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La puesta en escena de un aerosecuestro

11/09/2009 01:34 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Luego del secuestro del avión de Aeroméxico, un sector de la población coincide en que el asunto fue una farsa

La puesta en escena de un aerosecuestro

Juan Norberto Lerma

Luego del secuestro del avión de Aeroméxico salta a la vista que los mexicanos gozamos de información privilegiada y que los secretos de Estado no tienen cabida en nuestro país, puesto que “sabemos demasiado”.

No importa que nuestros estudiantes de bachillerato apenas puedan multiplicar de forma deficiente y deletrear algún texto sencillo, las tramas más sutiles “armadas desde el gobierno” las descubrimos con una velocidad e inteligencia que asombran y que, por desgracia, no utilizamos para realizar el trabajo de todos los días que a cada cual nos corresponde.

Pareciera que en México habitan más de cien millones de “investigadores”, “detectives”, “espías encubiertos o conocidos” (pura inteligencia nacional, pues), tan capacitados e intrépidos como para meterle miedo a cualquier potencia que nos quisiera desestabilizar.

Lo mismo las personas con apenas un poco de instrucción escolar que profesionistas con acceso a conocimientos especializados coinciden en que el asunto del secuestro del avión fue una farsa. Y luego de ser testigos de cómo se resolvió, concluyen que fue una de las peores, además de que critican a las autoridades de algo que los ciudadanos piensan que a ellos les sobra: imaginación.

Las tramas más sutiles “armadas desde el gobierno” las descubrimos con una velocidad e inteligencia que asombran

La información fluye en todo el territorio nacional y los depositarios (gracias a Dios) somos nosotros mismos, para documentarlo ahí están los casos del jerarca religioso que afirmó saber el paradero de El Chapo Guzmán (sin pruebas) y el de personas comunes y corrientes que aseguran que Mario Aburto no mató a Colosio (sin pruebas); que el autor intelectual del asesinato del cardenal Posadas Ocampo fue algún político de ese tiempo (sin pruebas), etc. Así hasta el infinito. Desde luego está la frase corriente de que “a los gobernantes los acusamos de corruptos y asesinos, no de idiotas que dejan huellas para meterlos a la cárcel”.

El mexicano común es soñador y fantasioso (sin pruebas de sus capacidades) y desconfía de la realidad si ésta tiene algo que ver aunque sea mínimamente con sus autoridades. No elabora juicios a partir del conocimiento de la realidad de que dispone, prefiere acusar de manera superficial para salir del paso. Elegimos acusar de forma pueril si la realidad no concuerda con nuestros deseos. Quizá por eso también nuestras denuncias y señalamientos son triviales y no trascienden.

Ningún mexicano que se precie de tener una conciencia sólida le cree a las autoridades ni a los medios de comunicación, sin embargo, en abono de nuestra lucidez, diremos que la desconfianza no es gratuita: es lo que décadas de gobiernos paternalistas, corruptos y abusivos nos han enseñado.

En este panorama, es evidente que si un ciudadano boliviano armado con dos latas de jumex “rellenas de tierra, con dos lucecitas” y una Biblia en la mano secuestra un avión, nos parece algo chocarrero, aunque sea la más pura y absoluta verdad, de lo cual por supuesto y en consonancia con lo que digo, tampoco hay pruebas.

Los secretos de Estado no tienen cabida en nuestro país, puesto que “sabemos demasiado”


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Lermanorberto (28 noticias)
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Dora (14/09/2009)

Me ha gustado mucho, mediante una escritura amena, ágil y sencilla deja ver una profunda realidad, que si bien es cierto a muchos nos ofende, pocos hacemos algo por cambiarla.
Enhorabuena!!