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Perfiló Sigrid Undset a una mujer con aspiraciones “impropias”

19/05/2011 03:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1928, la escritora noruega Sigrid Undset supo resolver el eterno dilema femenino, de entregarse a la vida laboral y a la familiar, dividiendo su vida en el cuidado de sus hijos durante el día y los domingos y las noches dedicada a su quehacer literario. Su vida marca de manera definitiva su obra que explora temas universales como el orgullo, el heroísmo, el amor, la traición y la religión, y describe un tipo de mujer moderna muy distinto al que habían pintado sus compatriotas Camilla Collet o Amalie Skram años antes. Según la crítica, se trata de mujeres que tienen una profesión reconocida, fuman, practican deportes peligrosos y se van de fin de semana con hombres sin estar casadas; actividades todas éstas consideradas altamente impropias a finales del siglo XIX. Oriunda de Kalundborg, Dinamarca, donde nació el 20 de mayo de 1882, Undset se crío en Noruega, desde donde evaluó la situación de la mujer "moderna", de forma que se decidió a tomar parte activa en los movimientos de debate político y social en favor de la mujer. Por ello, la mayor parte de su obra transcurre en la modernidad y adquiere un tono fuertemente moralizador. Hija de Ingvald Undset, un arqueólogo de reconocimiento internacional, especializado en la “Edad del Hierro” en Europa, Undset realizó sus estudios en Oslo, pero no pudo ir a la universidad a causa de la temprana muerte de su padre. Tras ese deceso, que dejó a la familia en una precaria situación, Sigrid estudió Historia y Arte Medieval, a la par de trabajar en una oficina para mantener a su madre y a su hermana. Por las noches, Sigrid acostumbraba a sentarse en la cocina a escribir. Pertenece por derecho propio a aquella primera generación de mujeres emancipadas, que percibían un salario por su trabajo. Decidida a hacer realidad su sueño de convertirse en pintora, se fue a Roma, donde conoció a un pintor noruego, con el que se casó poco después. Su matrimonio no contribuyó a mejorar las cosas, ya que se encontró con que se esperaba de ella como mujer casada que se sometiera al talento de su marido; incluso fue obligada a dejar de pintar cuando nació el primero de sus cinco hijos. Las serias crisis que atravesó la pareja terminaron en un doloroso divorcio que, una vez más, la dejó a cargo de una familia aumentada por los hijos del primer matrimonio del pintor. Sus primeras novelas fueron “La señora Marta Oulie” (1907), obra en la que su protagonista reconocía públicamente su infidelidad desde la primera frase del libro, lo cual provocó una enorme polémica en la sociedad de su tiempo. Otras obras suyas que trataban sobre las vicisitudes de la mujer trabajadora fueron “Jenny” (1911), “Las mujeres sabias” (1914) y el ensayo “Punto de vista de una mujer” (1919). Posteriormente, volvió su interés hacia valores más tradicionales -el eterno conflicto entre el amor terrenal y el amor divino- y hacia los temas históricos, particularmente la Edad Media, época en la que se ambienta la que se considera su mejor obra, la trilogía sobre la vida de “Kristin Lavransdatter”. Dicha obra se componía de tres novelas que vieron la luz en años sucesivos: “La corona” (1920), “La señora” (1921) y “La cruz” (1922), obras que se convirtieron en un clásico de las letras noruegas, consagrándola definitivamente como una gran autora. Su producción literaria a partir de 1925 está influida por su conversión al catolicismo, con las obras “La mujer fiel”, “Ida Elizabeth”, “El matorral en llamas” y “Gymnadenia”. En 1928 su reconocimiento se confirmó cuando le fue entregado el Premio Nobel de literatura, un año después de la publicación de “Olaf Audunson” (1925-1927). Fue nombrada presidenta de la Sociedad Noruega de Autores, con lo que se convirtió en la primera mujer en obtener tal distinción. En 1940 se exilió en los Estados Unidos, cuando los alemanes ocuparon su país. Se opuso al movimiento nazi y escribió dos novelas que recogen su experiencia como novelista de la generación de entreguerras: “Retorno al futuro” y “Días felices en Noruega”. Al culminar la Segunda Guerra Mundial (1939-45) regresó a su país, donde se le reconoce como una de las grandes escritoras de la narrativa europea de ese período, y el 10 de junio de 1949 falleció, dejando como legado en su obra la vida de una mujer con aspiraciones.


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