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El periodista militante incumple su tarea fundamental

06/11/2011 04:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los comunicadores tienen derecho a la militancia política, pero si imbrican de manera intencional su labor profesional con sus inclinaciones personales, transgreden el deber ético de neutralidad y debilitan la formación de la opinión pública. El periodista militante incumple su tarea fundamental

La muerte del periodista Miguel Ángel Granados Chapa, acaecida el pasado 16 de octubre, nos dejó, por consenso en los medios, al menos dos conclusiones claras sobre su labor en la radio y la prensa escrita. La primera, la más explorada como ocurre normalmente en estos casos, relativa a la superlativa calidad profesional del comunicador en cita; la segunda, tal vez por elegancia menos comentada, pero sin duda también importante, referida al proverbial sesgo de sus colaboraciones, habitualmente en favor de las causas de la izquierda. No es mi propósito desmenuzar la actividad del periodista hidalguense; su relevancia en la vida pública, sin embargo, nos plantea el problema de esclarecer la cuestión sobre la validez del periodismo militante desde la perspectiva ética.

Para evitar confusiones, como primer paso debemos delimitar el campo de las exigencias. Todas las personas existimos en un espacio ideológico, esto es, un cúmulo de creencias y criterios interpretativos que constituyen nuestro punto de partida comprensivo y que nos permiten, entre otras cosas, fijar una posición respecto del mundo que nos rodea. Las certezas humanas son muy limitadas. Para subsanar esta deficiencia, hemos construido históricamente una red de sentidos que puede servir incluso como método de indagación sociológica. En este sentido, nadie puede ser "objetivo", es imposible tal cosa; nadie posee el conocimiento absoluto y debe confiar en sus creencias para colmar las lagunas que le demanda la interpretación de su entorno.

La ideología cumple en este proceso diversas funciones. La más evidente es la de distorsión, que se manifiesta como una falsa apreciación de la realidad, tal y como advertía Marx en su metáfora de la cámara invertida. Pero también contribuye a la labor de integración social, como elemento esencial de cohesión de los grupos que comparten un mismo horizonte de espacio y tiempo. En cualquier caso, la ideología es, como afirmaba el filósofo francés Paul Ricœur, una instancia operativa, algo que el sujeto vive y que no puede colocar, al menos completamente, fuera de sí mismo, como objeto de estudio. Por ello, el sesgo ideológico, si es tal, suele ser imperceptible, pues forma parte íntima del pensamiento y se desempeña —ahí reside precisamente su fuerza— en un nivel no consciente.

En muchas ocasiones, sin embargo, los opinadores profesionales franquean los límites de la referida subjetividad. No se trata entonces de la orientación normal de la opinión; de la postura obtenida, en parte, por la impronta del prejuicio, entendido en su forma más profunda, no peyorativa, como un elemento imprescindible del comprender. Cuando el sesgo obedece a la intención del comunicador, consciente éste de que su argumentación tiene el propósito primordial de llevar al lector a la coincidencia con sus propios puntos de vista, no tiene derecho a guarecerse bajo la idea de una supuesta inevitable subjetividad. En esos casos, aunque ésta pretenda utilizarse como patente de corso para escribir, en detrimento de la neutralidad, exigencia ética insoslayable del que escribe, cualquier cosa que le pida el cuerpo, la actividad de opinar se transforma en lisa y llana manipulación.

El concepto de asimetría de la información, aceptado ya sin reparos en el ámbito financiero, puede trasladarse sin dificultades a otros campos, en el caso que nos ocupa, al de la información. Si una de las partes en una operación mercantil disfruta de información y conocimiento inaccesibles para la otra, el funcionamiento óptimo del mercado se deteriora. Del mismo modo, cuando un periodista hace militancia política, siendo su labor la de depurar y analizar la información, la vida pública se ve afectada de diferentes formas por su manejo tendencioso. Existe información asimétrica en la relación que establecen el comunicador y su público. El primero, como profesional de la información, tiene a su disposición recursos inasequibles para las personas comunes y corrientes. El segundo debe conformarse con la información suministrada por los medios de comunicación; pocas personas, en última instancia por cuestiones de tiempo, están en la aptitud de consultar varias fuentes a fin de compulsar las diversas notas. La opinión pública, aun con los avances tecnológicos, se sigue formando, en el análisis, en los lugares tradicionales.

Los comunicadores tienen derecho, desde luego, a la militancia política, pero si imbrican de manera intencional su labor profesional con sus inclinaciones personales, transgreden el deber ético de neutralidad y contribuyen a debilitar la formación de la opinión pública. No importa cuán pulcros sean sus escritos, cuán documentadas sean sus notas o esmerada su preparación, el periodista militante sirve a otros intereses e incumple su tarea fundamental.


Sobre esta noticia

Autor:
Rafael Soler (2 noticias)
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277
Tipo:
Opinión
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