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Recuerda Conaculta a Justo Sierra a 163 años de su nacimiento

25/01/2011 12:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) rinde un cálido homenaje al educador, pensador y político mexicano Justo Sierra Méndez, en el 163 aniversario de su natalicio, que se conmemora este martes. El escritor, historiador, periodista, poeta y político mexicano nació en Campeche, el 26 de enero de 1848, y murió en Madrid el 13 de septiembre de 1912, fue llamado el Maestro de América por su incansable defensa de la educación. También fue un decidido promotor de la fundación de la Universidad Nacional de México, hoy Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Justo Sierra, de ideas liberales, ha sido identificado con los planteamientos del Positivismo, que sostuvieron en el poder a Porfirio Díaz. Desde 1892 expuso su teoría política sobre la “dictadura ilustrada”, pugnando por un Estado que habría de progresar por medio de una sistematización científica de la administración pública. Ya en 1893, exclamó su célebre frase: “El pueblo mexicano tiene hambre y sed de justicia”. Escribió también varios libros de historia para la educación primaria. Dirigió la publicación de México, su evolución social, (1900 -1902) y de la Antología del Centenario (1910). En colaboración con Manuel Gutiérrez Nájera, Francisco Sosa y Jesús E. Valenzuela creó la Revista Nacional de Letras y Ciencias, donde se publicó su libro La evolución política del pueblo mexicano. Otro de sus más importantes libros es Juárez, su obra y su tiempo. También fue miembro de número desde 1887 y presidió la Academia Mexicana de la Lengua (1910-1912). Hijo del novelista e historiador Justo Sierra O'Reilly, Justo Sierra Méndez se trasladó a la Ciudad de México a la muerte de su padre (1861), y entró en contacto con los mejores poetas y literatos de ese tiempo, entre éstos Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Acuña, Guillermo Prieto, Luis G. Urbina, artífices de la Revista Azul y de la Revista Moderna. Sierra incursionó en el relato, en el cuento, la novela y el teatro. Así mientras cursaba sus estudios, Sierra comenzó a publicar en los diarios de la capital. Sus poemas se publicaron en el periódico “El Globo”, y se dio a conocer con su famosa Playera, un poema que leyó en las veladas literarias de Ignacio Manuel Altamirano. A partir de 1868 publicó sus primeros ensayos literarios; en el “Monitor Republicano” inició sus “Conversaciones del Domingo”, artículos de actualidad y cuentos que después serían recogidos en el libro “Cuentos románticos”. Publicó en la revista “El Renacimiento” su obra El ángel del porvenir, novela de folletín que no tuvo mayor impacto. Escribió también en “El Domingo”, “El Siglo XIX”, “La Tribuna” y “La Libertad”, de la que fue su director, y en “El Federalista”. Publicó en “El Mundo” su libro “En tierra yankee”. Abordó además el género dramático en su obra Piedad. En su adolescencia y juventud al joven Justo Sierra le tocó vivir el clima de agitación política que atravesaba el país. Presenció la llegada de Carlota y Maximiliano, en 1864, y se lanzó a la calle con sus compañeros a gritar vivas a la patria y mueras a los que habían hecho posible aquel acontecimiento. Se recibió de abogado en 1871 y comenzó su carrera política, al margen de su cercanía con los círculos intelectuales. Andrés Henestrosa escribió en Semblanzas de académicos que, después de ser nombrado diputado, Sierra “a la cabeza del periódico “La Libertad” atizó la lumbre de la causa liberal, único ideal político que siguió hasta su muerte. La muerte de Santiago Sierra, “mi pobre hermano que se llevó a la tumba lo mejor de mí”, hace que Sierra abandone la vida agitada y busque la soledad y la sombra. Pasan los años y reaparece transformado, engrandecido, sabio. Entonces se dedica a cumplir una obra, notabilísima, de historiador, sociólogo y maestro”. Antonio Caso señaló la valía de la obra México. Su evolución social y de las partes que le corresponden del libro Juárez, su obra y su tiempo, porque son “la síntesis más clara y cabal que poseemos, hasta ahora, de la época reformista y de restauración de la República. El enunciado más real y definitivo de aquel momento dramático, que inició en nuestro suelo la conquista decisiva de la libertad; es decir el pleno afianzamiento de la patria; lo cual constituye uno de los episodios esenciales de la historia constitucional de América”. Henestrosa destaca la posición de Sierra en favor de nuestra literatura: “Combatiente por el advenimiento de una literatura nacional, le sale al paso Marcelino Menéndez y Pelayo que aseguró que nuestra literatura patria aún no aparecía, lo que para el maestro mexicano no era de buenos parientes ni de buenos críticos”. En el prólogo a “Peregrinaciones”, Sierra aconseja al poeta nicaraguense Rubén Darío que vuelva a la humanidad, a su padre el pueblo. Justo Sierra inauguró la Universidad Nacional de México en 1910, un proyecto por el que había luchado 30 años, pues su primera propuesta ante el Congreso de la Unión data de 1881. “El discurso que en esa ocasión pronuncia es el más perfecto de sus discursos, no sólo por el contenido y por la forma, sino por la emoción humana y patriótica que lo ilumina”. Al triunfo de la Revolución, Francisco I. Madero lo nombra ministro de México en España. Justo Sierra muere en Madrid, el 13 de septiembre de 1912, sin ver cumplidos sus sueños de una patria donde haya “justicia y libertad”. Entre sus obras destacan “Compendio de historia general” (1878); “Compendio de la historia de la antigüedad” (1880); “Confesiones de un pianista” (1882); “Historia general” (1891); “Cuentos románticos” (1896, 1934, 1946); “Juárez. Su obra y tiempo” (1905-1906); “Prosas” (1917); “Poemas” (1917); “Discursos” (1919); “Poesías”, 1842-1912 (1937), y “Evolución política del pueblo mexicano” (1940). Este último libro se puede leer en forma digital en la página del Instituto Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com). Las Obras completas de Justo Sierra fueron publicadas por la UNAM en 1948 y reeditadas en 1977, constan de 15 volúmenes. Esta edición fue dirigida por Agustín Yáñez, quién también preparó una excelente biografía en el primer tomo, la introducción y notas corrieron a cargo de José Luis Martínez, ambos escritores.


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