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¡Planta un árbol por favor... y tendrás vida!

23/06/2016 03:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se asume que el valor de los árboles urbanos, es meramente estético y nos quejamos de que no hacen sino crear hojarasca en otoño. Pero según los economistas los árboles urbanos producen un beneficio económico a los ayuntamientos y residentes que los cuidan

Vivimos tiempos de pobreza intelectual y miseria moral en los que los que la religión neoliberal del capitalismo lo acapara todo, incluidos nuestros cerebros. En estos tiempos es difícil defender la Naturaleza.

-A veces el argumento usado para defender los seres vivos no es del todo correcto éticamente, pues el resto de las especies no humanas tienen derecho objetivo a la existencia, sino que se justifica su presencia en la Tierra en función de los beneficios reales (materiales) que proporcionan al ser humano o de los manejos que  evitan que el mal no desaparezca. Y que se imponga el bien para todos.

En esta línea se ha publicado un estudio del U.S. Forest Service’s Pacific Southwest Research Station que evalúa el valor económico de los árboles sobre todo urbanos que están en las calles de California. Según este informe, los beneficios de estos árboles se cifran en 1.000 millones de dólares.

Este estudio se basa en los inventarios municipales en los que se registran los árboles que hay en las calles de las respectivas ciudades, datos que se han analizado con un modelo computacional. Se tuvo en cuenta tanto el número de árboles como su tamaño, especie y localización.

Se creía que había un total de 9, 1 millones de árboles en las calles de las ciudades de este estado norteamericano, lo que corresponde a un árbol por cada cuatro residentes. Sin embargo, este estudio añade otros 16 millones más.

A veces se asume que el valor de los árboles urbanos, por ejemplo, es meramente estético o, lo que es peor, nos quejamos de las hojas que dejan caer, lo que supuestamente genera molestias y gastos de limpieza, como dice Greg McPherson. Pero según este investigador los árboles urbanos producen un beneficio económico a las municipalidades y residentes que los cuidan.

Los beneficios se pueden desglosar en los siguientes, entre otros:

- Absorción de carbono (10, 32 millones de dólares).

- Eliminación de contaminantes (18, 15 millones de dólares).

- Intercepción de lluvia (41, 5 millones de dólares).

- Ahorro en refrigeración y calentamiento (101, 5 millones de dólares).

- Revalorización de la vivienda (838, 94 millones de dólares).

Los autores del estudio calculan que por cada dólar invertido en plantar y cuidar de un árbol hay un retorno de 5, 82 dólares en beneficios. Estos investigadores esperan que el estudio guíe a los urbanistas en las futuras decisiones en relación a qué árboles plantar en las calles y en dónde sea.

Así por ejemplo, aunque el número de árboles en las calles ha aumentado desde los ochenta del pasado siglo, la densidad de árboles ha caído de 65 a 47 árboles por kilómetro. Además, aunque la diversificación de especies se ha mantenido, una sola especie representa el 10% de todas ellas. A veces la concentración de una especie es tal que favorece la propagación de plagas.

Los municipios pueden usar los datos de este estudio para ver qué árboles son los más apropiados para su zona climática.

Los árboles proporcionan una gran ayuda psicológica a las personas. No es lo mismo vivir o descansar en un banco en una plaza cubierta de árboles que en una plaza dura hecha de hormigón o en un parque de las afueras. Es la razón por la cual las viviendas en calles o plazas arboladas son más caras que el resto. Las cualidades estéticas de las plazas duras se diría que sólo son del agrado de los arquitectos que las diseñan.

Sería ideal que se hicieran este tipo de estudios para otros países y que así se orientase a los ayuntamientos en la tarea de plantar árboles en las calles.

No hay duda que para que San Sebastián (Donostia, en vasco) haya sido nombrada Capital Cultural Europea se ha tenido en cuenta la cultura ecológica que mantiene en la ciudad, más desarrollada que en otras, al menos aparentemente. Eso hace que los ciudadanos donostiarras controlen cada árbol que es derribado y lo denuncien al instante. Una de las protestas más habituales de San Sebastián ciudad se dispara en cuanto se tala un árbol.

Los montes Urgull y Ulía, que presiden la ciudad, son casi dos bosques y calles como Santa Catalina, Avenida Tolosa, Errotaburu... están verdes excepto otoño e invierno. La lista es amplia. A veces, incluso, se cree que la actuación de los empleados de Parques y Jardines es exagerada, porque plantan en cada rincón libre.

De hecho, y como apunta el concejal de Mantenimiento Urbano, Alberto Rodríguez, “San Sebastián tiene un sistema de control sistemático de las operaciones que se realizan en los árboles, único en Europa y que llevan desarrollando desde hace años. Toda operación que se realiza en un árbol responde a una razón y si alguno se derriba a los pocos días se planta uno nuevo en el mismo lugar“.

Antes de avanzar en la explicación de este pionero sistema, conviene reseñar que el Ayuntamiento destina 3 millones de euros para el cuidado de sus parques y jardines, labor en la que se ocupan cerca de 100 empleados. Viveros Pagola (fundada en 1866) es la empresa que tiene adjudicado, este servicio. Juan Pagola, biólogo, su director, encarna a la cuarta generación de una familia dedicada a la jardinería y al mantenimiento del árbol que fue por su bisabuelo.

Años después de iniciar esta labor, Juan se propuso el reto de crear un inventario de todos los árboles que existían en Donostia en el que se anotasen sus características y las operaciones que en ellos se realizaran. Es un trabajo que en otras ciudades lo realizan o no los biólogos, que confeccionan un mapa arbóreo de la ciudad para utilizarlo como referencia.

Pero esta opción presentaba varios problemas, como apunta Juan Pagola: “ Primero era caro, porque debían contratar a varios biólogos para que realizasen un trabajo de campo enorme durante un tiempo determinado. Una vez concluido el primer mapa, dejaba pronto de ser vigente y no era válido, porque un árbol que, por ejemplo, fue derribado ayer por el viento y otro tiene una plaga, no había que cambiar el mapa. Era un inventario que nunca reflejaría la fotografía exacta de los árboles de la ciudad».

Los árboles nos brindan descanso y ayuda psicológica, porque el estrés de la gran urbe se cura con su vista

Cuando la Informática llega para ayudar al Arbol

Por eso, hace seis años a Pagola se le ocurrió contactar con una empresa informática para dar forma a su idea. Se dio cuenta de que las personas ideales para realizar el inventario son los jardineros, que viven el día a día a pie de calle, y que éstos a su vez necesitaban de una herramienta que les facilitara su trabajo. Año y medio después, la compañía informática puso en marcha un sistema de georeferencia que permitía fijar, con un margen de error inferior a un metro, la situación de un árbol respecto al plano digital de la ciudad. Bastaba con establecer sus coordenadas respecto al Meridiano de Greenwich y al Ecuador. Eso sí, había que introducir uno a uno cada árbol de la ciudad en la base de datos.

Comenzaron con esta labor en 2006 y, actualmente, ya hay más de 35.000 árboles clasificados. Dado que el invierno es la época de más trabajo para los empleados, por las condiciones meteorológicas y las labores de poda, es entre marzo y junio cuando cuatro personas se dedican especificamente a esta labor. El año pasado añadieron 15.000 ejemplares nuevos a la base de datos y en los próximos meses esperan sumar otros tantos. “Ya tenemos inventariados todos los árboles que se encuentran en la ciudad (el casco urbano) y en algunos parques como el de Miramar o la zona alta de Aiete. Zonas de los alrededores como Urgull, Ulía o Ametzagaina están aún pendientes, pero es que dada su masa forestal es un trabajo de chinos. Hay que tener en cuenta que en la ciudad (el término municipal) de San Sebastián puede haber entre 150.000 y 180.000 árboles. No obstante, el objetivo es tenerlos todos inventariados dentro de unos años“, asegura Juan Pagola.

Los datos de cada árbol son volcados a una web de internet a la que tienen acceso todos los operarios que trabajan en el servicio en tiempo real. Sólo necesitan introducir la clave correspondiente. Los empleados que realizan cualquier operación en un árbol acuden con un portatil al lugar e introducen primero el barrio en el que se encuentra y cualquier detalle por nimio que parezca. Después el nombre de la calle y en ese momento se abre una pantalla en la que aparecen todos los árboles de la calle. Basta con 'clickar' sobre el ejemplar en cuestión para que se despliegue una ventana con sus datos completos: código, barrio, calle, especie, fecha en la que fue datado, fecha de plantación, proveedor, altura, diametro de copa, perímetro del tronco, trabajos realizados y fotografías del ejemplar para comparar posteriormente su evolución en el tiempo. Cualquier actuación que se lleve a cabo quedará registrada en esta base de datos.

Viveros en toda Europa: Por ejemplo, hace unas semanas fueron comprados ocho plátanos de 11 metros de altura en un vivero cercano a Florencia (Italia) en la calle Consulado, y plantados en la desembocadura de la Autovía del rio Urumea que baña la ciudad. En ese mismo momento, fueron incorporados al sistema por los operarios que han realizado los trabajos. Incluso, los técnicos del departamento de Obras y Proyectos pueden seguir desde sus ordenadores en el Ayuntamiento estas labores y advertir de si se produce algún error en el registro u otra incidencia.

Este método de trabajo permite controlar a la perfección la evolución de cada árbol de la ciudad. Cuando los operarios detectan que alguno está enfermo y que corre el peligro de caer sobre la vía urbana, se procede a talarlo para evitar cualquier desgracia humana. Juan Pagola así lo explica. “Soy biólogo y puedo alegrarme de estar ejerciendo una profesión que es mi verdadera vocación. Los árboles de la ciudad no tienen un mero objetivo meramente decorativo, ornamental.

Cumplen además una función ecológica que en el monte la realizan los bosques. Según apunta, el sistema desarrollado en Donostia “es único en Europa y creo que el más fiable“. A los biólogos del Jardín Botánico de Londres se les ocurrió hace unos años implantar un chip en cada árbol para controlarlos mejor, pero resultó que cuando crecían terminaba destrozándolo y dejaba de funcionar.

Además de la aplicación práctica que tiene para los empleados de Parques y Jardines, esta base de datos nos permite conocer algunos de los ejemplares más significativos de la ciudad. El más alto y también el que presenta un tronco más grueso es una secuoya que se encuentra en el Parque de Aiete. Tiene 50 metros de altura y su tronco, un diámetro de 4 metros y un perímetro de 10. Como referencia, el árbol considerado como el más alto del mundo, una secuoya gigante a la que se denomina General Sherman y que se halla en el Parque Nacional de las Secuoyas en California (Estados Unidos), mide 84 metros y su tronco presenta un diámetro de 11 metros y un perímetro de 24. Pero, el americano se calcula que tiene unos 3.500 años y el donostiarra sólo entre 120-140.

El ejemplar más antiguo de San Sebastián es la encina de Berio, con una edad estimada entre los 300 y 400 años. Hace diez años, durante la realización de unas obras, perdió uno de sus brazos que la dejó algo desfigurada, pero se ha recuperado bien en este tiempo y presenta un buen aspecto. Dentro de su especie, la encina más antigua de Europa tiene 800 años. Se encuentra en el municipio de Zarza de Montánchez (Cáceres) y los lugareños se refieren a ella como La Terrona.

En cuanto al más ancho -así consideramos al que presenta el mayor diámetro de copa-, es un cedro libanés de Cristina Enea. Su copa llega a medir 25 metros, todo un registro en estos lares, y supera los 20 que presenta de altura. Es decir, que es más ancho que alto. El hecho de comtemplarlo a escasa distancia impone, ya que presenta ramas que parecen auténticos troncos. Tiene unos 140 años.

El árbol más numeroso es el platanus x hispánica, un plátano resultante del cruce de una especie asiática y otra norteamericana. En Donostia hay cerca de 3.000 ejemplares, siendo uno que se encuentra en los jardines de Pío Baroja el más simbólico de ellos por su altura. Aunque antiguamente pertenecía al Palacio de Miramar, quedó fuera de sus muros cuando la extensión de sus jardines se redujo de las 15 antiguas hectáreas a las 5 actuales hace medio siglo para la construcción de viviendas en la zona.

Muy cerca de allí, en Sanserreka, se localiza el árbol más exótico, un ombú argentino que fue plantado hace unos años por un desconocido, mientras que el más representativo de la ciudad sería el tamarindo, cuyos ejemplares de Alderdi Eder llegan a alcanzar los 100 años.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) lanzó una iniciativa hace un tiempo en la que propone a los ciudadanos que planten, abracen, dibujen o fotografíen un árbol y difundan esta acción a través de las redes sociales, en una ceremonia que que celebraron en Nueva York en la que participaron casi 200 países ya invitados a firmar el Acuerdo de París, el primer acuerdo universal contra el calentamiento global.

El 22 de abril se conmemoraba el Día de la Madre Tierra y la ONU se marcó el objetivo de movilizar la plantación de más de 7.000 millones de árboles, “uno por cada hombre, mujer y niño que vivirán en la Tierra en 2020”.

“Hay un claro vínculo entre el Acuerdo de París y los árboles: los bosques serán aliados clave para combatir el cambio climático y lograr el objetivo a largo plazo de restaurar el equilibrio ecológico del planeta Tierra en la segunda mitad del siglo”, apuntó la CMNUCC(La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) .

Los árboles en las ciudades y los bosques (en el monte) son también cruciales para ayudar a cumplir los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, dado su papel en la absorción del carbono, limpiar y el enfriar el aire; actuando como bombas naturales de extracción de agua para mantener los caudales de los ríos, la estabilización de los suelos y el reciclaje de nutrientes para la agricultura, y sustentando los hábitats de la vida silvestre.

“Esta es una expresión de solidaridad, amor y esperanza", dijo Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la organización verde.

Figueres apuntó que “el Acuerdo de París, de aplicarse plenamente, ofrece la perspectiva de un mundo mucho mejor para miles de millones de personas”. “La conservación, restauración y ampliación de la infraestructura natural de la Tierra, incluyendo el árbol, juegan un gran papel para lograr el éxito del objetivo de largo plazo", añadió.

 

 

 


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