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Se recordará a Rossini en concierto de la soprano Mariola Cantarero

12/11/2011 06:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La obra “El barbero de Sevilla”, del compositor italiano Gioacchino Rossini, muerto el 13 de noviembre de 1868, será parte de la primera parte del recital que dará la soprano Mariola Cantarero en el Teatro Liceo de Salamanca, el próximo 14 de enero. Con el fin de recordar a autores de óperas clásicas, esta artista presentará un concierto acompañada del pianista Julio Cendal, de acuerdo a lo publicado en un portal de la Agencia de Noticias de Castilla y León, España. El concierto se dividirá en dos partes, durante la primera se interpretarán arias de ópera pertenecientes a “El barbero de Sevilla”, de Rossini; “Otello”, de Verdi, y “La Boheme”, de Puccini, mientras que en la segunda el repertorio será “La tabernera del puerto”, de Sorozábal, y “La Marchenera”, de Torroba, entre otras más. Giovacchino Antonio Rossini, mejor conocido como Gioacchino Rossini, nació en Pésaro, Italia, el 29 de febrero de 1792. Fue un compositor europeo conocido especialmente por sus obras bufas, pero con numerosas y determinantes aportaciones al mundo de la ópera seria. Fue hijo de Giuseppe, cornista de oficio apodado “El vivaz”, y de Anna Guidarini, cantante en los teatros locales. Desde muy temprana edad mostró gusto y capacidad para la música, tocó en la banda municipal a los seis años y desde entonces comenzó sus estudios en este arte con su padre. Aprendió a tocar la espineta con el vinatero Giuseppe Prinetti, posteriormente estudió con el canónigo Giuseppe Malerbi y en la biblioteca se acercó a leer las partituras de grandes compositores del pasado. Viviendo en la ciudad de Bolonia, tuvo por primer profesor a Angelo Tesei, después ingresó al prestigioso liceo musical bajo la tutela del sacerdote Stanislao Mattei, y ganó un premio por una cantata que compuso a los 16 años de edad. Empezó a darse a conocer en teatros pequeños, y para 1810 fue llamado a componer una ópera breve; el éxito llegó y siguió componiendo, particularmente en Venecia y Milán, con éxitos sonados en la mayor parte de los casos. Así, su séptima ópera conquistó La Scala con 53 funciones iniciales. En ese tiempo, Rossini llevó a la perfección musical el género bufo. Tuvo la ventaja de contar en esta primera etapa con grandes cantantes, en quienes pensaba al momento de desarrollar la melodía de los personajes, considerando las posibilidades de sus voces. Algunos de ellos fueron Marietta Marcolini, Filipo Galli y Paolo Rosich. En 1815 fue contratado por el empresario Domenico Barbaia para componer en Nápoles, para los teatros que administraba él con subvención gubernamental: el De San Carlos y el Del Fondo. Allí produjo óperas serias, ya que en la compañía de Barbaia se encontraban las luminarias de entonces, como Manuel García e Isabella Colbran -quien después sería esposa de Rossini-, Giovanni Rubini y otros más. Un año después estrenó en el Teatro Argentina de Roma y con argumento de Cesare Sterbini, una de las más famosas obras del repertorio operístico: “El barbero de Sevilla” (1816), basada en la trilogía literaria del barón francés Pierre-Augustin de Beaumarchais. Esta pieza, como muchas otras de sus óperas, borró del cartel permanentemente las obras de otros grandes compositores de su tiempo, como las de Nicola Antonio Zingarelli, Saverio Mercadante, Simon Mayr, Ferdinando Paër y el propio Paisiello. Para 1823 presentó su última ópera en Italia, “Semíramis”, y se trasladó a Francia. Ya en París, compuso una ópera que celebró la coronación de Carlos X de Francia y su última obra bufa, además de reelaborar otras dos italianas. Pasó un año y decidió viajar a Londres, en una exitosa gira que le produjo reconocimientos extraordinarios y jugosos estipendios, de acuerdo a lo dicho por biógrafos. En 1829 creó “Guillermo Tell”, la cual supuso su definitiva consagración. A la fecha sigue siendo un misterio el por qué Rossini dejó de componer óperas tras esta obra. Son muchas las teorías que tratan de dar respuesta a esta interrogante, las que van desde el hastío hasta la falta de necesidad, dada la riqueza acumulada, pasando por dificultades de salud, como gonorrea y ciclos maníaco-depresivos, o quizá porque las circunstancias políticas así lo determinaron. Aún así, aunque no volvió a componer otra ópera, no abandonó el mundo musical y se hizo cargo de la dirección del Teatro Italiano y del Liceo de Bolonia. En esta ciudad siguió creando, pero obras breves, sin dejar de lado su otra pasión, la gastronomía. Entre su repertorio musical hay óperas serias, bufas, religiosas y profanas. Años atrás, en 1822, contrajo nupcias con la cantante española Isabella Colbran, en Castenaso, pero no funcionó y se separaron legalmente hasta 1837, tras esta situación, él se fue a vivir con Olympe Pélissier, con quien se casó hasta 1846, una vez que murió su primera esposa en 1845. Durante su vida, Rossini recibió las condecoraciones más importantes de Francia e Italia, y reconocimientos por parte de sus colegas de profesión. Gioacchino Rossini falleció en Passy, cerca de París, el 13 de noviembre de 1868. Mientras varias voces entonaban la plegaria de su “Moisés”, fue enterrado en el parisino Cementerio de Père-Lachaise. Sus restos se trasladaron en 1887 a Florencia, donde descansa en la Basílica de la Santa Croce, junto a otras glorias de Italia: Galileo Galilei, Dante Alighieri y Miguel Ángel. Su legado monetario fue destinado a fondos para la creación de un asilo para músicos retirados, que al parecer aún existe y para otras obras de beneficencia. Giuseppe Verdi convocó a los más reconocidos compositores italianos a componer una misa de Réquiem en honor del “Cisne de Pésaro”, forma poética con la que se denomina a Rossini. Nicoló Paganini, Frederic Chopin, Mauro Giuliani, Louis Niedermayer, Ottorino Respighi y otros renombrados compositores han creado variaciones, orquestaciones y adaptaciones de múltiples obras rossinianas. Y los afamados “tournedos Rossini”, así como muchos otros platos de cocina, son designados en honor al célebre compositor, que era un consumado gastrónomo. Existe en Italia la Fundación Rossini de Pésaro (Fondazione Rossini di Pesaro), que se dedica a presentar la música del maestro en el Festival Rossini, conservar los documentos que le pertenecieron, dar a conocer su vida y obra, atesorar las partituras autógrafas y elaborar ediciones críticas de sus composiciones, entre otras tareas.


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