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Recuerdos de la Euro. Maris Verpakovskis

06/06/2012 02:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ni siquiera en el sorteo de la Eurocopa 2004 se impactaron al escuchar su nombre. Fue hasta que comenzó el certamen en Portugal cuando muchos futboleros cayeron (caímos dijo el otro) en cuenta de que existía una nación llamada Letonia. ‘¡¿De dónde surgió ese flan?!’, era la pregunta con asombro. Y es que a dicho postre con forma de selección se le auguró una feria de goles en contra. ‘Nhombre, seguro se llevan de cinco pa’ arriba’, indicaban los pronósticos. Pero no fue así.

Los checos sufrieron para ganar 2-1, los alemanes tuvieron que conformarse con un empate sin goles y los holandeses apenas pudieron clavar tres goles. La debutante Letonia, combinado nacional que daba sus primeros y únicos pasos hasta el momento en un torneo futbolístico de envergadura, se despidió rápido de la competencia, pero en su prisa se fue llena de éxito si se toma como parámetro la catástrofe que se le vaticinó.

Suiza y Bulgaria le ganaron el sitio como el peor equipo. Se dio el lujo de conseguir un punto ante Alemania y anotó un gol, tanto conseguido por su héroe patrio, Maris Verpakovskis, en el duelo contra República Checa. Pero detrás de esa anotación, de ese jugador, estaba la verdadera proeza de los letones, quienes vieron en la Euro la prolongación de su máximo logro.

Fue la clasificación a la pasarela de las mejores selecciones europeas la hazaña que los hizo visibles al mundo. Tras haber quedado segunda del Grupo 4 en las eliminatorias, Letonia obtuvo su derecho al repechaje; el destino le puso enfrente a Turquía, tercer lugar del orbe en Corea-Japón 2002. Parecía que la suerte estaba echada.

Sin embargo, los turcos y el ambiente del fútbol menospreciaron a los letones. Dicho menosprecio fue su aliciente. Con nada por perder y todo por ganar, Letonia se quitó presión y jugó la serie ante los otomanos demostrándonos que en este deporte nada está escrito. La ida se disputó en el Estadio Nacional de Riga y al minuto 29 Maris Verpakovskis hizo estallar a la tribuna llena de incrédulos y novatos aficionados al balompié; las apariciones y los goles en partidos importantes no estaban dentro de sus costumbres. El encuentro terminó 1-0 y con la ventaja despertó el sueño. No obstante había que culminarlo en las siempre tensas tierras turcas.

El 19 de noviembre de 2003 el Estadio Inonu, en Estambul, celebraba por anticipado el boleto a la Eurocopa al minuto 64, periodo del partido en que los locales anotaban el 2-0 que les daba el pase. Pero al 66′ un silencio rotundo se apoderó de las gradas, pues Laizans descontaba por la visita. Turquía intentó ir al frente más por la presión de no ser la burla que por aspirar a trascender en las canchas. Caro pagó ese error. Sin orden y con desesperación, los turcos mandaron balones al área enemiga sin dirección precisa. Uno de esos balones fue tomado con toda tranquilidad por el portero letón Kolinko, quien despejó poniéndole un pase a gol al emblema de su escuadra, al jugador que los hizo viajar a Estambul con todas las ilusiones bajo el brazo, Maris Verpakovskis.

Verpakovskis aprovechó el servicio de su arquero, así como de la ingenua marca de la defensa otomana, para finiquitar el encuentro al 78′. Ningún turco, tanto en el terreno de juego como en las tribunas, podía creer lo que ocurría. ¿En qué momento dejaron ir el 2-0 en favor? ¿Cómo se les olvidó poner atención al delantero que fue su pesadilla en la ida? Aún después del silbatazo final, de la eliminación, no lograron responderse. La incredulidad perduró por días, por meses.

Mientras los turcos y muchos futboleros se esmeraban en asimilar el 3-2 global con que Letonia arribaba a la Eurocopa, Maris Verpakovskis anotaba otro gol, pero en el Estadio Municipal de Aveiro, Portugal. Al 45′ calló a los checos y de paso enmudeció a los televidentes que seguían el torneo. ‘¿De dónde aparecieron los letones?’, ‘¿A poco Letonia está en la Euro?’, ‘No es posible que República Checa vaya perdiendo contra estos desconocidos’. El 15 de junio de 2004, los letones, guiados por los botines de Verpakovskis, hacían historia al marcar su primer y único tanto en un universo desconocido para ellos, la gloria. Ni la voltereta conseguida por Baros y Mainz se las pudo arrebatar.


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elbuenfutbol.com
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