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Reflexiona “Lluna” en torno al amor como una entrega profunda

23/01/2011 03:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La pieza teatral “Lluna” (70 minutos en escena), de Jaime Chabaud, con dirección de Aarón Hernández Farfán, fue reestrenada con las actuaciones de Amanda Schmelz, Francesca Guillén, Ireri Solís y Roldán Ramírez. La reposición, que tuvo lugar la víspera en La Gruta del Centro Cultural Helénico, y que se escenificará todos los sábados, presenta a “Cleotilde”, una mujer quien a sus 35 años se ve envuelta en una atmósfera de erotismo y nostalgia, lo cual transforma su vida ante un amor imposible. “Clotilde” recrea e imagina los momentos de deseo y amor profundo con su joven amante de 18 años, “Ela”, quien fuera arrancada de su mundo a causa de la relación que la joven sostiene con “Hugo”, un joven adicto y problemático, de acuerdo con la trama escrita por el experimentado maestro Jaime Chabaud. El tiempo incrustado en el corazón nostálgico de “Clo” desdibuja su presente, su rostro anhelante de la blanca Luna celestial que fue “Ela”, cuando el cielo brindaba el brillo de la vitalidad al alma de “Clotilde”, quien en la memoria, o quizá la imaginación, elabora su onírico poema matizado por la soledad. Los 150 pesos que cada espectador pagó por su acceso fueron perfectamente bien desquitados por el autor, el director, los actores y la producción de la obra, cuyo fondo reflexiona en que amar a alguien implica ir más allá de lo físico. Es entregar el alma y la esencia para fundirse con la otra persona. Esta premisa es abordada en “Lluna”, texto que explora las dificultades que surgen en las relaciones sentimentales desde los juegos establecidos por el tiempo, a partir de un triángulo amoroso en el cual “Clotilde”, abogada, experimenta la trasformación de su vida ante un amor más que imposible. Mientras, “Hugo”, un adicto a la cocaína, envuelve en sus encantos a la joven “Ela”, quien se convierte en la manzana de la discordia y el centro de las pasiones desbordadas. Por ello, para Hernández Farfán, la obra es “un bello cuento poético en torno a las marcas que el tiempo esculpe entre los amantes”. “Es una historia sobre amar la esencia del otro, más allá de fronteras físicas y etiquetas sociales, aún en contra del propio tiempo. Es una pieza que muestra el camino para logar observar nuestras emociones como si fueran un cúmulo de objetos que definen al ser”, dijo en su oportunidad el director de la pieza. La propuesta escénica apuesta por la fuerza actoral mediante una escenografía sintética y funcional, que mediante la simbología lunar encuentra en el uso de biombos y luz, el entorno espacial femenino y erótico que requiere el montaje y permite la creación de atmósferas evocativas habitadas de nostalgia. Hernández Farfán: “Hace tiempo me preguntaron por qué había yo decidido llevar a escena éste texto. Muchas razones conforman las motivaciones: Los impulsos más íntimos y personales, vínculos de amistad, especialmente, el ser un texto amoroso que se aloja discreta y agridulcemente bajo la piel”. Para el director, la entrega amorosa halla a destiempo los obstáculos marcados por la ausencia de sincronía; la mirada alejada de “Clotilde” es anhelante sin cesar y vibrante por sorpresa ante sus impulsos eróticos reavivados por la joven-fruto prohibido, que la lleva a un abismo desesperado por y para amar.


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