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Soy propenso a detectar simetrías y “chiripadas”: Jorge F. Hernández

09/02/2012 09:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jorge F. Hernández (Ciudad de México, 1962), autor de un florilegio de cuentos, ensayos y novelas, reveló esta tarde aquí que desde niño ha sido propenso a detectar simetrías y “chiripadas”, o como las llamó Bioy Casares, “coincidencias inútiles”, que se le aparecen aquí y allá. Entrevistado con motivo de la reciente publicación de su libro “El álgebra del misterio”, el autor mencionó que es una selección de cuentos cuya mayoría ha leído en público, y aunque admite que se avergonzaba de ellos, mucha gente le preguntaba dónde conseguirlos y él se los mandaba vía correo electrónico. Ahora, el Fondo de Cultura Económica (FCE) ha tomado un ramillete de esos cuentos de color, tono y textura variopinta y los ha editado dentro de su serie Letras Mexicanas. Es una coedición con la Universidad Iberoamericana que ya está en las mesas de novedades de librerías, dentro y fuera de México. Jorge: “Creo en las coincidencias, y los cuentos son coincidencias, sincronías o chiripadas que he vivido. Me gusta contar el cuento de los enanos, que me regaló Eliseo Alberto, quien fue como mi hermano mayor, porque al contarlo me voy haciendo chiquito y ahora, por fin la gente lo puede leer en este libro”. Los 14 “cuentínimos”, comentó Hernández, vienen de su vida. “De niño, mi papá creía que íbamos a ganar mucho dinero porque yo soñaba números y él compraba billetes de lotería; nunca ganamos nada, ni el reintegro. A lo mejor, el número que soñé era de la casa de un amigo que me invitó a comer ese día”. De esa forma y a través de los años, de sus experiencias de vida, sus viajes, las personas que ha conocido y todo el mundo que ha observado, el entrevistado se ha topado constantemente con coincidencias en los números telefónicos, en fechas entrañables, nombres de amigos y sueños que se prolongan en vigilia. El libro “El álgebra del misterio”, abundó, es también una celebración a la amistad. Y ejemplificó lo anterior al señalar que el cuento “Enigmas sueltos” está dedicado a su amigo Philippe Ollé-Laprune, escritor, poeta, promotor cultural y hoy director de Casa Refugio Citlaltépetl. El FCE y la Ibero no se dieron cuenta que al publicar el libro, dijo, “me están permitiendo celebrar la vida, porque hace siete meses tuve un infarto y estuve al borde de la muerte. Esta es una manera de decir aquí sigo y vienen muchos cuentos por delante, por eso todos los textos están dedicados a amigos míos”. En ese sentido, el entrevistado va aun más allá. “Este año quiero terminar otro libro en el mismo tono de desparpajo, pues aunque he escrito tras cosas, en algunas no me parezco a mí mismo. Soy muy desmadrozo y me gusta tomar las cosas con ligereza, y en lo sucesivo seguiré sacando de estos cuentos”. En su libro escribió: “Diario me baño con agua de azar y descubro constantes confirmaciones de que los equívocos sin importancia que conoce Antonio Tabucchi y las apariencias que me unen a Antonio Muñoz Molina, más allá de sus letras perfectas, no sólo existen sino que flotan entre la realidad y los deseos. “Desde siempre, y a diario, envuelto en las magias impredecibles del azar, expuesto a los vaivenes accidentales de lo cotidiano y propenso a las sincronías inexplicables, procuro sosegar las euforias que generan este tipo de epifanías y mantener una suerte de serenidad ante la adrenalina que puede generarse con tan sólo imaginar un buen párrafo en la cabeza. “O con sólo cruzar una mirada irrepetible o escuchar una frase que en ese instante se vuelve eterna. Sucede con las personas y con los párrafos, con la pluma fuente, la calle empedrada, la trompeta de Louis Armstrong o las partituras desconocidas de Jan Sibelius”, sostiene el portentoso cuentista. Y añade: “Está en los asientos vacíos de un tranvía en Lisboa y en las desconocidas montañas de Perú. No tiene valor comercial ni cotiza en la bolsa de lo que llaman valores, no se puede cuantificar ni encasillar dentro de los estrictos cánones de cualquier credo. Es una felicidad etérea, una luminosidad oscura”. Rodo lo anterior, explicó Jorge F. Hernández, “es algo muy parecido a la lectura y es lo que convierte a los besos en uno y el mismo, interminables… en el álgebra del misterio”. De ahí el título del libro de historias de distintas temáticas que remiten sólo a una, la existencia de lo fantástico y su presencia en la vida diaria.


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