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Un pueblo italiano integra a refugiados que trabajan como voluntarios

07/02/2017 11:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Pintan rejas, barren hojas secas o cortan el césped. Algunos refugiados de la localidad italiana de Belluno trabajan como voluntarios, sin sueldo, como parte de un programa piloto de integración.

Bajo la nieve, al pie de las imponentes Dolomitas, hay una decena de jóvenes provenientes de Senegal, Níger, Nigeria, Costa de Marfil, Camerún y Pakistán.

Vestidos con chaquetas y zapatillas deportivas e identificados con un chaleco naranja que lleva escrito "Voluntario" barren y recogen las hojas de un cuartel abandonado de esta ciudad del norte de 35.000 habitantes y a unos 100 kilómetros de Venecia.

La mayoría atravesó el Mediterráneo en barcazas, pasó por los centros de internamiento de extranjeros y ahora, después de haber pedido asilo, puede trabajar en labores útiles para la comunidad.

"Soy lo que llaman un voluntario. No me pagan, pero prefiero eso porque de lo contrario estaría en casa, sin hacer nada, sin empleo, durmiendo y comiendo", explica en francés Paul Adjei, de Costa de Marfil, quien viajó durante 10 meses para llegar a Italia.

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El viejo cuartel, compuesto por una decena de hangares repartidos en 32.000 metros cuadrados, está destinado a convertirse en la 'Ciudadela del tercer sector' y emblema de ese modelo de integración con talleres de teatro, de serigrafía, bibliotecas, actividades para niños, entre otros.

- 'No me siento anti-Trump' -

El proyecto de integración de Belluno, iniciado en 2014 por el ayuntamiento de izquierda en una región dominada por el movimiento antiinmigración Liga Norte, está dirigido a los entre 80 y 100 migrantes que cada año piden asilo en esa pequeña localidad.

En total 180.000 entre migrantes y refugiados llegaron a Italia el año pasado y la mayoría de ellos tiene que esperar casi dos años sin hacer nada a que se resuelva su situación burocrática.

Mientras tanto, en Belluno, pese a las polémicas y objeciones de algunos sectores, un puñado de ellos trabaja cada día sin salario.

Pintan las rejas de la ciudad, las verjas de las escuelas, cortan el césped de parques y avenidas, todo ello bajo la coordinación y vigilancia de autoridades y organizaciones locales.

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"Son actividades que el ayuntamiento no puede financiar porque no tiene fondos para ello. No le hemos quitado trabajo a nadie", explicó a AFP el alcalde de Belluno, Jacopo Massaro.

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"No, no me siento un anti-Trump", confiesa con tono divertido Massaro, quien más que polemizar quiere "aportar un pequeño grano de arena para resolver algo más grande", dice.

"Descartamos totalmente crear enormes instalaciones llenas de personas, preferimos impulsar la 'microacogida dispersa', es decir recibir a pocos inmigrantes en muchos apartamentos repartidos por la ciudad", explicó.

Desde su modesto piso de dos habitaciones y cocina, a pocos metros del casco histórico, donde convive con otros cuatro refugiados, el informático Arsene Obite, marfileño de 33 años, se siente privilegiado.

"Estoy muy contento. Estoy encargado de las clases de conversación en francés en la escuela de idiomas. Soy voluntario, si puedo me quedo aquí", cuenta este africano, de cuerpo atlético, que llegó como la mayoría en una barcaza a la isla de Lampedusa.

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"Es la primera vez que veo la nieve, en mi país no hay, me encanta y defiendo este proyecto porque ahora tengo una casa y una escuela y además estoy terminando los estudios básicos", cuenta por su parte el paquistaní Nawaz Tashawar, de 35 años, en un buen italiano.

Si a los refugiados el ayuntamiento les ofrece una vivienda y la posibilidad de desarrollar un oficio gracias a los fondos estatales (35 euros diarios por persona), la encargada de la cartera municipal de Escuela y Migración, Valentina Tomasi, empezó a extender el proyecto a los menores no acompañados, de los cuales cerca de 10.000 han desaparecido tras entrar en Europa.

"Como a los adultos, hay que ofrecerles un sistema eficiente", asegura Tomasi, quien encargo a una cooperativa que ayudara a jóvenes menores de edad, entre ellos tres de 17 años, como Mahomed, quien comienza a demostrar grandes dotes de futbolista.

Mientras Italia ofrece un futuro como futbolista a este menor africano, el bangladesí Nazruk Poramanic, de 21 años, que entró hace 18 meses por Lampedusa, empezó esta semana a trabajar como ayudante de cocina en el céntrico restaurante Mira Piave. Trabajo estable, con contrato y salario fijo, obtenido después de que le dieron un permiso de residencia. "Un joven como él quiere trabajar, aprender, no se va, no tiene ganas de irse y eso es bueno", sostiene el propietario del establecimiento, Salvatore Naclerio.


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Autor:
Redacción Sociedad (16575 noticias)
Fuente:
AFP
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