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Recuerda Arturo Azuela a Agustín Yáñez a 32 años de su muerte

17/01/2012 10:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El laureado escritor mexicano Agustín Yáñez (1904-1980) participó en la profunda revolución de la narrativa latinoamericana con su novela “Al filo del agua”, afirmó su colega Arturo Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana. El especialista en la obra de Yáñez, quien fue secretario de Educación de 1964 a 1970 y murió el 17 de enero de 1980, todavía recuerda su primer encuentro con la obra, momento al que define como uno de los más memorables de su vida. “Aquella tarde de noviembre del 57, sólo leí el “Acto preparatorio” y me quedé profundamente impresionado, no lo sabía bien a bien, pero detrás de cada frase, de cada fragmento, había una extraordinaria musicalidad”, enfatizó Azuela. Añadió que “además de la riqueza del lenguaje, se acumulaban las imágenes y muchos sentimientos antagónicos. Frente a los rumores y las risas estaban los llantos y los gritos, junto a la nobleza de la cantería aparecía la fachada más humilde, arriba del pueblo sin fiestas se extendía un sol con su ejército de vibraciones”, precisó. Recordó que Yáñez ya era gobernador del estado de Jalisco cuando él leyó por primera vez “Al filo del agua”. En la opinión pública se escuchaban muchas cosas sobre este gran escritor, comentó. “En México, entre sus tareas políticas y académicas, Yáñez había estado en contacto con los grandes escritores del grupo Contemporáneos; entre la obra inicial del exilio español y las aportaciones de los Ateneístas”, abundó. Azuela afirmó que fue en la transición de una sociedad tradicional que se desplazaba hacia la urbe, en esa etapa de transferencia, de mano de obra desocupada, de tierra adentro a la ciudad, que se publicó “Al filo del agua”. Los personajes rurales de esta novela, comentó el ensayista, generalmente son propietarios de las tierras que ellos mismos trabajan, son personajes arraigados a su mundo circundante, a sus pequeñas propiedades agrícolas. “Así como las grandes novelas que se publican en aquellos mismos años, El señor presidente, Adán Buenos Aires, Los pasos perdidos, El Aleph y La vida breve, los mitos se vinculan a los nuevos lenguajes y la carga poética y mágica de los nuevos estilos a la corriente de imaginaciones poderosas, esas inteligencias profundas, visionarias, como la de Yáñez, transformaron los textos para hacerlos más críticos, renovadores y universales”, acotó. “En un mundo que busca la estabilidad y cambios profundos, con una América Latina aislada y dividida, la narrativa se transforma y derrumba prejuicios y críticas injustas. El tránsito termina pronto y se abren las puertas de una etapa de consolidación. La gran novela de Yáñez sería reconocida como el parteaguas sustancial”, subrayó. Recordó Azuela que después de 1970, Yáñez se dedicó fundamentalmente a su obra literaria, tan sólo en el Seminario de Cultura Mexicana se publicó “Despertar en Guadalajara” (1971) y muchos prólogos, artículos y ensayos aparecieron en las más importantes instituciones culturales de México. En España, el autor jalisciense participó en Huelva y en Madrid, con pregones y discursos dedicados a la cultura hispanoamericana. Es famoso su pregón de las Fiestas de San Isidro de Madrid, en mayo de 1977. “En muchas ocasiones, la poesía en prosa hace del pasado un presente vivo, la realidad de un futuro inmediato. Por eso también, en diversos aspectos, esa fiel recreación de la vida de un pueblo al borde del estallido revolucionario hace que la novela sea un testimonio histórico, en la que la historia del país se hace presente, no sólo por plazas y calles, sino también en las profundas y universales actitudes de sus inolvidables personajes”, concluyó. Agustín Yáñez nació el 4 de mayo de 1904 en el barrio del Santuario, en Guadalajara, Jalisco, donde hizo sus estudios primarios y preparatorios. Su familia era oriunda del pueblo jalisciense de Yahualica, el cual visitaba constantemente, lo que influiría en la futura obra de este autor. Fue licenciado (1929) por la Escuela de Jurisprudencia de Guadalajara y maestro (1951) por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis "Don Justo Sierra: su vida, sus ideas y su obra", la cual le valió la mención “cum laude”, por parte de sus sinodales Edmundo O'Gorman, Samuel Ramos y José Gaos, entre otros. Participó activamente en política y desempeñó importantes puestos públicos, entre ellos gobernador de Jalisco entre 1953 y 1959, secretario de Educación Pública (este último cargo le permitió realizar valiosas reformas en el sistema educativo mexicano), y presidente de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (1977). Fue miembro del Seminario de Cultura Mexicana y de El Colegio Nacional desde 1952. Recibió el Premio Nacional de Letras en 1973. Murió a causa de un enfisema pulmonar y una deficiencia cardíaca a los 76 años, en la Ciudad de México. Fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres, del Panteón Civil de Dolores. Azuela asimismo recordó al fallecido escritor Carlos Monsiváis, cuando en su análisis “Pueblo de mujeres enlutadas”, con su agudo sentido literario, sabe que Agustín Yáñez incitaba al lector hacia una actitud creativa, una participación activa, y una recreación de los entornos y la interioridad de los personajes. El Fondo de Cultura Económica reeditó “Los sentidos al aire” y también se publicaron “La ladera dorada” y “Las vueltas del tiempo”, entre otros.


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