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Prepara Fonoteca Nacional Mapa sonoro de México

09/07/2009 09:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El bullicio de las tonadas tricolor, los vividos ritmos de selvas y desiertos, así como la intensidad de las lenguas y cánticos, son los sonidos que dan identidad a México y con los que la Fonoteca Nacional trabaja para la elaboración de un mapa sonoro. El proyecto "Paisaje sonoro México", tiene el objetivo de encontrar los "soundmarks" de los 32 estados del país, hasta el 2010 con la grabación de los festejos del Bicentenario del Inicio de la Independencia de México y Centenario de la Revolución Mexicana. El término "soundmarks" abarca los sonidos más significativos, tónicas, señales o marcas sonoras, para una comunidad y sus visitantes, según se explica en una nota publicada en el más reciente número de la revista "Quo" México. Con miras a realizar una guía turística, editar discos con las sonoridades de cada estado de la República, enriquecer constantemente un mapa digital y un sito web de consulta, el proyecto gubernamental también tiene que ver con la investigación y la creación artística de diseñadores de audio. La realización en México de paisajes sonoros comenzó en 2004 con un proyecto de Radio Educación, en colaboración con Radio Berlín Brandenburgo y Deutscheland Radio, con el propósito de realizar piezas de creación sonora, a partir de la grabación, con técnicas y tecnologías de vanguardia. Aunque para muchos extranjeros es ruidoso, México en particular, es fundamentalmente sonoro, basta pensar en lo que fundamentalmente lo identifica, como el mariachi, la jarana, los gritos del gasero o la campana del recolector de basura, entre muchos ejemplos. Por ello hacer un mapa sonoro mexicano, explica la publicación, ha llevado varios años aunque ya se concluyó el de Chiapas, San Luis Potosí, Veracruz, Michoacán y el Distrito Federal. Chiapas se identifica, entre otros aspectos, por el sonido de los monos aulladores en la Selva Lacandona, las lenguas tzoziles en una choza o los rezos y cánticos de los chamanes durante una sanación y las cascadas de Agua Azul. Los sonidos que caracterizan a San Luis Potosí, por ejemplo, son el sótano de las golondrinas, el mercado de Xilitla, el huapango de la región, el desierto de Real de Catorce y el rechinido del tren en la estación Wadley. Michoacán habla purépecha, pero también se distingue por el sonido que emiten los forjadores de cobre de Santa Clara, el amanecer en las comunidades rurales, la réplica de las campanas en Morelia y la navegación en la isla de Pátzcuaro. En Veracruz, el bullicio del mar y los barcos en el puerto son característicos, así como el son jarocho, las noches del tablado en Tlacotalpan, las marimbas y el habla de los pobladores en Alvarado. El ruido del Metro, de los vendedores, los camoteros, organilleros, los jóvenes en la calle, el tránsito vehicular y el claxon de los automóviles, son característicos del Distrito Federal. De esta manera, se comprueba que el sonido, como la arquitectura y la comida típica, es un elemento que conforma el paisaje de una región y la diferencía de otra; es parte de su identidad. Se trata de información, valores y rasgos que crean una memoria emotiva y de pertenencia a lugares, grupos sociales o diferencias entre individuos como los ejemplos anteriores. No obstante, para la autora del libro "El canto del planeta", Perla Olivia Rodríguez, a partir del cambio climático, se han perdido algunos sonidos y otros se encuentran en peligro de extinción. El ruido de los camoteros, el afilador de cuchillos, el ropavejero, organillero, el vendedor de agua y 50 de las 62 lenguas que se hablan en el país están el peligro de desaparecer. La autora señala que algunos de los sonidos ya desaparecidos son el canto de los pájaros en Veracruz y Cozumel, debido a la contaminación y el ruido de las fábricas e industrias que modifican su sentido de navegación y les provocan estrés, mutismo y finalmente la muerte. Con estos elementos, han surgido también sonidos emergentes como el deshielo de los polos, el de los osos cuando tratan de agarrarse de un trozo de hielo flotando en el mar, en lugar de sus pisadas en él y los nuevos molinos que aprovechan la energía eolítica.


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