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A propósito de la exposición estamos solos desde ayer de Miguel Ángel Ojeda*

11/02/2012 07:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Por Ronaldo González Valdés

Inevitable: la ondulación del trazo de Miguel Ángel Ojeda nos recuerda a Salvador Dalí. Pero, ¿qué sino intertextualidad, diálogo de estilos, es la creación artística, es la historia del arte? A uno le gusta una obra, un estilo, una narrativa plástica, porque le gusta . Y con eso basta. El mismísimo Benedetto Croce nos dice categórico en su Estética que el arte es gusto, y es también una forma de conocimiento; lo es, sin embargo, por la intuición: no por la razón reflexiva ni por la gracia de epistemología alguna. El arte expresa emociones, sentimientos, éxtasis, estados del alma. Por eso nos transporta a la libertad suprema, a esa dimensión en la que somos uno solo con el creador, con su espontaneidad, con su condición de demiurgo.

Eso nos ocurre con Miguel Ángel Ojeda. Con él flotamos en ese mundo de curvas sin fin, de movimiento telúrico incesante, aunque, cosa curiosa, calmo y confortante.

De pronto nos vemos llevados a ese plano onírico en el que la banda regional ocurre y resuena junto a los novios flotando en un cielo azul estrellado.

Un poco de delirio plástico acá, otro poco de calidez próxima a nuestros corazones. Las figuras oscilantes de los templos, los árboles, los pisos y suelos, las calles en pendiente que se pierden en una lontananza paradójicamente cercana y no remota: cercana en la perspectiva del texto de la obra y cercana a nuestro sentimiento y querencia coloquial, a nuestra más íntima sensibilidad matria.

¿Y cómo no ser saludablemente matriotas con la maravilla del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, del Santuario de nuestras clases de catecismo, del Santuario de nuestra infancia feliz e indocumentada, del Santuario ondulado con sus nubes pequeñas, sus nubecitas tiernas (tan-hijitas-de-su-madre), rodeándolo, escoltándolo para contrastar con el azul-cielo-oscuro-del-oscuro-cielo-azul de Culiacán.

Cielo rosa fulgurante, fantasía de un eclipse lunar que arroja luz en vez de sombra sobre el terruño idealizado, recreado, curvado.

Hay en Miguel Ángel Ojeda una narrativa plástica. Una narrativa que selecciona significados y significaciones. Hay una gramática y una semántica. Su pincel plasma contenidos universales por regionales: son las viejas casonas y calles serpenteantes. Son el árbol follajoso y el árbol seco en un perpetuo fundirse con los cielos y las nubes rosas, cafés, naranjas y esplendentes, blandas, acojinadas y tiernas.

Es el paisaje de nuestra provincia y de todas las provincias: de las provincias históricas y geográficas, de las provincias físicas y de las provincias del espíritu.

Son los chiquillos con sus gatos comunes, ordinarios y, eventualmente, erizados como se erizan los gatos: como se erizan nuestros gatos. Los novios, otra vez, ascendiendo a los cielos, al éter (que como buen éter debe ser eter no) acompañados por los globos del infantil festejo inmotivado desplegándose en un tiempo que es como un niño jugando al tric-trac. Lo dicho: son contenidos universales por regionales, son contenidos que habitan nuestras geografías interiores, nuestros mapas íntimos y más entrañables.

Hay en la obra de Miguel Ángel también una estructura narrativa, una forma que propone sus contenidos en una representación que, siendo figurativa, trasciende al realismo y al costumbrismo. Se trata, acaso, de un engaño del autor: de un figurativismo mágico, de un figurativismo figurado, de una figuración del figurativismo .

Trompetas y tubas voladoras. Kioscos delirantes en su oscilación. Un instrumento: el pincel recto, de perfecta geometría. Una representación: las cortinas onduladas de ventanas onduladas por la ondulada brisa de una noche también ondulada.

Igual que los cachos de cielo nocturno que se abren, estrellados, en medio del cielo diurno, brillante y apastelado en uno de los lienzos de Miguel Ángel, uno esperaría que se abrieran rendijas que descubran fulgores creativos de nuestra olvidada emoción, de nuestra subordinada naturaleza humana, de nuestra aherrojada libertad. Eso nos ofrece, para empezar a cantar, la exposición que hoy compartimos con el artista: una decantada muestra de un estilo plástico que se abre paso entre los breñales enmarañados de nuestros solares íntimos y extraños, ajenos y propios.

Vale pues mi estimado Miguel Ángel. Las imágenes de tus cuadros pueden decir nostálgicamente, tal y como reza el título de tu exposición: Estamos solos desde ayer. Pero tu obra se acompaña del sentimiento, el gusto y la emoción solidaria de todas tus amigas y todos tus amigos, prosélitos y seguidores esta redonda, esta curva, esta ondulante y oscilante noche de tu Culiacán querido.

¡Enhorabuena y muchas felicidades admirado amigo!

*Texto leído por el autor la noche del 8 de febrero de 2012, en el Museo de Arte de Sinaloa (MASIN), en la inauguración de la exposición Estamos solos desde ayer del pintor culiacanense Miguel Ángel Ojeda.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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