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El pre-texto literario en La forma de las ruinas y en los huecos de la memoria

28/03/2016 14:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La novela titulada La forma de las ruinas del colombiano Juan Gabriel Vásquez, relata sucesos del pasado sobre conflictos y violencias que hemos heredado los colombianos por más de un siglo

El pre-texto literario en La forma de las ruinas y en los huecos de la memoria

 

Hay huecos que dejan balas y balas que dejan huecos.

Hay huecos en las calles, hay huecos en los cuerpos,

hay huecos en las paredes, hay huecos en las mentes.

Hay balas perdidas que nadie encuentra.

Fragmento Tardes Cali gramáticas. Gloria Edith Ocampo López.

 

Para empezar a discernir la trama de la NNH de Juan Gabriel Vásquez, titulada La forma de las ruinas[1], deseo abordar la distancia entre el mundo posible de la obra y el mundo empírico. Quedé atrapada de inmediato al empezar la lectura y tomé una posición de lectora incauta, al pensar que el autor más allá de escribir un relato, una ficción bien elaborada, lo que hacía era un texto autobiográfico que me hizo olvidar de ese dispositivo tan sencillo usado por los escritores: “”Como si, que se refiere a la verosimilitud dentro del universo ficcional o mundo posible al que accedemos por medio de la lectura, es decir, me dejé llevar y llegué a confundir el autor con el narrador, porque, el yo narrador tiene una densidad autobiográfica que diluye el límite entre lo empírico y lo ficcional:  

En ese lapso, Carballo me escribió dos correos electrónicos (no sabré nunca cómo logró conseguir mi dirección), pero no contesté a ninguno. Entonces escribió un tercer correo: cordial saludo Juan Gabriel, cuanto más lo pienso más me convenzo que este libro es para usted, no lo desperdicie saludos, CC. (VÁSQUEZ. Pág. 160).

Lo anterior hace referencia al pensamiento de Gregory Jusdanis, respecto a la literatura en el sentido de “hay que entender la Literatura desde su potencial político, el cual radica en que ésta tiene sus propios dominios y permite crear contra argumentos. Esto se aprecia en el teatro de Brecht porque pone en marcha la doble referencialidad, que busca el placer estético y el impacto en la vida real”.

La novela titulada La forma de las ruinas del colombiano Juan Gabriel Vásquez, relata sucesos del pasado sobre conflictos y violencias que hemos heredado los colombianos por más de un siglo. La trama entreteje el pasado remoto con puntadas en el presente y enfoca dos asesinatos que han conmovido a la nación para intentar resolver algunos interrogantes que han quedado en el tiempo. El primero es el de Rafael Uribe Uribe[2] y el segundo es el de Jorge Eliecer Gaitán Ayala[3], episodios sucedidos en 1914 y 1948.

Para empezar a entender de qué va la novela, debo intentar resolver el siguiente interrogante, si se puede, ¿Qué tipo de reflexión hay en la novela sobre la memoria? Teniendo en cuenta lo siguiente antes de entrar en la ficción:  

(…) son relatos que pretenden “reconstruir” y “organizar” la realidad a partir de componentes pre-textuales (acontecimientos reflejados en documentos y otras fuentes históricas) a través de un discurso dotado de sentido, inteligible, gracias a su “puesta en intriga”, al decir de Paul Ricoeur, y a la escritura que mediatiza la selección”, El discurso narrativo resultante está dirigido a un receptor que espera que el pacto de verdad (historia) o de lo posible y verosímil (ficción) se cumpla en el marco de corpus textual.  (AINSA, 1997).

El narrador nos relata desde el 2009 en adelante, situaciones que se relacionan directamente con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y otras posibilidades hacia atrás y hacia adelante:

Todos los periódicos de la mañana siguiente hicieron referencia al robo frustrado (…) el mito de Gaitán siguiera despertando estas pasiones sesenta y seis años después de los hechos, y algunos compararon por enésima vez el asesinato de Gaitán con el de Kennedy, del cual se había cumplido medio siglo el año anterior sin que su poder de fascinación hubiera disminuido en lo más mínimo. (VÁSQUEZ. 2014).

Aquí comprendemos que se aplica de manera clara lo dicho por Fernando Ainsa cuando cita a Ricoeur y lo que piensa con respecto a las fuentes históricas y la mediación del escritor al hacer la selección.

Juan Gabriel Vásquez el narrador en La forma de las ruinas, así como hace la selección de los acontecimientos del pretérito para escribir un libro a petición de Carlos Carballo, igualmente formula un problema que va más allá del asesinato de un líder político. Vásquez hace lo que plantea Francois Furet en DE LA HISTORIA- RELATO A LA HISTORIA- PROBLEMA:

Es consciente de que escoge, en ese pasado, eso de lo cual habla y que, haciéndolo, formula a ese pasado, preguntas selectivas. (…) construye su objeto de estudio limitando no solamente el periodo, el conjunto de acontecimientos, sino también los problemas puestos por ese periodo y sus acontecimientos y que habrá de resolver. (FURET. 1975).

Un ejemplo de ello en la obra es el siguiente:

Me descubrí preguntándome en voz alta cómo he llegado a saber estas cosas sin las cuales tal vez estaría mejor: cómo he llegado a pasar tanto tiempo pensando en estos muertos, viviendo con ellos, hablando con ellos, escuchando sus lamentos y lamentándome, a mi turno de no poder hacer nada para aliviar su sufrimiento. (VÁSQUEZ. 2014).

En este sentido puedo evidenciar que el autor de La forma de las ruinas ha llevado un trabajo dispendioso en cuanto a la investigación de los pormenores del asesinato de Gaitán, y es él mismo quien reconoce lo poco que realmente sabe sobre el suceso histórico y nos plantea todo lo que va descubriendo a medida que avanza en su relato:

El 9 de abril es un vacío en la historia colombiana, sí, pero es otras cosas además: un acto solitario que mando a todo un pueblo a una guerra sangrienta; una neurosis colectiva que nos ha servido para desconfiar de nosotros mismos durante más de medio siglo. En el tiempo transcurrido desde el crimen los colombianos hemos intentado, sin éxito, comprender lo que ocurrió ese viernes 9 de abril de 1948. (Ídem. Pág. 27).

 

Se va despertando de a poco la consciencia histórica en el narrador que a su vez la transmite a quien lee, a la par, se va descubriendo eso de lo que hablamos tantas veces en el curso de Novela histórica colombiana y latinoamericana en el siglo XX, sobre la univocidad de la historia y en este aspecto me permito citar nuevamente a Ricoeur en un aparte del capítulo 23 titulado ¿Culpables de la historia? En La ficción de la narrativa. Ensayos sobre historia, literatura y teoría 1957-2007 que dice lo siguiente:

En muchos aspectos,   el conocimiento histórico es memoria disciplinada, basadas en algún criterio extrahistórico de lo que los miembros de una comunidad pueden legítimamente recordar y, por cierto, de lo que deben recordar y deben olvidar. (WHITE. 2010).

 

Lo anterior es importante porque permite ver con mayor claridad esos límites difusos entre ficción y realidad a la que estamos sometidas las personas de todas las épocas que en palabras de Ainsa significa que; “el imaginario individual, especialmente la creación literaria, es utilizado como fuente documental o complemento indispensable para entender la mentalidad y la sensibilidad de una época”. Igualmente, el autor de novela histórica está destinado a hacer una relectura del pretérito desde un ahora, y poniendo en esa relectura su sentido crítico para intentar llenar vacíos que la historia como disciplina científica no ha podido.

Vemos pues que olvidar y recordar son temáticas importantes dentro de la diégesis planteada por Vásquez. Hay evidencias dentro de la novela que muestran de manera directa estos dos aspectos, con respecto a lo planteado en el párrafo anterior por White, vemos en La forma de las ruinas lo siguiente:

(…) Pero ni la vértebra ni la bala existen ya. Están desaparecidas. Quién sabe dónde estarán, o si las habrán destruido. Hay que preguntarse por qué desparecieron esas evidencias, ¿no le parece? Hay que preguntarse a quién le interesaba que no se pudiera consultar después de cierto tiempo. . Hay que preguntarse quién se dio cuenta de que la ciencia avanzaba  y las evidencias de un crimen pasado comenzaban a decir más cosas, y quién decidió entonces desaparecer esas evidencias. (…)  Pero de nada nos sirve, porque los que tienen el poder han desaparecido las evidencias. Y así van ganando ellos, Vásquez, así nos van ocultando la verdad, así…” (VÁSQUEZ. Pág. 158).

Colombia, Gaitán

Son las frases que transmite Carlos Carballo a su receptor, cuando siente que todo está perdido por falta de evidencias para resolver el asunto que a él como persona, como un ciudadano común le interesa. Esta cita tiene que ver con el olvido al que somos sometidos, pero hay otro dispositivo que funciona para que recordemos, para que todos sepamos qué es lo que debemos perpetuar:

El gobierno colombiano tenía que reaccionar de alguna forma, y lo hizo golpeando a los carteles donde más les dolía: anunciando, con gran bombo mediático, que comenzaría de inmediato a extraditar a los narcotraficantes. (…) formaron un grupo con nombre propio, Los Extraditables, y lanzaron su grito de guerra: Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos. Y se dedicaron con admirable constancia, a cavar tumbas para los demás. (Ídem. Pág. 183).  

Y es así como el “otro” Juan Gabriel Vásquez, el escritor reconocido buscado por Carlos Carballo para que escriba un libro que cuente la historia de Jorge Eliecer Gaitán, esa “otra historia”, la de conspiraciones y que se vuelve un fin común y una obsesión para ambos; hace su propia reflexiona sobre la memoria, sobre ese dispositivo que funciona a su amaño y que la mayoría de las veces no podemos controlar:

Yo puedo pensar en hechos de mi vida (lo visto, lo escuchado, lo decidido en algún momento) sin los cuales estaría mejor, porque no son útiles y en cambio resultan, incómodos, vergonzantes o dolorosos, pero sé que su olvido voluntario no es posible. (…) No, no se controla el olvido, no hemos aprendido a hacerlo nunca a pesar de que nuestra mente funcionaría mejor si pudiéramos: si lográramos algún dominio sobre la manera en que el pasado se inmiscuye en el presente. (Ídem. Págs. 176. 177).

 

Ese ir y venir en el tiempo hacia atrás y hacia adelante, tiene la intención no sólo de retroceder en el tiempo sino de ir hacia adelante y tal vez comprender la realidad del presente como una consecuencia de un pasado que se vuelve colectivo de manera muy útil o sutil:

Y claro, yo había leído las memorias de García Márquez como todo el mundo, y como a todo el mundo me había incomodado y aun alarmado la claridad con que el mayor novelista del país, además de nuestro intelectual más influyente, sugería sin maquillaje ni eufemismos la existencia de una verdad oculta. (…) su convicción profunda de que Juan Roa Sierra no era el único asesino de Jorge Eliecer Gaitán, sino que había una elaborada conspiración política detrás del crimen. Aquel hombre había logrado que mataran a un falso asesino para proteger la identidad del verdadero. (Ídem. Pág. 69).

 

Es desde el lenguaje o más bien desde el relato como se justifican las acciones de algunos personajes, Vásquez hace conjeturas, analiza y construye desde su lectura de la mediación simbólica  para representar al “otro” y para aclarar interrogantes. Tomo prestadas las palabras del profesor Juan Moreno Blanco con respecto a las mediaciones simbólicas: 

El atlas de las narrativas republicanas que instalan sobre el territorio nacional la frontera simbólica entre civilizados y salvajes funciona, según usanza de las técnicas occidentales de representación, como naturalización del principio colonial y continúa su lógica simbólica.[4]

 

A manera de conclusión, comprendo que la intención de Juan Gabriel Vásquez con la novela La forma de las ruinas es un intento de revisionismo histórico mediante un relato actual, representado como Nueva Novela Histórica que pretende una memoria entre el pasado y el futuro, diferente a la memoria a la que nos hemos acostumbrado.

El autor representa un tiempo no histórico, cumpliendo así una de las características de la NNH “las ideas que se destacan son la imposibilidad de conocer la verdad histórica o la realidad; el carácter cíclico de la historia y, paradójicamente, el carácter imprevisible de esta, o sea que los sucesos más inesperados y más asombrosos pueden ocurrir”, como lo indica Seymour Menton.[5] Vemos pues que el modelo representativo del pretérito es puesto en duda, invertido o cuestionado mediante un anacronismo y vacilaciones constantes en cuanto al orden de la Historia. Al final, Vásquez responde a la pregunta inicial ¿Qué tipo de reflexión hay en la novela sobre la memoria?

Y pensé que el deseo de Carballo no era sólo salvar del olvido una verdad que nunca había nacido en el mundo de las cosas históricas, sino también darle a su padre una existencia que no había tenido nunca hasta ahora. No tendría una tumba, tal vez, ni sus huesos tendrían una lápida con su nombre, pero tendría un lugar donde existir con ese nombre y su memoria.

 

Bibliografía

AINSA, Fernando. (1997). Invención literaria y “reconstrucción” histórica en la nueva narrativa latinoamericana. En La invención del pasado. La nueva novela histórica en el marco de la postmodernidad. Editores: Karl Kohut y Hans-Joachim König. Universidad Católica de Eichstätt.

BARTHES, Roland. (1987). “El discurso de la historia”, El susurro del lenguaje. Ediciones Paidos. Barcelona.  

FURET, François. (1982). “De la historia – relato a la historia- problema”, el taller de la historia. Flamarion, París, (traduc, JMB).

MORENO, Blanco. Juan. (2015). DEL VIAJE A LAS REGIONES EQUINOCCIALES… DE ALEJANDRO DE HUMBOLDT AL ATLAS DE LAS NARRATIVAS CIVILIZATORIAS EN LA NACIÓN COLOMBIANA. EN LA NACIÓN IMAGINADA. ENSAYOS SOBRE LOS PROYECTOS DE NACIÓN EN COLOMBIA Y AMÉRICA LATINA EN EL SIGLO XIX. Compilador Humberto Quiceno Castrillón. Cali, Colombia. Universidad del Valle.

VÁSQUEZ, Juan Gabriel. (2015). La forma de las ruinas. Penguín Random House Grupo Editorial, S. A. S. Bogotá Colombia.

WHITE, Hayden. (2010) ¿Culpables de la historia? La longue Durée de Paul Ricoeur. En La ficción de la narrativa. Ensayos sobre historia, literatura y teoría (1957-2007). Eterna Cadencia Editora. Buenos Aires.   

Web grafia

http://repository.javeriana.edu.co/bitstream/10554/6415/1/tesis90.pdf RUIZ, Castro. Maria Claudia. La mirada del otro sobre lo nuestro. Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Literatura Carrera de Estudios Literarios Bogotá, agosto 17 de 2009. 

 

[1]Para este trabajo usaré la Primera edición: noviembre de 2015. 

[2] Nació en Valparaíso (Antioquia) el de abril de 1859. Doctor en Derecho y Ciencias Políticas en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. cargos públicos que desarrollaría se encuentran los de Secretario del Gran Jurado Electoral de Antioquia en agosto de 1881, al paso de tres meses sería elegido Secretario de la Asamblea Legislativa de Antioquia. En mayo del siguiente año sería nombrado miembro de la secretaría de Gobierno y Guerra del Estado, y en diciembre sería el representante del Gobierno de Antioquia en la inauguración del ferrocarril de Puerto Berrio. Asesinado por Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal el 15 de octubre de 1914.

 

[3] (Bogotá, 23 de enero de 19032 — Bogotá, 9 de abril de 1948). fue un político y jurista colombiano, alcalde de Bogotá en 1936, ministro (Educación en 1940 y Trabajo en 1944), congresista (varios períodos desde 1929 a 1948) y candidato a presidente del Partido Liberal a la Presidencia de la República para el período 1946-1950. Un hombre, hipotéticamente, Juan Roa Sierra, lo esperaba en la entrada del edificio y disparó en su contra con un revólver, causándole heridas mortales.

[4] Moreno, Blanco. Juan. (2015). DEL VIAJE A LAS REGIONES EQUINOCCIALES… DE ALEJANDRO DE HUMBOLDT AL ATLAS DE LAS NARRATIVAS CIVILIZATORIAS EN LA NACIÓN COLOMBIANA. EN LA NACIÓN IMAGINADA. ENSAYOS SOBRE LOS PROYECTOS DE NACIÓN EN COLOMBIA Y AMÉRICA LATINA EN EL SIGLO XIX. Compilador Humberto Quiceno Castrillón. Cali, Colombia. Universidad del Valle.

Todos los periódicos de la mañana siguiente hicieron referencia al robo frustrado..

[5] La nueva Novela Histórica de la América Latina 1979- 1992. (Pág. 42)  

 


Sobre esta noticia

Autor:
Gloria Edith Ocampo López (1 noticias)
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