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Política y literatura

25/05/2009 16:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La falta de interés y la corrupción de los políticos mexicanos, mantienen a lo municipios y sus habitantes en el sub desarrollo

Política y literatura.

«Detente minuto, eres tan bello».

Goethe

Durante largos años los coyuquenses han tenido ocasión de sufrir un sinnúmero de autoridades trashumantes, que en poco o nada les ha importado el progreso del municipio, consideremos que la primera razón para sentir amor por nuestro pueblo pudiera ser la de tener en esta tierra el origen ancestral, desgraciadamente esto no es regla ni excepción; entre los coyuquenses bien nacidos o bien crecidos en estos lugares de Dios, nos hemos encontrado con verdaderos sátrapas, depredadores del desarrollo social que sin rubor han saqueado el erario público en demérito del progreso y mejores oportunidades de vida de una comunidad con la que sin duda han departido el pan y la sal. Pero podemos decir que no sólo se traiciona la confianza de la ciudadanía asaltando las arcas municipales, se traiciona también con el pecado administrativo de la omisión y la ineptitud; la historia coyuquense nos cuenta de oportunidades de desarrollo que bien pudieron cambiar el rumbo municipal y hacernos saltar la brecha de veinte años de atraso que nos separa de otros municipios de mayor desarrollo; oportunidades que se dejaron ir: por conveniencia, ignorancia o incapacidad; pero sobre todo por miedo a la innovación. Algunos bien recuerdan el famoso programa de desarrollo de las cien ciudades y el intento fallido por instalar desarrollos de tecnología hidropónica en el municipio por empresas foráneas.

Si rememoramos nos damos cuenta que Coyuca de Benítez en los últimos veinte años, prácticamente no ha sufrido una transformación de fondo que cambie de manera radical su fisonomía, sólo cirugías menores que no tienen más motivo que paliar un atraso significativo que resta oportunidades y brinda una deplorable imagen urbana. Coyuca de Benítez tiene motivos suficientes de reclamo a quienes han gobernado el municipio; de 1990 a la fecha los gobiernos han echado pavimento sobre pavimento; enlozado la misma avenida en diversas ocasiones, todo en componendas con los constructores quienes planean los proyectos técnicos, siempre en beneficio de mayores ganancias, nunca pensando en la perdurabilidad de la obra pública. Ejemplo claro de una inversión excelente, es la avenida Israel Nogueda Otero (Ribera del Rio), gestionada por Jesús Herrera Vélez allá por 1994; por lo contrario, las calles céntricas, en particular las que están frente a Palacio Municipal han sido repavimentadas una y otra vez, mediando como único interés las ganancias y el capricho del edil en turno.

Las nuevas autoridades tienen la oportunidad de gobernar y, de gobernar bien; el ánimo coyuquense que tantos años de luz y sombra administrativa ha soportado, difícilmente estaría dispuesto a permitir que las autoridades empantanaran el desarrollo municipal por minucias cuestiones de revanchismo e inmadurez política.

La situación socioeconómica, la inseguridad que se vive en el país y en Guerrero merece atención especial en nuestro entorno coyuquense que ha vivido épocas de violencia que algunos pretenden escamotear del recuerdo por viva y pura conveniencia; nadie quiere regresar a posiciones de tiempos idos cuando el argumento más eficaz se encontraban en el puño armado de piedras que daban contra los cristales, palos que amenazaban con tundir a la menor provocación y en la amenaza de incendiar instituciones y casas habitación.

«Detente minuto, eres tan bello». Es la exclamación del doctor Fausto

Nada de aquella época de oscuridad es sensato siquiera mencionar, como tampoco es sensato imaginar que dentro de tres años siete meses sigan las cosas tal cual ahora, o… mucho peor, todo por falta de sensibilidad de quienes tienen la obligación, no sólo de ser eficientes en las labores administrativas, sino de ser generosos con el municipio que los abanderó con la confianza de elegirlos como gobernantes.

Quien mandata un pueblo, adquiere una responsabilidad que sin ninguna duda podríamos decir, debe estar muy por encima del interés personal; el bienestar común y social debe privar en cada una de las decisiones, incluso las privadas. El alcalde coyuquense cada vez que respire, sueñe o se lleve el bocado a los labios debe pensar en la responsabilidad casi sagrada que carga sobre sus hombros; Coyuca de Benítez necesita de la entereza de gobernantes dispuestos al sacrifico por el pueblo que de alguna manera juramentaron servir.

«Detente minuto, eres tan bello». Es la exclamación del doctor Fausto después de un largo devenir por el mundo, probando todos los goces que es capaz de proveerle Mefistófeles, demonio con el cual ha pactado la entrega de su alma hasta el momento en que lo invada la total satisfacción. Al final de la tragedia; El Fausto (Segunda Biblia de los alemanes), escrita por Johann wolfgang Goethe; se siente irrumpido de la total satisfacción, en el vivo momento en que gobernando un pueblo, logra un bien común para sus gobernados.

La labor de la política debería tener el fin fundamental del bien común, a pesar de aullar con lobos y encompadrar con el mismo diablo; el final, la justificación, el argumento cínico del fin político podría ser: “me he hartado del goce sensual de la riqueza, pero mi pueblo es más feliz que ayer”

Quien mandata un pueblo, adquiere una responsabilidad que sin ninguna duda podríamos decir, debe estar muy por encima del interés personal


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Miguel Cuevas (30 noticias)
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