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Recopila sitio en Internet frases célebres de Marcel Proust

17/11/2011 03:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Frases como “Sólo se ama lo que no se posee totalmente” y “A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear”, de la autoría del escritor francés Marcel Proust, son recopiladas por el sitio en Internet “proverbia.net”, dedicado a preservar el legado curioso de personalidades de diversos ámbitos. En el sitio dedicado a Proust destaca el ingenio del autor de “En busca del tiempo perdido”, y lo cita en temas como el amor (El amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita), los recuerdos (Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones) y el tiempo (Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre). Marcel Proust nació en el barrio parisino de Auteuil, Francia, el 10 de julio de 1871, autor de la serie de novelas “En busca del tiempo perdido”, una de las obras más destacadas e influyentes de la literatura del siglo XX e incluso, para muchos, el máximo genio de las letras desde William Shakespeare. Este escritor fue hijo mayor de Adrien Proust, un famoso epidemiólogo francés, y de Jeanne Clemence Weil, judía alsaciana, nieta de un antiguo ministro de Justicia. Para 1896, Proust se autopublicó el texto “Los placeres y los días”, una recopilación de poemas en prosa, retratos y relatos largos en un estilo decadente, según se sabe. El material fue ilustrado por Madeleine Lemaire, dueña del salón que Proust frecuentaba con asiduidad junto con su amante venezolano Reynaldo Hahn, el cual contribuyó al libro con partituras compuestas por él. El material literario le trajo al escritor francés una reputación de diletante mundano que no se disipó hasta la publicación de los primeros tomos de “En busca del tiempo perdido”. Proust retomó en varios de sus textos paisajes y lugares que frecuentó de niño y joven, un ejemplo de ello fue lo que hizo con Auteuil e Iliers, los cuales se comparan con Balbec y Combray. Auteuil, cerca del Bois de Boulogne, la costa normanda, como Caboury y Trouville, fue la fuente de inspiración del francés para Balbec, mientras que Illiers, actualmente Illiers-Combray, es el lugar al cual van los turistas a comprar una taza de té y una magdalena para recordar el famoso pasaje de “Por el camino de Swann”. Marcel Proust fue considerado en la escuela como un niño muy débil y enfermizo, su asistencia resultaba irregular y, en el Liceo Condorcet, era calificado como un estudiante de no mucho provecho. En 1888, con 17 años, Proust empezó a frecuentar “salones”, donde conoció a una serie de damas de la alta burguesía. Uno de esos salones fue el de Madame de Caillavet, hija de unos banqueros judíos, que vivía virtualmente separada de su marido y que después fue más conocida por ser la amante de Anatole France. Se dice que si hay algo importante en la vida y obra de Proust es esta parte, donde conoció a Anatole, a Dumas hijo, al filósofo Victor Brochard y otros intelectuales en los salones que frecuentaba, con aprendizajes, explícitos o implícitos, en sus primeros roces o tanteos en ambientes considerados refinados y selectos, con cierto tomo aristocrático. La vida refinada que tuvo durante estas reuniones duró poco, ya que en 1889 Proust ingresó como voluntario en el servicio militar. Tiempo después, en 1893, Marcel conoció al aristócrata Montesquiou, quien tuvo una influencia decisiva en su vida y obra. Montesquiou era un poeta homosexual, altanero, caprichoso y afectado al cual Proust aduló sin medida; debido a esta amistad, Marcel logró introducirse en el “faubourg Saint-Germain”. En el verano de 1895, este escritor emprendió la redacción de una novela que relata la vida de un joven preso de pasión por la literatura en el París mundano de finales del siglo XIX. Esta novela no fue publicada enseguida sino de manera póstuma hasta 1952, por Bernard de Fallois, bajo el título “Jean Santeuil”. Allí evoca notablemente el “caso Dreyfus”, un error judicial, de espionaje, del que fue víctima el capitán Alfred Dreyfus. Con el paso del tiempo, y entre sus diferentes problemas y vida social agitada que tenía el escritor francés, tuvo un encuentro con la obra del esteta británico John Ruskin, el cual, se dice, cambió mucho en su vida, reflejándolo posteriormente en su obra. A la muerte del británico, en 1900, Proust aprovechó para iniciar la traducción de su obra. A medida que la traducía, Marcel tomó distancia de las posiciones estéticas de Ruskin. Tras la muerte de sus padres, sobre todo la de su madre, en 1905, su salud se deterioró en demasía a causa del asma y de la depresión. Permaneció recluido en el 102 del Boulevard Haussmann en París, donde hizo cubrir las paredes de corcho para aislarse de ruidos y dedicarse a su labor literaria. Comenzó a vivir sólo de noche, tomando café en grandes cantidades y casi sin comer, según cuenta un libro de memorias de su criada en esos años, Celeste Albaret. Para 1909, después de haber leído mucho y de haber obtenido aún más información, se dice que Proust se entregó a su obra maestra. No salió de su casa, trabajó durante la noche y durmió sólo de día. Tres años después aparecieron varios fragmentos de su novela en “Le Figaro” y, por esa época, según sus cálculos, el libro, “En busca del tiempo perdido”, sólo daría dos volúmenes de 700 páginas cada uno; esto demuestra que Marcel Proust en un principio no tenía considerada la gran extensión de su más reconocido texto. Tiempo después, en noviembre de 1913, se publicó “Por el camino de Swann”, otra de sus más reconocidas obras literarias, incluida en la serie “En busca del tiempo perdido”, pero que en un principio no fue tan valorada y tuvo que ser costeada por Proust. Tras el término de la guerra en Europa, se publicó el segundo volumen de “En busca del tiempo perdido”, con el título “A la sombra de las muchachas en flor”, que el año siguiente obtuvo el premio Goncourt, no sin cierta controversia, según se sabe, debido a la decisión del jurado. Para 1922 publicó “Sodoma y Gomorra” y, tras este logro, en septiembre el escritor sufrió de crisis asmáticas, siendo el 10 de octubre, de ese mismo año, la última vez que se le vio salir a la calle. Una semana después de que se le declarara neumonía murió, el 18 de noviembre de 1922. Tuvieron que pasar cinco años más antes de que se terminaran de publicar sus demás obras, entre ellas “La prisionera” (1923); “La fugitiva” (1925) y “El tiempo recobrado” (1927). A este escritor se le enterró junto a su padre y hermano Robert Proust, en el cementerio parisino de Père-Lachaise.


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