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Reconocen cada año a maestros con premio "Ignacio Manuel Altamirano"

12/11/2010 04:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Recordado como uno de los autores mexicanos más destacados de su época, al retratar a la sociedad de su tiempo con obras como "Clemencia" y "El Zarco", el poeta, escritor, maestro y político Ignacio Manuel Altamirano, quien nació el 13 de noviembre de 1834, da su nombre al galardón que anualmente se entrega a los maestros con 40 o más años de servicio. Debido a su legado, la Secretaría de Educación Pública (SEP), en coordinación con el gobierno del estado de Chihuahua, convocan al premio "Maestro Ignacio Manuel Altamirano", el cual se entrega cada año. Los acreedores a dicho estímulo son premiados con una medalla de oro, reconocimiento y un incentivo económico. También se reconoce a los profesores con 30 años de servicio efectivo en el subsistema federalizado y en este caso son premiados los docentes con medalla de plata, reconocimiento y un estímulo económico. Ignacio Manuel Altamirano fue hijo de Francisco Altamirano y Gertrudis Basilio, indios puros que tomaron el apellido de un español que había bautizado a uno de sus ancestros, Ignacio nació en la población de Tixtla, Guerrero, donde aprendió a hablar español en forma autodidacta. Pese a que no abundan datos de su infancia, se sabe que luego de que su padre fuera nombrado alcalde de Tixtla y de que fueran reconocidos sus dotes de estudiante aventajado, en 1849 obtuvo una beca para estudiar en el Instituto Literario de Toluca, Estado de México. En esa época, el director del instituto era el también ilustre Ignacio Ramírez, "El nigromante", quien sentó las bases de una sólida cultura en Ignacio Manuel, al enseñarle el latín, francés, español y filosofía. Altamirano llegó a ser encargado de la biblioteca del instituto, donde devoró tanto las obras de los autores clásicos como los modernos, empapándose también en el pensamiento enciclopedista y en los tratados juristas liberales. En 1852 publicó su primer periódico, "Los Papachos", hecho que le costó la expulsión del instituto, por lo que en ese mismo año empezó a recorrer el país como maestro de primeras letras, dramaturgo y apuntador en una compañía teatral itinerante. Fue en esa época cuando escribió la polémica obra "Morelos en Cuautla", hoy perdida, que le dio la primera fama, pero de la que más tarde, al parecer, se avergonzaba pues cuando hacía el recuento de sus obras no la reconocía. Posteriormente, el Colegio Letrán de la Ciudad de México le abrió las puertas para que estudiara Derecho, al tiempo que daba clases de francés en un colegio particular. No obstante, los diversos conflictos sociales que ocurrieron en México, como los levantamientos armados de 1854 y 1857, lo obligaron a interrumpir sus estudios e integrarse a la Revolución de Ayutla. Del mismo modo, durante la intervención francesa, el Imperio de Maximiliano y la Guerra de Reforma, Ignacio Manuel Altamirano decidió tomar las armas y viajó al sur de Guerrero para ponerse bajo las órdenes del general Juan Álvarez, como parte del movimiento liberal. Durante su lucha contra Maximiliano de Habsburgo alcanzó el grado de coronel, experiencia que plasma en su novela "Clemencia" (1869), quizá una de sus obras literarias más reconocidas. Tras reiniciar sus estudios de leyes, se tituló como abogado en 1859 y una vez victoriosos los liberales, fue elegido diputado al Congreso de la Unión para tres períodos, donde se reveló como uno de los mejores oradores de su tiempo. De su vida sentimental se sabe que se casó con Margarita Pérez Gavilán, también oriunda de Tixtla e hija de una supuesta hija natural de Don Vicente Guerrero: Dolores Catalán Guerrero, que tenía más hijos de otro matrimonio, Estos niños, hermanos de Margarita (Catalina, Palma, Guadalupe y Aurelio) fueron adoptados por Altamirano, quien les dio su apellido, convirtiéndose en los verdaderos hijos de la pareja, ya que nunca tuvo hijos propios. Para ese entonces, explican sus biógrafos, su actividad es múltiple y de gran provecho, pues se desempeña como maestro de dos generaciones, escribe en diarios, hace crítica literaria, revive al Liceo Hidalgo y, sobre todo, señala a la lírica mexicana el camino a seguir, enseñándole los modelos eternos de Grecia y Roma. Fue también procurador general de la República, fiscal, magistrado, presidente de la Suprema Corte y oficial mayor del Ministerio de Fomento, en cuyo carácter impulsó la creación de observadores astronómicos y meteorológicos y la reconstrucción de las vías telegráficas. Sin embargo, su labor más importante fue la que desarrolló en pro de la cultura y la literatura mexicana al preocuparse porque este rubro tuviera un carácter verdaderamente nacional y que llegara a ser un elemento activo para la integración cultural de un país como México. Ignacio Manuel Altamirano fue quizá el primer mexicano que exploró la literatura inglesa, alemana, estadounidense e hispanoamericana, que en su tiempo eran desconocidas por la mayoría de los hombres de letras. Con Ignacio Ramírez "El nigromante" y Guillermo Prieto, fundó el Correo de México, y en enero de 1859 apareció el primer número de su revista "El Renacimiento", un hito en la historia de la literatura mexicana. Desde ese foro literario, el maestro se propuso reunir a los escritores de todos los credos, sumando inteligencias en esta, la primera gran obra de reconstrucción nacional y se afirma que con su ejemplo equilibró a la poesía romántica mexicana. Escribió varios libros de gran éxito en su època, cultivó el cuento y el relato, la crítica y la historia; el ensayo y la crónica, la biografía y los estudios bibliográficos, la poesía y la novela. De sus obras destacan "Rimas" (1880), "Clemencia" (1869) y "El Zarco" (1869); "Antonia y Beatriz", "Atenea", "Cuentos de invierno" (1880) y "La Navidad en las montañas (1871). Asimismo, "Paisajes y leyendas, tradiciones y costumbres de México" (1986), "Crónicas de la semana" (1969), "La literatura nacional" (1949), "Obras" (1899), "Obras literarias completas" (1959) y "Obras completas" (1986). Tal producción lo convirtieron en el escritor más destacado de su época, en la que retrata a la sociedad mexicana de su tiempo. Ignacio Manuel Altamirano enfermó, por lo que decidió viajar a San Remo, Italia, en busca de salud, donde, sin embargo, falleció el 13 de febrero de 1893. Una semana después de su muerte, tres generaciones de intelectuales mexicanos que tuvieron a Altamirano como su maestro realizaron una solemne velada fúnebre en su honor. Hoy, sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.


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