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Propósitos para el 2013: releer la obra de Amartya Sen

01/01/2013 16:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Releer a Amartya Sen y aislar los elementos primordiales en la construcción de la crítica al bienestarismo de autores como Bentham, Stuart Mill y Keynes su pensamiento y su influencia en la narrativa anti keynesiana actual, es urgente en el 2013

Propósitos para el 2013: releer la obra de Amartya Sen

Por: Teresa M.G. Da Cunha Lopes

En este inicio del 2013, una de las constantes es el sistemático ataque a la sociedad del bienestar, ataque contra el cual me posiciono frontalmente. Uno de los autores que ha repensado la noción de bienestar (otro autor importante es Charles Taylor ), no sólo desde su campo específico de la Economía, sino también, de la Filosofía, es Amartya Sen . Me parece ser de suma importancia, releer a Amartya Sen y aislar los elementos primordiales en la construcción de l a crítica al bienestarismo de autores como Bentham, Stuart Mill y Keynes su pensamiento y su influencia en la narrativa anti keynesiana actual, que captó su defensa de la “justicia social”, sin entender que esta sólo puede ser alcanzada a través de un sistema incluyente, basado en el respecto de los derechos del individuo y económicamente pujante.

Rastreando sus publicaciones, observamos cómo ha ido ampliando su campo de investigación, desde un primer interés por la insuficiencia del óptimo de Wilfrido Pareto, aplicada al utilitarismo tanto en su aplicación moral como económica, hasta una crítica al bienestarismo y la elaboración de una nueva defensa de la justicia social.

En la obra “ Utilitarianism and beyond”, Amartya Sen define el utilitarismo de esta manera: “es la intersección de dos distintas clases de teoría. Una es la teoría de la manera correcta de valoración o asignar valor a estados de cosas, y esto conlleva que la base correcta de valoración sea el bienestar, satisfacción o que la gente consiga lo que prefiera. Esta teoría, un componente del utilitarismo, se ha llamado bienestarismo. El otro componente es una teoría de la acción correcta, que dice que las acciones deben escogerse de acuerdo con los estados de cosas que son sus consecuencias: a ésta se le ha llamado consecuencialismo. El Utilitarismo... recomienda la elección de una acción según sus consecuencias, y una valoración de las consecuencias en términos de bienestar”.

A partir de esta definición, Sen señala varias características más. En primer lugar, la estrecha visión de la persona que el utilitarismo clásico de Jeremy Bentham y de John Stuart Mill, maneja: ésta sólo es considerada como el lugar de localización de sus respectivas utilidades, dejando de lado todo lo demás. En función de esas utilidades y su cumplimiento se establece la corrección de los estados de cosas.

Fijémonos, tal como señala Sen, que lo que valora este principio no son las acciones del individuo -como hace toda la moral clásica, incluido el eudaimonismo de Aristóteles, en el que los actos virtuosos ocupan un lugar central- sino los estados de cosas ( states of affairs ). Esto lleva implícita una despersonalización de la moral y de la pérdida de valor de las intenciones y motivos del agente a la hora de evaluar la moralidad de sus acciones. Sólo cuenta lo externo, los estados de cosas, y de estos, sólo los que se refieren a la utilidad. Esto, en palabras de Sen, “impone una restricción informacional al hacer juicios morales sobre estados alternativos de cosas. Deja fuera de consideración toda la información que no “sea de utilidad.”

Por una parte, pone de manifiesto esta restricción informacional (que se podría corresponder con lo llamamos -siguiendo a Aristóteles- reducción de los medios a fines) y, por otra, lo que él llama reducción, que consiste en tratar y considerar por igual todos los intereses, ideales, aspiraciones y deseos de los individuos, sin diferenciarlos.

Tal reducción en la información se aplica a los juicios de valor y repercute en que el consecuencialismo sea bienestarista: sólo se tienen en cuenta aquellos estados de cosas que conduzcan a la felicidad o al placer. Junto a este consecuencialismo, otro rasgo que lo caracteriza es lo que él llama “ sum ranking “ -ordenación por suma-, o suma de las utilidades de todos los miembros de la sociedad donde se pierden la identidad del individuo y su separabilidad. Este elemento es especialmente claro en la doctrina de Bentham. Por eso, Sen pone en duda la suficiencia de la información de utilidad para emitir juicios sobre estados de cosas, y propone una teoría pluralista, no monista, que contemple otros elementos, junto al de bienestar, a tener en cuenta a la hora de valorar la corrección o bondad de los estados de cosas.

En su libro “ Bienestar, justicia y mercado” , recopilación de varias conferencias, Amartya Sen ofrece una elaboración de esta teoría pluralista junto a una nueva propuesta del contenido del bienestar.

No deja de reconocer la importancia del bienestar, pero alega que hay que considerar, aparte de éste, otras variables en el análisis moral. “ Las personas tienen otras facetas además del bienestar. No todas sus actividades se dirigen a maximizar el bienestar (ni sus actividades siempre contribuyen a él), independientemente de cuán generosamente definamos el bienestar dentro de los límites de ese concepto general. Hay otras metas además del bienestar y otros valores además de las metas ”.

Una de esas facetas es la de ser agente (agency) , con la que están relacionadas los conceptos de autonomía y de libertad personal, que van más allá de las consideraciones de bienestar, pero que guardan relación con él.

¿Que deberíamos, entonces, entender por bienestar, según Sen ? Si se le identifica con la utilidad (como postula el utilitarismo), habría tres maneras de considerarlo: 1.- como elección, 2.-como felicidad o 3.-como satisfacción del deseo .

En la idea de bienestar concebido como elección, ve el inconveniente de que: “ la mezcla de motivaciones hace difícil formarse una buena idea del bienestar de una persona tomando como única base la información que da esa elección”.

También es insuficiente el modo de representar el bienestar como felicidad, ya que deja de lado las valoraciones personales y por su carácter de estado mental puede originar errores. Su examen de la satisfacción de deseos, que también es un estado mental, pone de manifiesto que una cosa es desear y otra distinta valorar, por lo que, esta explicación por sí sola es insuficiente, ya que parte de una identificación entre ambos. De esta manera puede adelantar la siguiente conclusión: “Al rechazar las pretensiones de la utilidad para representar el bienestar, hemos presentado esquemáticamente la necesidad de una concepción alternativa.”

Amartya Sen, diferencia dos ideas:1.- tener una “buena posición” y, 2.-estar “bien” o tener “bienestar”.

La primera alude a la capacidad de disponer de cosas externas, a la opulencia; la segunda, en cambio, se refiere a algo interno susceptible de ser alcanzado por el propio esfuerzo personal.

Antes de abordar “una concepción adecuada del bienestar”, advierte que hay que evitar los peligros que se derivan de adoptar o bien “una concepción básicamente subjetivista en términos de alguna de las medidas de utilidad como estado mental”, o bien un criterio objetivista totalmente neutral respecto a las diferencias específicas de cada persona. Su propuesta tendrá en cuenta ambos aspectos, los personales y los objetivos. Una vez aclarado esto, afirma que “la característica primaria del bienestar cabe concebirla en términos de lo que una persona puede “realizar”, tomando ese término en un sentido muy amplio”. Esas realizaciones pueden ser tanto actividades como estados de existencia o de ser, y a su conjunto lo denomina vector de realizaciones. Estas realizaciones no deben identificarse con los bienes (que aquí concibe como bienes materiales) ni con la felicidad.

Sen concibe la felicidad -a la manera utilitarista- como un estado mental agradable y por eso la somete al bienestar.

Entiende este último como algo más amplio que incluiría, entre otras cosas, la felicidad: “La felicidad puede ser una parte valiosa del bienestar y ser feliz es ciertamente una realización de gran importancia, pero hay otras realizaciones importantes que no son congruentes con la felicidad y para las que la felicidad no puede servir como subrogado, especialmente en las comparaciones interpersonales... La necesidad de identificar y valorar las realizaciones importantes no se puede evitar examinando otras cosas tales como la felicidad, la satisfacción del deseo, la opulencia o la capacidad para disponer de bienes primarios”.

Con esta amplia consideración, es bien verdad, su propuesta ofrece el pluralismo informacional que faltaba al utilitarismo.

A esto añade, ampliando su concepción hasta ahora aproximativa del bienestar, la atención a las capacidades personales de conseguir unas determinadas realizaciones; al conjunto de tales capacidades lo denomina libertad de bienestar . La introducción de este nuevo elemento es importante porque no pueden valorarse de la misma manera las realizaciones que han logrado distintas personas si las capacidades que poseía cada una para realizarlas no han sido las mismas, y, por tanto, tampoco lo ha sido la consideración global de sus elecciones.

Sin embargo, aún es más importante la libertad de ser agente, pues “contempla cualquier cosa que la persona, como agente responsable, decida que habría de conseguir” , de la cual sólo es una parte la libertad de bienestar.

La persona no se reduce a la búsqueda de bienestar, sino que en ella hay otras metas y valoraciones. Y todo eso forma su bien individual.

Ambas facetas, la libertad de ser agente responsable (con unos propósitos y elecciones concretos) y la libertad de bienestar (capacidades de realizaciones de bienestar) no se excluyen, aunque sean distintas, es más, deben complementarse y aportar toda la información necesaria, ya que tomada cada una por separado, son insuficientes: “A riesgo de simplificar mucho se puede decir que la faceta de bienestar es importante para evaluar el provecho que saca una persona, mientras que la faceta de agente es importante para evaluar lo que una persona puede hacer en relación a su concepción del bien . La capacidad de hacer más bien no tiene por qué ser provechosa para la persona”.

¿Hay prioridad de una sobre la otra?

No parece que sea así, a juzgar por las palabras de Amartya Sen: “Tanto la libertad de bienestar como la de ser agente tienen una importancia decisiva -aunque distinta- en la valoración de estados y acciones. Y la base informacional de la concepción moral explorada en estas conferencias no puede, en general, prescindir ni de la información sobre el agente ni sobre la que se refiera al bienestar -tanto en la forma de consecución como en la de libertad. Estas conferencias se han centrado en gran parte en examinar estos elementos informacionales plurales y sus respectivos roles en la valoración y el juicio morales”.

Coherente con su deseo de ofrecer una teoría pluralista, no monista, que diera razón de la valoración moral de las acciones y de los estados de cosas, Sen amplía el concepto de bienestar, sin caer en la trampa de considerarlo como lo único relevante en el ámbito moral y político.

Debe completarse, según él, con la consideración de la faceta, más interior y personal, de ser agente. Cada una de ellas tiene su ámbito propio diferenciado, pero no completamente independientes respecto al otro, so pena de caer en errores reduccionistas acerca de la persona humana. “La faceta de bienestar puede ser especialmente importante en algunos contextos específicos, por ejemplo, al hacer provisiones públicas para la seguridad social o al planificar la satisfacción de las necesidades básicas. Al juzgar lo que una persona puede esperar de las estructuras sociales, las exigencia de bienestar (y, en el caso de adultos responsables, también la libertad de bienestar) pueden ser de gran importancia. Por otro lado, en muchos asuntos de moral personal, la faceta de ser agente y la propia responsabilidad hacia los demás pueden ser esenciales. Tanto la faceta de bienestar como la de agente exigen atención, pero lo hacen de modos diferentes, con varia importancia según los diferentes problemas.”

Para completar su propuesta simplemente haremos constar que su criterio de justicia es el de promover la igualdad de capacidades, puesto que sólo éstas representan la libertad real de elegir los modos de vida.

Amartya Sen ha buscado un camino intermedio entre el objetivismo y el subjetivismo, entre el consecuencialismo y el de ontologismo, con elementos de esta postura en su concepción de bienestar. A éste le da un papel prácticamente equiparable al de ser agente, aunque ampliando previamente la noción de bienestar.

No considera adecuada, por otra parte, la noción de felicidad, precisamente por las connotaciones recibidas del utilitarismo. Sin embargo, ni siquiera se plantea la posibilidad de entenderla de otra manera -al modo aristotélico, por ejemplo- como aquella noción más completa que incluya, aunque sin reducirse a ellas, las realizaciones materiales y el cultivo de la bondad moral.

Quizá esto sería caer en el monismo que él duramente critica en los utilitaristas como una visión reduccionista. La noción de bien humano, a la que tiende teleológicamente cada persona, tampoco es contemplada por Sen y viene a sustituirla por la de una concepción individual del bien, que cada uno se crea y cuyo origen es el ser agente moral autónomo. A pesar de ampliar notablemente la concepción de la persona humana con respecto al utilitarismo, encontramos a faltar una base antropológica, la naturaleza humana, que diera razón de la complementariedad de las dos facetas propuestas.

En la obra de Amartya Sen aparece un paradigma de una tendencia actual muy extendida, presente ya en Stuart Mill: la de la de ampliar de tal manera el concepto del bienestar que éste pueda justificarse teóricamente como fin último de la política, de la economía y de la vida humana. Sen deja la puerta abierta -porque cada uno tiene su propia concepción de bien- a la posibilidad de valorar otras cosas por encima del bienestar y de actuar en consecuencia, y en este sentido no sería para todas las personas su fin último.

Sin embargo, tal amplitud del bienestar deja de lado cualquier consideración sustantiva del bien humano. Su postura serviría, incluyendo también la doctrina de unos mercados justos, para apuntalar y apoyar la marcha y la dirección que está llevando el actual sistema económico bajo la presión de la crisis mundial desde el 2008.

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Teresa Da Cunha Lopes (225 noticias)
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