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La promoción mecánica de aprendizajes significativos

24/08/2012 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por José Castillo Baeza

Entré en el salón de clase pasados quince minutos de la hora. Todavía no terminaba de sentarme cuando escuché a la instructora del curso decir esto: "Maestros: a muy pocos alumnos les gusta leer ¿para qué nos perdemos en la teoría?, el conocimiento ya no es un fin sino un medio". Quise salir corriendo inmediatamente, como casi siempre me ocurre en los cursos-taller de formación y actualización docente, sólo que esta vez mi sentimiento no era de aburrimiento sino de coraje.

De pronto, la instructora continuó: "No debemos marcarle a los alumnos leer toda la información acerca del ciclo del agua, es mejor llevarlos al laboratorio, mostrarles qué sucede cuando se calienta el agua y ¡listo! ¿Para qué tantas páginas y páginas si nosotros como docentes podemos sintetizarles la información? Los tiempos han cambiado, maestros".

Y cuando pensaba que ahí terminaría el asunto, una profesora alzó la mano para pedir la palabra: "Tiene usted razón, maestra, yo doy clases de literatura en la prepa y no encuentro la manera de sintetizar tanta información. Además soy hiperactiva, tengo que estar haciendo cosas y mis alumnos siempre están haciendo cosas. Es la verdad, casi a nadie le gusta leer". La clase terminó con una "reflexión" grupal, enmarcada en las sonrisas entusiastas de los profesores, sobre la importancia de promover aprendizajes significativos en los estudiantes de preparatoria.

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"Aprendizaje significativo" es probablemente el par de palabras favorito y más citado entre profesores, directivos, coordinadores y diseñadores de currículum. Y es que si bien han pasado más de cuarenta años desde que Ausubel puso la primera piedra de todo el andamiaje teórico que vendría después en torno a las teorías constructivistas del aprendizaje, pareciera que en todo ese tiempo, no se ha hecho más que mecanizar procesos con tal de fabricar recetas para profesores. Algo muy grave tiene que estar sucediendo con la educación cuando vemos a instructores-formadores —como la profesora de mi curso de actualización—decir a los docentes que la promoción de aprendizajes significativos responde más a una mutilación de los legados científicos, filosóficos y artísticos de la humanidad que a la verdadera contextualización y acercamiento de éstos hacia nuestros estudiantes.

Es grande el peligro de asimilar la noción de "aprendizaje significativo" —tal como se hace en muchas instituciones—y adoptarla en los planeamientos docentes sin una mínima dosis de reflexión: corremos el riesgo de formar estudiantes que desdeñen el conocimiento teórico y abstracto, la investigación que no ofrezca resultados pragmáticos, las ciencias del lenguaje o la filosofía.

A diario podemos ver en las aulas la actitud general de los estudiantes ante lo nuevo: interpretan lo desconocido en función de su inquebrantable visión del mundo; el alumno parece cuestionarse: "Esto que me están enseñando ¿es congruente con lo que pienso? No, entonces a la basura", y rechaza la oportunidad de conocer otras lecturas de la realidad distintas a la suya. Y si encima de eso, el profesor —en aras de querer acercar y contextualizar el conocimiento para que éste embone con el que el estudiante tiene— busca sintetizar la información o acudir a los libros solamente con el objetivo de tomar de ellos lo que sirve para la tarea, entonces el resultado es la formación de un individuo pragmático que sabe hacer cosas, que sabe indagar información pero qué no aprenderá nunca a saborear el conocimiento en sí mismo ni se formará una sensibilidad estética.

No se trata de ponernos nostálgicos y añorar una educación humanista que no volverá, ni tampoco pretender que todos nuestros alumnos de preparatoria terminen siendo filólogos; no se trata de querer aferrarse al pasado o vivir idealizando épocas que no son las nuestras, pero tampoco podemos permitirnos entender un ser humano mecanizado, eficiente, utilitarista, incapaz de leer un libro porque sí o de hacer algo por el mero gusto de hacerlo; no podemos permitir la mutilación de la sensibilidad y el amor por el conocimiento en sí mismo bajo la justificación de que las nuevas generaciones han cambiado radicalmente y que, por lo tanto, debemos adaptar la enseñanza a esos cambios. Pensar, sentir, ver una pintura, dibujar una libélula o mojarse en la lluvia son acciones que legitiman nuestra humanidad y su naturaleza inquieta, curiosa, lúdica.

El arte y la literatura (además de las asignaturas propias en las que se encuadran) son transversales en cualquier sistema curricular si se piensan como los pivotes para una educación de nuestra subjetividad que, hoy por hoy, se encuentra borrada completamente en los enfoques educativos y aún en la vida cotidiana contemporánea. Hay en la metáfora, en el cuento, en la novela, en la poesía, en el mito, significaciones y sentidos complejísimos que no caben en etiquetas como "declarativo", "procedimental", "actitudinal". Bajo los postulados del "aprendizaje significativo" los docentes buscan recetarios bajo los cuales prevalece una insistencia absurda en buscar que el alumno "aplique" todo aquello que se aprende, "aterrizar" la teoría y confiar ciegamente en la no siempre verdadera proposición de que el estudiante tiene que "hacer cosas" para aprender. En todo este contexto ¿dónde ha quedado la función de la educación como promotora de la libertad interior del individuo?

Si los profesores insistimos en interpretar la noción de aprendizaje significativo bajo estos presupuestos, lo que en el fondo estamos potenciando es la idea de que aprender significa congeniar conocimientos nuevos con la visión del mundo que el aprendiz tuviere, cuando quizá lo que deberíamos promover sería precisamente lo contrario: más allá de una visión particular del mundo, existen otras que enriquecen el bagaje cultural de la humanidad y, sobre todo, afirman la existencia del otro.

Pascual Casañ Muñoz, en su libro Los orígenes del pensamiento europeo, comenta cómo los resortes económicos de la época medieval frenaron el avance de las ciencias y la filosofía durante todo este período: "La inexistencia de auténticas ciudades en el mundo occidental y la subsistencia a partir de una economía eminentemente rural condicionaron el hecho de que el alumnado no sintiera la necesidad de ir más allá de los conocimientos más elementales y útiles para desenvolverse en el quehacer cotidiano y, como consecuencia, que el profesorado ni sintiera esa necesidad, ni pudiera despertara". Quizá esté sucediendo algo similar con nuestro tiempo y estamos todavía muy lejos de eso que el humanista renacentista italiano Giovanni Pico della Mirandola llamó la dignidad del hombre.

Un maestro muy querido nos planteó una vez lo siguiente: "imagina que conduces tu auto en medio de un paisaje completamente en penumbras. La única luz disponible proviene de los débiles faros del coche, y te aferras a que ella te muestre la carretera. Sin embargo, es imposible que veas algo más allá de ese par de focos amarillos. Pues bien: ese paisaje oscuro es la realidad y la débil luz con la que te mueves a través de él es el lenguaje. Pero de pronto, un relámpago resquebraja el cielo y su resplandor te muestra, por unos segundos, los montes a tu alrededor, las montañas en el horizonte, las nubes negras en el cielo... ese relámpago es la poesía".

La pregunta es obligada: ¿En qué formato didáctico la acomodo?

josecastillobaeza@gmail.com

Por esto!, 23 de agosto de 2012.


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
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Reportaje
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