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Profanaciones de tumbas en Israel

18/10/2011 16:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Antonio Hermosa Andújar*

Si ha habido sobre la tierra unpueblo vejado, perseguido, odiado, ése ha sido, por excelencia, el pueblojudío; las palabras urdieron puñales de saña contra él hasta arraigar en laslenguas con la fe delprejuicio. Leo Pinsker lo dejó magistralmente escrito en 1882, al describir ese"odio como una aberración hereditaria del espíritu humano" y exponer lacontradicción interna de unos juicios a los que la posición social del emisorsepara y el objeto unifica: "el judío es, para los vivos, un muerto; para losautóctonos, un extranjero; para los naturales, un vagabundo; para loshacendados, un mendigo; para los pobres, un explotador y un millonario; paralos patriotas, un apátrida, y para todas las clases un competidor odiado".

Territorio habitual en el que el odioreligioso ejercita sus músculos de barbarie es la tumba, un lugar especial enla vida de toda comunidad hasta hoy, dado que, en su materialidad, constituyeel haz de recuerdos en el que los deudos recuerdan a su muerto, pero en cuantolugar simbólico, y según quién sea el sepultado, llega a ser un lugar de culto, funda o consolida una identidad o incluso da origen a un proyecto político, convirtiendo así a la muerte en ese "origen y medio de cultura" del que hablaJan Assmann. La barbarie, que conoce su significado, se halla por eso pronta ahomenajearse con un nuevo aquelarre, y en este punto la historia judía es unmanual en varios tomos contra la racionalidad o la bondad humanas.

imageBenjamin Netanyahu

Quizá por eso ha sorprendidotanto que quienes desde siempre han sido víctimas hayan segregado en su seno laserpiente en grado de cometer con otros tan espeluznante crimen. Pero lasprofanaciones de tumbas cristianas y musulmanas a manos de judíos ortodoxos quedías atrás tuvieron lugar en Israel no se deben a ningún providencialismo ciegocon su carga de ironía de la historia y todo, ni se explican fácilmente con unjuego malabar psicoanalítico que en un plis plas convierte a la víctima enverdugo y que pase el siguiente. Si acaso, dan fe de la continuidad del espíritu humano al que aludía Pinsker y de launiversal extensión delcáncer. Los autores son, sin duda, juguetes del odio, instrumentos de un ciegodeseo de venganza, genes ambos inherentes a su condición de profesionales delfanatismo: pero todo ello es fruto maduro de un proceso colectivo dedeliberación y elección, y no es menester aducir el regodeo con el que celebransus triunfos para demostrar su responsabilidad: su gansterismoreligioso-político es ya una consagrada tradición israelí. Que la profanaciónde tumbas se haya continuado con la quema de dos mezquitas no son, pues, sinogajes deloficio.

La cosa ha sorprendido tanto queincluso parece haber dejado en fuera de juego por un momento al gobierno de B.Netanyahu, que quizá haya querido usar el caso Shalit como cortafuegos contrael océano de desprecio brotado en medio de la sociedad contra esos necrófagos ydel consiguiente incendio de deslegitimidad que se extiende hacia ese granaliado político que es el citado gobierno. Con todo, hablar de sorpresas en este terreno es hablar de magia; equivale a creer que tras años y años de connivencia respecto de sus desmanes, tras haber inoculado en su mente la cultura de la impunidad, habría algúnlímite normativo en grado de retener, o de inspirar contención al menos, a unoszelotes que hacen de su dios de turno cómplice de sus delirios y tutor de susacciones, especialmente las violentas, a las que invisten por tanto en suconciencia con el aura de la sacralidad.

imageFoto: WebIslam

En cualquier caso, Netanyahu hareaccionado con prontitud anunciando castigo para los criminales e intolerancia-que es y, sobre todo, ha sido, la de gran parte de la sociedad israelí en estamateria- contra los intolerantes. Mucho y duro habrá de batallar en estacontienda, máxime si mira en derredor y ve los apoyos de que goza en el propiogobierno y en la sociedad, porque lo fácil en el inframundo religioso no esreaccionar como el rabino jefe de Tel Aviv, que ha calificado la quema de lasmezquitas de "acto criminal" que daña a todos los israelíes, opinión secundadapor la del Jefe del Estado, Shimon Peres. Lo fácil, digo, es reaccionar a lamanera del ex general gobernador o el rabinojefe, sefardí, de la zona, esto es: culpar a musulmanes del incendio de la mezquita.

Mucho y duro, digo, habrá debatallar el gobierno de Netanyahu porque hace tiempo que los árabes sonciudadanos de segunda en Israel, es decir, que no son ciudadanos, aunque siganvotando en las elecciones y eligiendo a sus representantes en el parlamento; lacrisis de la región producida por la revuelta árabe en países vecinos, combinados con elementos específicos del desarrollo de la sociedad israelí ycon otros derivados de la relación con los palestinos, han sacado a la luz elracismo inherente a la confesionalidad de Israel: a su autoproclamación comoEstado judío (en mi opinión, se trata de un rasgo inmanente a todo Estadoconfesional, por lo que se habría producido igualmente en cualquier otro país).Finalmente, mucho y duro se habrá de batallar porque la convicción de laimpunidad a la que antes aludí hace que los colonos ya no necesiten motivospara proseguir su guerra santa por su cuenta: en toda ocasión que considerenlesionados sus derechos recordarán a los culpables mediante la destrucción desus bienes o de sus vidas cuál es el precio a pagar por haber osado violar lavoluntad divina que en ellos encarna.

Profanar las tumbas es infligiruna segunda muerte al muerto, pero también dar forma a un deseo respecto qué sequiere hacer a los vivos, así como formular un juicio sobre cuál es para elperpetrador del delito el valor de la cultura mancillada o de las personas quela profesan. Mas es asimismo un juicio sobre el delincuente, y lo que esejuicio nos dice delactor es que se ha situado fuera de la humanidad. Desde la sociedad israelí y desdesu gobierno, por ello, se deberán unir fuerzas; no ya para convencer a loslunáticos de la existencia de otras razones diferentes de las suyas, ya que lasinrazón no entiende (por parafrasear libremente a Pascal); ni, menos, paraintentar persuadirles de la falsedad de sus creencias. Pero sí para impedirlesque continúen imponiendo impunemente su visión del mundo o que articulen sus creencias enuna política. De lo contrario, el monstruo pronto se quedará sin más democraciaque devorar.

*Escritor y académico español.


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Fuente:
guadalupelizarraga.blogspot.com
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Reportaje
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