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La prole va de compras a Soriana

04/07/2012 16:38 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esa gente que atesta los pasillos es la que vendió su voto el domingo primero de julio de 2012 y que ahora cobra su miserable salario

La prole va de compras a Soriana

Juan Norberto Lerma

(Imagen tomada de la página: http://www.adnpolitico.com/2012/2012/07/03/anonymous-tira-pagina-de-soriana-por-supuesta-ayuda-al-pri )

Son las siete con treinta del martes dos de julio. Por los pasillos de Soriana El Salado, deambulan manadas de seres humanos. Se atropellan festivos, se miran con envidia las mercancías que llevan en las manos. Los carros para transportar mercancías son insuficientes. Los visitantes habituales descubren que en la tienda hay una masa inusual que impide el paso.

Una horda compuesta en su mayoría por mujeres y niños me embiste y tengo que hacerme a un lado. De golpe estoy en el modulo de información. Lo atiende una muchacha de pelo amarillo, le pregunto por qué hay tanta gente. Me responde con indiferencia que ‘parece que les dieron una tarjeta’. Le digo que si tiene algo que ver con las elecciones, la muchacha sonríe, deja de teclear y se vuelve a mirarme, me dice que sí y sonríe como si me hubiera dicho una verdad evidente y yo fuera ingenuo.

Entiendo que esa gente que atesta los pasillos es la que vendió su voto el domingo primero de julio de 2012 y que ahora cobra su miserable salario. Me digo que todos ellos conforman el rostro de la corrupción y casi con desesperación pienso que porqué no se aparece alguien interesado en filmarlos o en publicar una nota periodística. Sería casi como sorprender a un funcionario corrupto que se gasta el dinero que le arrebata al erario. Sin embargo, no aparece nadie que documente lo que ocurre. Nadie los fotografía o filma, compran impunemente.

Avanzo por el pasillo y donde quiera estorbo, tengo ganas de regresar por el café otro día. A la mitad de uno de los pasillos hay una aglomeración y una fila enorme. La mayoría son mujeres maduras. En uno de los pilares hay un aparato con una pantalla que instalaron de última hora. Me acerco a curiosear y veo que una mujer inserta una tarjeta y recorre la cinta magnética en el dispositivo. El aparato no reacciona, ella insiste dos veces más y luego se vuelve a mirar a las demás decepcionada, mueve la cabeza y agita las manos. Las otras miran hacia otro lado que no sea la amargura dibujada en el rostro de la mujer de la tarjeta. La primera mujer entiende que estorba, que su tarjeta no tiene saldo.

Por encima de las cabezas miro a otra mujer realizar la misma operación, menciona una cantidad y en los rostros de quienes la rodean aparece una sonrisa de satisfacción. Le abren paso para que se encamine a los pasillos.

En todas las áreas de la tienda reina la confusión, se escucha la voz de la señorita que atiende el módulo pidiendo que las cámaras vigilen tal o cual departamento. En los estantes, muchos de los productos han desaparecido. En el pasillo de las pastas no se pude caminar, un embotellamiento de carros de supermercado bloquea el paso. En el andador del café sólo quedan los letreros, el azúcar ha desaparecido.

Por aquí y por allá hombres y mujeres conducen carros atestados de mercancías, otros que no alcanzaron carros, arrastran en cajas de cartón los productos que compraron. En un pasillo encuentro una garrafa de jugo y me la llevo antes de que me la arrebaten, hago un giro deportivo y quedo de cara a la leche en polvo. Me apodero de un bote cualquiera.

Las filas de las cajas están desbordadas. Además, de sólo mirar los carros atestados da flojera. Me formo y lo tomo con calma, de cualquier forma tengo la posibilidad de dejar los productos en cualquier rincón y salir sin comprar nada. Pero quiero quedarme y mirarle el rostro a esta gente que vendió su voto y está comprando.

"Quiero quedarme y mirarle el rostro a esta gente que vendió su voto y está comprando"

Para ellos es un día más, uno cualquiera, no pasó nada en el país, ayer no tenían el dinero que están gastando ahora y en cuanto lo tienen en las manos lo dilapidan. Muchos ni siquiera obtuvieron el dinero que esperaban.

Escucho por el altavoz que hay una fila para quienes llevan menos de diez productos, le pregunto a una muchacha vestida con el uniforme de vigilante el número de la caja en que debo formarme, apenas me escucha, me acerco y me grita que es en ‘la de la orilla’. ‘Qué numero’. ‘La de la orilla’, y mueve la mano para indicarme donde es la orilla.

La fila de la orilla es la caja uno. Me formo. Delante de mí hay poco más de cien personas. Para asegurarme que es la fila correcta la recorro desde el principio y compruebo que hay personas con carros que rebasan los cincuenta productos y que algunos incluso llevan más. Pienso que si no tuvieron pudor para vender su voto, menos lo tendrán para acatar las indicaciones de la tienda: ‘menos de diez productos en la caja uno’.

No les importa, están acostumbrados a quebrantar el orden y, la legalidad, les da lo mismo. Los miro y cada vez me convenzo que ese es el rostro de la corrupción. El lado bien presentado, son los políticos corruptos, estos de aquí sólo son los que hacen el trabajo sucio y les da lo mismo ser usados. Tienen lo que quieren.

Estos que asisten a la tienda no son gente desamparada, o de la que se muere de hambre, algunos vienen en carro. Están vestidos decorosamente, seguro ganan entre seis y diez mil pesos mensuales, ayer vendieron su voto por una cantidad que oscila entre los cien y setecientos pesos. No los necesitaban, no son indigentes.

Son corruptos, son gente amaestrada por la televisión y la clase política corrupta que impera en el país, gente inoculada por el virus del priísmo corruptor y de delincuentes. Ellos son el resultado de setenta años de gobiernos inmorales. Son ellos quienes sostienen el régimen por apatía e ignorancia. Son el ejemplo de la cultura del ‘vivo’, seguro si alguien se descuida le quitarán el lugar en la fila. Son ingeniosos en lugar de inteligentes, por eso son masa y nunca individuos.

Buscan llegar a empujones a la caja, pasan sin pedir permiso, empujando con el cuerpo, animales entre animales. Sin embargo, no dan tristeza, tienen lo que se merecen, una tarjeta para llenar un carro de supermercado. Aquí está lo que no quieren ver los reporteros orgánicos, lo que no quieren aceptar los locutores estrella orgánicos. Sin embargo, en un país plagado de medios de comunicación alineados y cínicos, esto no es noticia y hay quien hasta se atreve a decir que esta realidad es un cuento chino.


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Lermanorberto (28 noticias)
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Usuario anónimo (06/07/2012)

claramente aqui se ve que todos los jodidos tienen un precio, y ese precio es comer unos cuantos dias a comparaciòn de los años que nos esperan.

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Rogelio (09/07/2012)

tristemente es la realidad de nuestro pais, muchos se venden al mejor postor por casi nada; muy poco vale su dignidad y carecen de escrúpulos; es una lástima el ejemplo que le dan a sus hijos.