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Hace 3d

Mientras el Gobierno siga siendo una franquicia del neoliberalismo y en reemplazo el pragmatismo de Estado no tome las riendas del poder, toda referencia del Ejecutivo a la reactivación económica no pasará de ser propaganda en diferido de los mercados

Los  frecuentes alardes utilizados por el Presidente Rajoy  para  difundir lo que él define como  buena marcha de la economía, mas que plasmar la realidad de  la situación económica  son la expresión   triunfalista de su nefasta gestión al frente del Ejecutivo, que nada tiene que ver en lo substancial con los  tan  halagüeños  resultado publicitados, pues no debe pasar desapercibido  que tras la   –eterna excusa –  de la crisis  no hay resurrección posible,   por resultar inverosimil  que el neoliberalismo como desencadenante de la misma pueda ser a la vez receta de solución.

Que tal probabilidad  no es real tiene su confirmación en  que la referida ideología es  sin ningún género de duda el factor causante  de  todos nuestros problemas, pues además de   originar la crisis económica hizo extensiva su afección a la esfera política, de modo  que su  repercusión redujo a mínimos el poder de Estado y con ello toda probabilidad   de cambiar las cosas  a través de las urnas, al facultar que  las  grandes corporaciones y sus dueños ejercieran  como administradores de facto  del poder,   y en tal condición  tuviesen  atribución conferida para  marcar las pauta y  hacer lo que les viniese en gana, pues al domesticar a sus acólitos  políticos y convertirlos en  gregarios de su causa,   neutralizaron la función  de la democracia haciendo de la misma una   representación teatral  .

El dominio sobre la política  de  este sistema que  beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría, es de tal calibre que el poder real está siendo ejercido en su totalidad por los jerarcas de los mercados, sin que el Gobierno  que sigue ostentando el poder formal tenga capacidad  alguna para contrarrestar  la intromisión de estos intrusos  en la cosa pública, ni tampoco el mínimo  interés en hacerlo.

Hecho  que se hizo totalmente evidente  tras la reciente comparecencia ante la Comisión de Investigación de la crisis financiera del Congreso de los Diputados, donde los exministros de Economía Rodrigo Rato, Pedro Solbes y Elena Salgado  a través de sus respectivas  intervenciones,   a pesar de la ambigüedad, además de reconocer no haber actuado con  la diligencia debida, admitieron carencia de autoridad para imponer su jerarquía, y con  ello,   que se vieron  relegados en el desempeño de su  función por las dinámicas especulativas  de los mercados financieros.

Las circunstancias   no variaron en absoluto con un acólito de los mercados como de Guindos al  Frente del Ministerio de Economía,   quien  además  de prorrogar   la dinámica de ingerencias, actuó al dictado de la élite financiera  en la elaboración  del triunfalista  balance   de reactivación económica, ese libelo  que a bombo y platillo  intenta ahora promocionar   el Presidente Rajoy, quien   a pesar que  la realidad  de los hechos canta al revés se mantiene en sus trece intentando convencer a la ciudadanía  de la veracidad  de su contenido, y de que  los logros allí referidos  son resultado de su abnegada  labor.

Por mas ardor que se emplee en elogiar su eficacia, lo que el modelo neoliberal pudo dar de si, ya lo dio, sin que de su aplicación se pueda concluir nada positivo,

A pesar de los intentos de tergiversar la realidad lo  que ya  no ofrece duda alguna,   es que aún  tomando  por asalto el poder político, la aplicación de la  ortodoxia neoliberal no sirvió de nada para proteger a España frente a la crisis, más bien todo lo contrario, abrió la puerta al completo para agilizar   su  llegada,   ocasionando con su impacto un desastre sin precedentes cuyas consecuencias a tiempo presente mas  que apuntar  visos  de reactivación, - al margen de  dislates estadísticos de conveniencia -, vienen a indicar   que para la gran   mayoría de los ciudadanos, la situación económica mas que reportarles síntomas de mejoría empeoró sus condiciones de vida  a   pasos agigantados.

Y eso ocurre  porque los promotores del recetario  ultraliberal de aplicación, como mandatarios de la situación son quienes establecen las pautas y postulan que la economía debe interpretarse como  exitosa cuando reporte  beneficios suculentos  a los mercados, aun cuando, para su consecución  hayan  de anularse políticamente  aspectos relacionados con una correcta distribución de la riqueza, e impedir  a la vez que  la gente con desventajas en el sistema  pueda disponer  de la protección debida  para sortear las dificultades y  de los medios necesarios  para  vivir dignamente.

Realidad  que no se puede acallar  por mas exclusión mediática que se quiera hacer de las voces discordantes.   

Por mas ardor que se emplee  en elogiar su  eficacia,    lo que el modelo neoliberal pudo dar de si, ya lo dio,   sin que de su aplicación  se pueda  concluir nada positivo,   existiendo en la actualidad señales indicativas que el modelo mas que resurgir de sus cenizas hace que cruja su estructura, como  pone de relieve  factores tan significativos  como la compleja  situación de la Deuda Pública del país situada en máximos históricos, con un endeudamiento institucional generado en  el transcurso  de la ultima  década que sobrepasa con creces  los 750.000 millones de euros.

 Habiendo de añadir a ello  para mayor despropósito la incesante  reducción de la inversión pública, que cerró el último ejercicio  estableciendo el mínimo histórico de los últimos 50 años con la mas baja proporción sobre el PIB del período,   que sitúa a España   como el país con menor índice de aportación  de toda  Europa,   siendo expresivo de tal complejidad  la reducción de un 38% en inversiones sanitarias, el 52% en las de carácter educativo y un 63% en lo tocante a actuaciones  infraestructurales

 Sin olvidar  otro  desenfreno, tal fue la generación de  un agujero en el sistema de pensiones de 100.000 millones de euros que hace   que la Seguridad Social se quede sin patrimonio tras seis años de déficit y que el resultado de  su  balance arroje unos activos en negativo por importe de 176 millones; delicada situación  que  de tratarse de una empresa estaríamos certificando su quiebra.

Ello resume la inutilidad del neoliberalismo, si bien  para los neoliberales como Rajoy tan controvertidos resultados  son  un síntoma de crecimiento.

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