para su producción y distribución, debido a que no han concluido los procesos de testeos y por lo tanto, no cuentan con datos sólidos sobre su eficacia, Estados Unidos, China y Rusia ya comenzaron la disputa sobre la forma en que sus eventuales vacunas se distribuirán en el mundo, principalmente en países pobres o en vías de desarrollo (si es que hay alguno todavía).

Si bien Trump ha sido hasta el momento más localista en su perspectiva del uso de la vacuna, apostando a que puede ser un comodín muy útil para las elecciones presidenciales y apuntalar así su reelección, Rusia y China ya han declarado públicamente sus estrategias para tener presencia en América Latina vía sus antídotos para combatir la COVID-19.

Los científicos están corriendo sobre una cuerda floja y sin red de protección

En ese sentido, China anunció créditos a los países latinoamericanospor mil millones de dólares para que puedan acceder a las vacunas, en tanto que países como México, Chile y  Brasil han sido seleccionados para realizar las pruebas masivas en voluntarios y acelerar el último tramo de los ensayos clínicos.

La influencia rusa se espera en Venezuela, de quien es un aliado solidario, pero otra sorpresa fue que horas antes de que Rusia anunciara su vacuna,  Nicaragua dijo que estaba en posibilidad de producir y distribuir la “Sputnik V” en todos los países de Centroamérica.

Con estas perspectivas, la geopolítica ahora puede cambiar y configurar zonas de influencia de estas potencias vía el uso y distribución de sus vacunas, lo que cambia el panorama ya que si bien hasta antes de la pandemia la disputa era por la implementación de la red 5G y su tecnología asociada en prácticamente todo el mundo, pero en especial en América, ahora parece que las batallas serán del orden biotecnológico.

Pero antes de que esto suceda, tendrán que estar las vacunas y por eso la presión política y mediática que han ejercido los líderes de estos países para tenerlas de manera casi inmediata, desoyendo las voces de los científicos expertos en el tema con respecto a lo peligroso que puede ser esto para la humanidad.

Sería fantástico que hubiera una vacuna efectiva, accesible para todos y de distribución masiva para combatir la COVID-19 en un tiempo récord y retomar así, parte de lo que conocíamos como la vida cotidiana, pero la realidad indica que la política ha marcado los tiempos sobre la ciencia y supeditada a las exigencias electorales o de control económico, los científicos están corriendo sobre una cuerda floja y sin red de protección.

Si fallan, el futuro de la humanidad está en riesgo; pero si no se apuran, el prestigio de sus Gobierno corre peligro y los poderosos no quieren perder ni sus privilegios ni el sueño de dominar parte del mundo con pequeñas dosis de fármacos sin importar los efectos colaterales. ¿Quién ganará en esta carrera desbocada y cuesta abajo?

La realidad indica que la política ha marcado los tiempos sobre la ciencia

 

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