Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Cultura escriba una noticia?

Recuerdan 135 años de nacimiento y 30 de la muerte de Rubinstein

27/01/2012 07:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Durante el año que corre se cumple el 135 aniversario del nacimiento y 30 de fallecimiento del pianista Arthur Rubinstein, y una manera de recordar su grandeza es a través del video en el que interpreta al compositor polaco Federico Chopin. “Arthur Rubinstein interpreta a Federico Chopin”, con la Orquesta Filarmónica de Israel, bajo la batuta de Zubin Mehta, tiene dos partes interesantes: la primera dedicada al autor y la segunda, en la que Rubinstein habla de su vida, del compositor polaco y de su obra. De acuerdo con una publicación en la página en Internet de “El nuevo Herald”, el pianista nacido el 28 de enero de 1887 está considerado uno de los pianistas más eminentes de la historia, tanto por su virtuosismo como por el amplio repertorio de obras y autores en los que incursionó con dedicación, sentido crítico y pasión. Grandeza que también sirvió para que se le conociera como el mejor intérprete de Chopin en el siglo XX. Arthur Rubinstein nació en Lódz, Polonia, siendo el séptimo hijo de una familia judía de tejedores afincada en dicho país europeo. Empezó a estudiar piano a los tres años. Poco después pasó a la tutela del músico Alexander Rozincki, que rápidamente se desesperó ante la pereza del pupilo para realizar los ejercicios que se le exigían. Su enorme talento musical le llevó, sin embargo, a dar su primer concierto en público cuando contaba sólo con seis años. En 1897 marchó a Berlín para conocer a Joseph Joachim, afamado violinista y amigo de Johannes Brahms. El músico alemán quedó maravillado y se ocupó inmediatamente de su educación musical, en la cual también participaron Max Bruch, Heinrich Barth y Robert Kahn. En 1900 se presentó ante el público berlinés bajo la dirección de Joseph Joachim y acompañado por la Orquesta Filarmónica de la ciudad, para interpretar el “Concierto para piano no. 23”, de Wolfgang Amadeus Mozart, y el “Concierto para piano no. 2”, de Camille Saint-Saëns, lo mismo que piezas de Robert Schumann y de Foderico Chopin. Le siguieron otros conciertos en Alemania y en Polonia. Se consideraba a sí mismo como “el último tahúr” entre los pianistas, hecho que posiblemente determinaba sus lugares de actuación. Le agradaba tocar en los países del sur, especialmente en España. Allí gustaba su temperamento desenfrenado, su ligereza y su ímpetu. Una serie de cuatro conciertos planeados para 1916 en ese país pronto terminaron siendo más de 100. Se hizo amigo de la Casa Real y el rey Alfonso le otorgó un pasaporte español para que pudiera viajar libremente en sus recitales en plena Primera Guerra Mundial (1914-18). Durante este suceso vivió principalmente en la capital británica. Ejerció de traductor, pues dominaba ocho idiomas, y tocó junto al violinista Eugène Ysaye. En Sudamérica y España (1916-17) ofreció conciertos que despertaron su interés por Isaac Albéniz, Manuel de Falla, Enrique Granados y Heitor Villa-Lobos, cuyas piezas pasarían a partir de entonces a formar parte de su repertorio. Tras la invasión alemana de París en la Segunda Guerra Mundial (1939-45), se trasladó con su familia a Estados Unidos, país cuya nacionalidad obtuvo en 1946. En las décadas siguientes dio conciertos por todo el mundo, realizó multitud de grabaciones y trabajó con músicos de renombre como Jascha Heifetz, Emanuel Feuermann, Henryk Szeryng y Gregor Piatigorsky. Después de más de 20 años de ausencia, volvió a Polonia para tocar en 1958, donde el público le honró con lágrimas y una ovación de pie, la segunda en la historia de este país, después de la que recibiera Ignacy Jan Paderewski. Siguió tocando hasta una edad muy avanzada, siendo capaz de interpretar en una misma noche los dos conciertos de Johannes Brahms. Debido a una ceguera progresiva que le obligó a retirarse en 1976, su última actuación tuvo lugar en el Wigmore Hall de Londres. Su mentalidad optimista se reflejaba en la vitalidad de sus interpretaciones. Poseía un sonido inconfundible, seguro, redondo, lleno de claridad y sonoridad, y capaz de matices impensables. Se sentía a gusto tanto en el clasicismo como en el romanticismo, en el repertorio ruso, español y francés. Escribió su autobiografía en dos volúmenes: “My Young Years” (1973) y “My Many Years” (1980). Entre los premios y reconocimientos que recibió se encuentran: la Medalla de la Libertad, de Estados Unidos (1976), la Orden Nacional de la Legión de Honor (Francia) y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, de España, (1963). Rubinstein quien murió el 20 de diciembre de 1982, en Ginebra, Suiza, será recordado como uno de los mejores intérpretes de todos los tiempos de Federico Chopin. Según los expertos, liberó a las obras del compositor polaco del excesivo sentimentalismo y amaneramiento. Les dio fuerza, ritmo y una sutil sensibilidad.


Sobre esta noticia

Autor:
Cultura (17131 noticias)
Visitas:
102
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.