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Refleja la obra de Gerardo Diego un singular espíritu vanguardista

07/07/2009 03:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El poeta español Gerardo Diego, autor de una prolífica obra, escrita a partir del creacionismo y corrientes literarias de vanguardia, cuyo estilo le hicieron acreedor del Premio Nacional de Literatura en 1925 y la creación del Premio Internacional que lleva su nombre, falleció el 8 de julio de 1987. Este último, en su novena edición en Cantabria, España, reconoció el trabajo del extremeño Mario Martín, con su estudio sobre la obra poética de José Herrera Petere, un poeta del exilio poco conocido, a quien casi no se cita en la historia de la literatura. El fallo del jurado de "Una poesía de la presencia, José Herrera Petere en el surrealismo. La guerra y el destierro" fue emitido el pasado mes de junio, en que participaron otros 11 trabajos, trascendió. Gerardo Diego nació el 3 de octubre de 1896 en Santander, España, y estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto, para después ingresar a las universidades de Salamanca y Madrid, donde se doctoró, al tiempo que alternó su vocación poética con la musical. Sus primeras colaboraciones literarias las realizó en "Grecia" y "Cervantes", revistas identificadas con el movimiento ultraísta en las que también colaboró el reconocido escritor argentino Jorge Luis Borges. Sus biógrafos citan que es en un breve viaje a Madrid que descubre el creacionismo de Vicente Huidobro, movimiento a partir del cual creó una realidad autónoma, un mundo propio, recorrido por una fuerza vital juguetona o dramática. Su extensa obra poética osciló siempre entre los temas y expresiones de raíz vanguardista y las estructuras más clásicas de la poesía, se inició en el mundo de la poesía con tres libros de gran sencillez y grata musicalidad, escritos en 1918: "Iniciales", "El romancero de la novia" y "Nocturnos de Chopin". También el espíritu vanguardista del poeta está presente en gran parte de su obra, tal es el caso de "Evasión" (1918-1919), considerado ultraísta; "Imagen" (1922) y "Manual de espumas" (1924), ambos adscritos al creacionismo. Entre sus mejores libros, dentro de la vertiente tradicional, destaca "Versos humanos" (1925), que incluye sonetos de insuperable perfección técnica como "El ciprés de Silos", "Giralda", "Insomnio" y "Revelación", por el que obtiene el Premio Nacional de Literatura en 1925. En 1927 participó en el Ateneo de Sevilla, por invitación del torero escritor Ignacio Sánchez Mejías, en la conmemoración del tercer centenario del poeta español Luis de Góngora y Argote, celebración que da vida a la llamada "Generación del 27", y en la que se enmarcan todos los poetas que participaron en ella. Durante esta época dirigió las revistas de carácter vanguardista "Carmen" y "Lola", al tiempo que escribió obras como "Fábula de Equis y Zeda" (1926-1929), en pleno fervor gongorino, y "Poemas adrede", en la que se hace patente la influencia del surrealismo y el intento de aunar la expresión tradicional con la vanguardista, además de los poemas de "Angeles de Compostela" (1940). En 1932, el literato publicó "Poesía española. Antología 1915-1931", que da lugar a una gran polémica, donde da cabida a maestros consumados junto a jóvenes poetas como Juan Larrea, quienes solamente pudieron ser leídos en España durante muchos años en dicho volumen. En libros posteriores, el poeta manifestó su aguda sensibilidad para la belleza y el sentido musical que siempre le caracterizó y que se ve reflejado en obras como "La sorpresa" (1943), "La luna en el desierto y otros poemas" (1948) y "Paisaje con figuras" (1956), entre otros. De su vasta obra destaca también la lírica amorosa del poeta se concentra en libros como "Amazona" (1956), "Amor solo" (1958), "Canciones a violante" (1959) y "Sonetos a Violante" (1962); mientras que la religiosa está recogida en "Versos divinos" (1971), obra que incluye el libro juvenil "Viacrucis" (1931). También su afición por la música originó una de sus grandes composiciones: "Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré" (1967), en la que el autor logró transmitir con sus versos la fuerza expresiva de la música. Su pasión por los toros es atestiguada en los libros "La suerte o la muerte" (1963) y "El cordobés dilucidado" (1966). Desde 1933 Diego se traslada al instituto Beatriz Galindo de Madrid, donde permanecerá hasta su jubilación en 1966. En 1947 fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua y en 1956 vuelve a obtener el Premio Nacional de Literatura. Para 1979 se le otorga el Premio Cervantes, el cual comparte con Jorge Luis Borges. Gerardo Diego, poeta de la Generación del 27, al lado de Pedro Salinas, Jorge Guillén, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y Luis Cernuda, murió en Madrid el 8 de julio de 1987.


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