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24/01/2015

Turismo , o Las crónicas de viajes a días, reflejos y sueños de alguna gente. Este es el título y el subtítulo del debut literario del escritor argentino afincado en Barcelona Julio Quintas, un hombre Reducido a la escribitud . Ni más ni menos. Un debut literario tan humilde en su puesta en escena, tan silencioso en su salida a la calle, que la mayoría de mortales no deben tener ni la más remota idea de lo que hablo. Un debut literario fantasma por voluntad del autor. Algo que aumenta mi admiración hacia este libro. Y eso que, a quien le interese encontrar algo distinto, no lo de siempre martillado con otros nombres y escenarios de cartón-piedra, los relatos de Julio Quintas son de lo mejor que he leído últimamente. Es un colega, he cervezeado con él, y eso no resta que el libro me dejara estupefacto, primero, y luego entre divertido y maravillado. image Tengo una buena noticia para los que sientan curiosidad. Julio Quintas ha puesto el libro de relatos en descarga gratuita en formato PDF (sólo PDF) en el enlace que adjunto: DESCARGAR AQUÍ . Y ha hecho una edición en papel, para inmensas minorías, que no está a la venta. Gran parte de los relatos son cortos o muy cortos. Parecen, al principio, desconectados, islas en un mar caótico. Como explico más abajo, eso no es más que una apariencia.

«Yo viajo a ahora. Viajo a cualquiera. Viajo al presente de personas vivas y éste es un cuaderno de mis viajes, de algunos de ellos. Viajo a presidentes, a suegras. Viajo a transeúntes. Paseo por ellos que me albergan sin notarme. Igual que una ciudad, despliegan sus itinerarios, me intoxican con sus miedos viejos, me ofrecen sus callejones, sin saberlo; igual que a un turista, los destinos me ignoran y así se evitan olvidarme».

Pero, ¿qué dice este hombre? Me costó algunos relatos entenderlo. Julio Quintas propone viajar a Frank Sinatra y al vecino de abajo. El plan es éste: imagínese una pizarra en la que poco a poco se van iluminando una serie de puntitos. Cada luz es un relato leído. A medida que uno se adentra en los viajes del protagonista la pizarra va llenándose se luciérnagas atrapadas en la telaraña narrativa de Turismo, hasta ordenar un todo que simulaba jugar al azar . Farol, el libro está bien cohesionado en forma fragmentaria. Cada viaje, cada relato es un meterse en la mente del otro, de algunos de los hombres, mujeres y hasta gatopótamos imaginados por Julio Quintas. Turismo es un retrato del alma humana desde una óptica insólita, la mente del otro, con una estructura narrativa novedosa y hasta con un punto experimental, al menos para mí. Es un viaje alucinado, divertido, conmovedor, perplejo ante lo humano. En este viaje de los pobres, el mental ?los ricos prefieren first class ?, uno cierra el libro como si le hubieran dado un empujón y de repente se encontrara de pie, en otro sitio, sin saber demasiado bien cómo. El libro, citando el autor es «un libro de viajes. Son los relatos de los viajes de un individuo a sus vecinos, a algún amigo, a alguien que pasaba por allí. Un itinerario por unos cuantos asombros; por las miradas, los sueños y los espejos de gente, por recuerdos y miserias presentes, y por la mirada que los mira».

Lo cierto es que Turismo va más allá. Es una exploración poliédrica en lo humano, que es algo casi ilimitado: los sueños, las miserias, el sexo, el fútbol, la música, el trabajo, el tiempo, los espejos, la literatura, y la vida cotidiana mirada desde otro prisma. Los relatos. Consciente de lo injusto, tengo mis relatos preferidos. Lo que no hay son relatos cojos. Insisto en que este libro invisible satisfará a los lectores cansados del menú de restaurante de barrio, que van bien para una urgencia, pero que siempre acabas olvidando. No diré nada de nada de cuáles son mis relatos favoritos y bajo ningún concepto prestaré la edición que poseo en papel, contrariando la petición del autor de "cuando lo hayas leído, dejárselo a alguien que lo lea". Ni de coña, y esto no admite negociación.

Acabo dejando aquí tres relatos cortos de esta inesperada y sorprendente proeza, Turismo , por el que he viajado al Sr. Tomás, a Larita, a Umpiérrez, al altísimo Zampetti, a los espejos de Irene y a tantos lugares manchados por el alma humana, tierna, extraña, inimaginable.

ROLES

«Primero fueron casi vistazos, intuiciones atendidas, luego un trabajo de campo metódico y consistente, los que me llevaron a confirmar que Rodolfo Basurto es el barrendero de los sueños. En la vigilia es anestesista, por acción u omisión; amigo del Dr. Mendizarrosa y árbitro de baloncesto en la liga juvenil de tercera regional, por afición. Esposo, y padre de dos, por opción. Rodolfo Basurto es, por si todo aquello no fuese suficiente, el barrendero de los sueños. Y me refiero, sin miedo a equivocarme, a todos los sueños. Desde los soñados en Saskatchewan hasta los que crecen en los durmientes de Potosí, uno en el que Vishnu pone una multa de tránsito a un cocinero que hace una siesta en Bangalore, o el colorido de un turista que transita su colocón en Christiania. Donde haya un sueño con barrendero, allí está la viva imagen de Rodolfo Basurto: algo como un contrato en exclusiva con nadie, del que no hay constancia, al que él no ha dado expreso consentimiento. Basurto es el barrendero que se ve, o que no se ve, al fondo de cualquier sueño. Se ha desempeñado como un extra muy digno la mayoría de las veces, pero también ha cumplido roles protagónicos, ocasionalmente destacados al punto de opacar a algunas luminarias del Sueño, como Satán, Lilith o la chica de Vigilantes de la bahía. Ha llegado a tiempo para malograr sueños idílicos, se ha revelado imprevisto salvador de apesadillados en situaciones espantosas, ha sido Caronte remando su elegante barrido sobre extensiones de arenas doradas, ha recogido cristales rotos en bodas judías, o decorado con su diligente presencia sueños en plazas. Podría, incluso, haber sido él el barrendero que empalaba a Stephen King con su escobillón, en lo que el escritor, durante una entrevista, describió como su «peor pesadilla». Según explicó, tuvo lugar en una siesta mientras escribía El resplandor; desconozco si Basurto ya se encontraba en funciones entonces. No he podido confirmarlo, pero tengo motivos para creer que sería el propio Basurto quien recoge los residuos de los sueños, una vez abandonamos la escena. Esto explicaría que los recuerdos de los sueños desaparezcan siempre que no recolectamos los restos de inmediato, antes de que Rodolfo deje el espacio reluciente como una patena. Y, porque aquellos sueños cargados de significado, especialmente emotivos, épicos, los péplums oníricos, dejan mucho escombro tras de sí, es que aún nos resultaría posible quedarnos con algo de ellos, pues al pobre Basurto le tomaría varias horas despejar el enchastre. Por razones obvias, jamás hubo un barrendero en los sueños de Basurto. Sólo así se comprende que sea el hombre sensibilísimo que es, y que en su vigilia arrastre constantemente un saco cada vez más abarrotado de pesadumbres, sensualidades, tenebrosidad, destellos, y su complejo sentido del humor. Rodolfo Basurto es el barrendero de todos los sueños. Se lo contaría si no fuese tan inconveniente; sé que le enorgullecería saberlo.»

HÁBITOS Y MOTIVOS

«Los hay que caminan por la acera pisando siempre las juntas de las baldosas, o sin pisarlas jamás, o siguiendo un patrón geométrico. Se garantiza así que algo suceda o deje de suceder: ganar una porra o curarse de un herpes, por ejemplo. Alguien chasquea metódicamente la lengua al acabar de cepillarse los dientes por la mañana, para asegurarse de que no morirá ese día. No hablan de ello, disimulan. Canta, Alicia. Canta siempre que puede y con todo el empeño del que es capaz. Canta con los ojos cerrados. Cantando imagina que cuando haya cantado lo necesario, o trascienda el umbral de empeño requerido, sus ojos se convertirán en los de una sirena, que al abrirse verán una multitud de marineros embelesados.»

PENALTI EN CASAS

«Creo que sería un exceso calificarme de pusilánime. Se trata de simple comodidad, como levantarse de la silla para ir a repantigarse en el sofá. Noto que con la experiencia me vuelvo más ágil; es un traslado corto pero, en otro momento, la tensión quizás lo habría tornado arduo. Al llegar a Casas la situación es, sin duda, más llevadera, aunque tampoco es como comerse un helado. ? ...eres un cachondo, Rodríguez, sí, pero resulta que te lo voy a patear a dónde me salga de los huevos, ¿sabes qué te digo? Que este calvito es amigo mío y lo vas a ir a buscar al fondo... Es un muerto Rodríguez, sólo hay que ver como salió en el centro del primer gol, nada más le faltaba el tutú... ¡si Orlandi no hacía un gol desde la guardería! En el fondo es peor, porque si me lo ataja esta momia voy a tener que salir disfrazado... Bien acomodadito, balonito... ahí, quédate quietito ahí, majete... eso... Qué silencio, alienten un poco, joder... serán cagados... después para insultar se lijan la garganta... Está chalado Rodríguez, me hace muecas ahora, ah no, me parto de risa, mejor no lo miro. Venga, le pego fuerte y alto... no, ni hablar, si Platini la mandó a la grada en el '86 y todavía se acuerdan todos, mañana: «Casas, como Platini» en los periódicos, con las dos fotos... no, es preferible que me lo ataje el cadáver... al medio tampoco, Rodríguez está tan loco que es capaz de quedarse parado y hacerme quedar como un gilipollas... Para ya de hacer muecas, colega, por el amor de Dios... es un muerto, pero mira que es gracioso el cabrón... Uy, ya pitó, ¿qué pasa, referí? ¿se te enfría la cena?... Venga, tiremos la moneda, Rodríguez, le pego bajo y esquinado... a la... izquierda... sí, a la izquierda que la meto siempre, venga, va, respiramos, y... al lío... ...Aynojoder, quetodossabenquealaizquierdalametosiempre... Lamadrequelos... jod... uf... ¡venga, a la der...»

Turismo Autor: Julio Quintas Información proporcionada por: Julio Quintas Identificador: 1410102304644 Fecha : 10-oct-2014 12:11 UTC

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