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Pero, ¿qué unidad?

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13/09/2017 14:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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"Una, Grande y Libre", la santa trinidad franquista que marcaba el día a día cultural del momento se basaba, como toda propaganda, en una mentira. En este caso en tres. Aquella España, madre de esta, no era Grande, no era ya un imperio como un tiempo atrás, sino un país pobre y aislado en una Europa que vivía una época a la que llegamos cuarenta años tarde. Y llegamos tarde porque España no era Libre, sino un Estado en manos de curas y militares que lo llenaron de uniformidad, nunca de Unidad. La unidad, como el respeto o el cariño, es algo que hay que ganarse, no se puede imponer, es imposible. De las tres mentiras del franquismo la de la Unidad es la única que ha sobrevivido al paso del tiempo. Tanto que sigue marcando el día a día político en 2017. Al partido mayoritario, rebosado por la corrupción, le vale con sacar la bandera de la unidad de España para seguir siendo la opción más apoyada en las urnas, aunque esta unidad ni exista ni haya existido nunca, por mucho que le hagamos la ola a los padres de la Constitución. "Mientras Rajoy defienda la unidad de España y mantenga a raya a los catalanes, yo voy a seguir votándolo", respondía en televisión, durante la campaña electoral de las elecciones de 2016, un chaval de Madrid tras ser preguntado por si la corrupción le influía a la hora de decidir su voto. El chaval que quería mantener a raya a los catalanes se refería, claro, a la unidad territorial, que es lo único que queda junto al intento de uniformidad si lees la letra pequeña de las mentiras heredadas.

El mejor ejemplo para entender que lo que se ha trabajado no es la unidad, sino la uniformidad, es el idioma. En la parte de la hegemonía cultural española nunca dejó de contarse aquella anécdota repetida mil veces del que viajaba a Catalunya y se encontraba de frente a alguien hablándole en catalán. El colmo de los colmos. O la nueva corriente, más moderna, que consiste en denunciar por televisión escándalos del día a día. Como el de los Mossos explicando en catalán los atentados en Las Ramblas y Cambrils. O como Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de Aznar, denunciando años atrás en una tertulia que a los niños catalanes se les prohibía hablar castellano en el colegio durante los recreos. En una entrevista en Salvados, Jordi Évole le tendió una trampa. Caminando por la calle en algún lugar de Catalunya, lo acercó a la valla de un colegio durante la hora de recreo. "Vamos a escuchar un momento, Miguel Ángel". Los micrófonos del programa captaban lo que todo el que haya estado allí un par de veces sabe que viene siendo Cataluña: niños hablando en castellano, otros en catalán e intercambios continuos de una lengua a otra en la misma conversación. Tras hacerle pasar el mal trago de ponerle las imágenes de su denuncia en la tertulia, Miguel Ángel Rodríguez sonreía. "Ya sabes que en las tertulias a veces hay que darle un poco de picante al asunto, Jordi", seguía sonriendo el que fuera portavoz del Gobierno de España. Portavoz del Gobierno de España. Lo fue tras aquella victoria de Aznar que se celebró al grito de "Pujol, enano, aprende castellano". Un mes después, Pujol era socio de gobierno de Aznar. Las tensiones territoriales, ya se sabe, se buscan y se encuentran.

No, en España no hay unidad, ojalá la hubiera, pero ni está ni se la espera. Entre otras cosas no se la espera porque, con unidad, el partido que heredó los referentes de la época anterior sería residual. Unidad es riqueza y España, en décadas, no se ha movido demasiado del pobre concepto heredado. Cuando alguna vez entendamos y aceptemos como normal que nada tiene que ver un señor de Guadalajara con una chica de Barcelona o un marroquí con nacionalidad española que trabaja la fresa en Huelva, podemos empezar a hablar de unidad.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (254 noticias)
Fuente:
ctxt.es
Visitas:
33
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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