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El plumbismo en la literatura de Saúl Rosales/Luis David Niño Segura

22/06/2014 19:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Luis David Niño Segura

Hace un par de días encontré un libro de cuentos de esos que por lo regular son desconocidos. Quizá es un libro regionalista y sin embargo trascendental. Memoria del Plomo del MESTRO (sí, así, con mayúsculas) Saúl Rosales Carrillo. Libro que contiene nueve cuentos que representan toda una concisa reseña de su vida. Y digo que es de esas obras que parecen desconocidas porque la literatura en ocasiones también es injusta. Existen escritores que a pesar de ser conocidos en los círculos de lectores no tienen el mismo reconocimiento en la vida pública. Ese es el caso de Saúl Rosales. Un escritor norteño que se formó estudiando en la capital y que plasma a lo largo de sus obras toda una trayectoria de enseñanza y aprendizaje constante.

Mi encuentro con Rosales fue prácticamente inesperado, sin sentido, casual y hasta de alguna manera inocente. En mis años de estudiante en la facultad de derecho en Torreón, Coahuila, una amiga me platicó, fascinada, que el MTRO. Saúl Rosales le daba clases en la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales. No lo pude contener y quise conocerlo, escuchar de viva voz el conocimiento del gran escritor lagunero. Asistí a unas clases de oyente, no apuntaba nada, me la pasaba escuchando, casi podría decir que analizando sus movimientos, sus gestos, estaba, en pocas palabras, frente al MAESTRO, frente (me atrevo a decir) la leyenda viviente. Después de un par de semanas de entrar a sus clases me acerqué a él y le pedí consejo. ¿Cómo sé que soy escritor? Esa fue la pregunta que le formulé y la respuesta a tan inocente comentario fue aplastante. Escribe dijo, eso tienes que hacer, escribir.

Para esas fechas yo ya había leído Memoria del Plomo, Vuelo imprevisto y Autorretrato con Rulfo. Su escritura es revolución total, sentó las bases para la literatura que actualmente está en auge en el norte del país y en especial en la Comarca Lagunera. Es un incansable crítico de la cultura, sus pasiones van desde la música, el periodismo, las letras y el teatro, y todo eso lo encontramos en sus escritos. Un especialista en el uso de la sintaxis, o como él mismo dijera: "no soy más que un enderezador de palabras." Sus libros son crítica y sazón para la cura del alma. En el siglo de la era digital, de las kindle, las iPad, y los smartphones, el MAESTRO Rosales nos invita a regresar a las bases, a los orígenes, a la letra escrita en la hoja, a recuperar el olor a libro nuevo y recién abierto, con esa experiencia fetichista que encubre una potencialidad de expresiones en espera a ser descubiertas.

Memoria del plomo cuenta con relatos que por momentos son autorreferenciales. Trópico de cucarachas, por ejemplo, nos recuerda al escritor que comenzó su vida en el mundo de esa especie en extinción llamada 'Imprenta.' Sus palabras nos relatan la vida de los escritores como asalariados, obreros de las palabras y neófitos en el ejercicio de la lectura. Su humor lúdico, su frialdad en la narración de las historias y la semántica que nos invitan a sentarnos en un sube y baja y recordar que la gimnasia mental es un modus vivendi solo para atletas de alto rendimiento. No cualquiera puede entrarle a ese demoniaco mundo de la literatura.

Estas características como lo dice exquisitamente Magdalena Madero Gámez, hacen del libro Memoria del plomo, un "libro de cuentos que no emerge del rigor academicista sino de la voluntad esteticista. El idioma de Memoria del Plomo es el del signo sassureano pero también el del vocablo joyceano, es decir, de la palabra con gravidez semántica." Así es la contundencia de Rosales. Por mi parte me atrevería a decir que al sumergirse dentro de la semántica rosalesiana es encontrar simbólicos lacanianos en todas partes, así se desprende de esa magna obra Jales sobre habla lagunera (Torreón, 2014, 115 pp.) donde nos demuestra una cadena de significantes tan variada y tan abrumadora como lingüísticamente ensordecedora por su humor. Lo único que necesita Jales... "es un poco de interés, un poco de curiosidad, la misma que en términos generales un lector común puede tener por otras muchas materias, como la política o el cine."(Jaime Muñoz Vargas Blog Ruta Norte Laguna; 2014).

El cuento dentro de Memoria del plomo, homónimo al título, es casi triste, melancólico, vivencial y cuasiautobiográfico. El MTRO. Saúl Rosales trabajó en la imprenta, y eso hizo que se convirtiera en un obrero del estilo, conoció esa máquina casi prehistórica denominada linotipo y las divisiones de trabajo que se forjan en el mundo de la impresión de libros, revistas, periódicos y una infinidad de cosillas que hoy se remplazan con una MFP de flujo LaserJet Enterprise en las manos de lo que el propio Rosales denominó: "La plaga de la tipografía y la edición conocida como "diseñadores gráficos" es dispendiosa y estridente como nuevo rico." (Saúl Rosales en la plática dictada en el Icocult Laguna en 2009). El tipógrafo, el editor, el impresor y el chalán del rol de pruebas, todo eso está consensado en el cuento 'Memoria del plomo, ' todo eso está encapsulado en esas pocas palabras. La historia es de recuerdos, de vivencias y de muerte, pero también crítica social (hablar de los estragos que causa el plomo en Torreón es enfrentar transnacionales). Los nueve cuentos reflejan en una sola palabra la obra entera del MAESTRO: la soledad.

Su primera novela Iniciación... nos demuestra una vez más su calidez y su simpleza. La escritura es todo un agasajo para la mente, cada adverbio, cada adjetivo está en el lugar adecuado, cada proposición y conjunción se encuentra en el ritmo y momento correcto, es un juego con el lenguaje, un juego de reflexión donde ese A, B, C de la escritura nos mantiene pegados a la página. Ese A, B, C, llamado sujeto, verbo y predicado, que suena tan simple pero que muy pocos escritores manejan tan magistralmente como Saúl Rosales.

Pero la soledad inunda su trabajo, su poesía está llena de lienzos literarios tan profundos y decisivos en frases como "cuando me calzo la edad cada mañana/ sentado al filo del escaso calor/ que el invierno no ha abatido/ del reposo breve y del insomnio que/ estrangula/ empeñado en hendir el laberinto de la memoria y el recuerdo/ me encuentro con el joven que ya no/ juega basquetbol/ ni puede nadar incontables vueltas en la alberca..." (Poema "Calzado de optimismo") como ese magistral cuento que llamó 'Soledad, la de Manuel Acuña, ' donde el juego de palabras nos invita a una reflexión asfixiante sobre la muerte y sobre amores innombrados.

Es la prosa del maestro Saúl Rosales una invitación a la estética de esos académicos apolíticos. Sus relatos son hechizos a la invención, y la realidad imaginativamente plasmada es el resultado a donde la tecnología y los avances del progreso nos han orillado a la incomunicación de masas mediante las redes sociales.

A sus casi 74 años, el maestro Saúl Rosales es la imagen perfecta de cómo se combate eso que llamé las injusticias literarias. Es un gran editor, también conoce y ha ejercido el trabajo de impresor (oficios que no confunde) y lo más importante, es un impulsor incansable de talentos. ¿Qué injusticias combate? Las del olvido. Es sin duda alguna el escritor más prolífico, inteligente e importante en la Comarca Lagunera, pero me atrevo a decir sin duda alguna, que es el escritor más importante en todo el noreste y norte del país. Es una figura emblemática, pero sobre todo es una persona cuya humildad no tiene igual. Le debemos la revista literaria y cultural Estepa del Nazas, la cual ha servido como escaparate para que muchos escritores de la nueva generación de aquello que se denomina Tierra que fue mar, hayan salido a la luz y cosechen triunfos en contra de la literatura del mainstream. Saúl Rosales es sinónimo de lucha, de lucha incansable por creer que, en la literatura y en el arte en general, podemos encontrar una herramienta para combatir todos los males de la sociedad; eso es, quizá, lo que destaca al MAESTRO y lo llevó a ser miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en 2003.

Hay que agradecerle muchas cosas, entre ellas la tenacidad para crear un movimiento literario en todo el norte de México que no tiene precedente. Es decir, sin él no tendría mucho del éxito que ahora tiene, el otro gran maestro Jaime Muñoz Vargas, o el poeta Gerardo Monroy, o el incorregible Carlos Velázquez, o el cumbianchero Nazul Aramayo y otros muchos escritores más que rompen con los esquemas de la literatura contemporánea actual.

Le debemos mucho a sus Memorias del plomo y le debemos mucho a su labor cultural, a su poesía, a su vida en sí. Esos escritores que dejan huella y de quien es necesario hablar en los momentos en que las TIC's nos incomunican e impersonalizan de manera absurda; en los tiempos donde encontrar la palabra impresa se vuelve un liberación contra la pobreza lingüística de las redes sociales. Así volvemos como siempre a la soledad, sí, a la soledad esa, la de Saúl Rosales.

Luis David Niño Segura.

Tw: @ld_nio


Sobre esta noticia

Autor:
Cronicasrevista (4990 noticias)
Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
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