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Reformas, desinformación y mala información /Teresa Da Cunha Lopes

11/09/2013 13:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imagePor: Teresa Da Cunha Lopes

Todos sabemos ( o pensamos saber) cómo se supone que funciona la democracia. Los políticos hacen campaña sobre un programa y la opinión pública informada (=los ciudadanos) emite su voto basándose en las propuestas de ese programa, con cierto margen para la imagen que se tiene del carácter y la competencia de los políticos. Después estos políticos electos como nuestros representantes van para la capital y en el seno del Congreso se dedican a legislar y, como es el caso de estos últimos vertiginosos 9 meses en México : a votar las reformas en modo"fast – track".

También sabemos que la realidad dista mucho de lo ideal. Los ciudadanos suelen estar mal informados, y los políticos no siempre (¡¡¡casi nunca!!!) son sinceros. Aun así, nos gusta imaginar que los ciudadanos por lo general aciertan al final, votando por los "buenos" y que los políticos acaban rindiendo cuentas por lo que hacen.

Pero coloquemos la cuestión: ¿sigue siendo esta visión modificada de la democracia en acción, relevante y realista? ¿O está nuestro sistema político tan degradado por la desinformación y la mala información que ya no puede funcionar?

Consideremos el caso del debate público de la reforma fiscal, el tema que domina nuestra semana política.

Probablemente no va sorprender a nadie oírme decir que los ciudadanos (nosotros) están mal informados sobre los elementos de esta reforma ( y de las anteriores), pero podemos estar seguros que están preocupados con el impacto de la misma sobre sus bolsillos.

¡¡¡ Más!!! lo que sí nos puede sorprender es la profundidad de la desinformación que reciben .Y cuanto los políticos nos mienten. Por ejemplo, nos convencen que es posible en un debate que sólo duró tres horas construir un consenso informado sobre lo que se nos viene arriba en materia fiscal y que cada uno de los diputados votó, en la generalidad la totalidad del Paquete Económico 2014, con total conocimiento de lo que está avalando en nuestro nombre. Y que ha cumplido con la obligación de informar a los ciudadanos que lo votaron y que representa. Es evidente que esto es falso, pero no veo que nadie esté expresando su indignación por este simulacro de proceso democrático que funciona como una "aplanadora"bajo el cubierto del "pacto".

¿Estaré diciendo que somos estúpidos? Ni mucho menos.Lo que pasa es que la gente tiene su vida, trabajo e hijos que criar (esta es mi vida, la vida de muchos nosotros). No va a sentarse a leer los debates de las Comisiones del Congreso y del pleno de la Cámara. En vez de eso, estamos obligados a fiarnos (algo) de lo que escuchamos decir a los que nos gobiernan, intentando encontrar pistas para interpretar el discurso de los políticos en la radio y la televisión ( oyendo a las Aristegui, Denises o a Pepe Cárdenas). El problema es que gran parte de lo que oye el ciudadano es engañoso, cuando no directamente falso.

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No les sorprenderá, entonces, mi afirmación de que las mentiras descaradas tienden a estar motivadas por la política. Al fin y al cabo, los panistas crearon mucha confusión política con la supuesta fortaleza de nuestra macroeconomia, y los priistas han mantenido la misma retórica apesar de que la economía no despega, y que la deuda de los estados parece fuera de control. Cuanto al sol azteca, mantiene un discurso irreal viejo de 40 años que habla de un pasado mítico que nunca existió y olvida el concreto presente.

¿Saben los políticos que lo que están diciendo a la gente no es verdad? O que no es toda la verdad? ¿Les importa? Probablemente no. Parafraseando y adaptando la famosa frase del cómico norteamericano Stephen Colbert, las afirmaciones sobre la reforma fiscal "puede que no sean verdad, pero nos gustaría que fuesen verdad".

Resta, entonces preguntar: ¿acaso no hay árbitros para esta clase de cosas, autoridades independientes en las que la gente pueda confiar, que pueden acusar y acusan a los que transmiten falsedades? Hace mucho tiempo, creo, los hubo. Pero en los tiempos que corren, la división entre partidos es muy profunda (con Pacto por México y todo de pormedio), y hasta los que pretenden jugar a ser árbitros (los comunicadores) por lo visto tienen miedo de denunciar la falsedad y adoptan la prudente política editorial de usar los boletines oficiales como fuente única de la noticia.

Si reunimos todas las piezas del puzzle- reformas, desinformación y mala información -, la imagen es asustadora . Tenemos una ciudadanía mal informada o desinformada, políticos que contribuyen alegremente a la desinformación y perros guardianes de la democracia (los medios) que tienen miedo de ladrar.

Y en la medida en que hay actores muy respetados que parecen estar fomentando, en vez de arreglando, las falsas impresiones de la opinión pública, tenemos entonces que colocar la cuestión:.¿Qué deberíamos hacer?

Sólo hay un camino o respuesta posibles: seguir machacando con la verdad y esperar que penetre. Pero es difícil no dudar cómo puede funcionar este sistema.Al fin y al cabo, como decía George Orwell, el autor de 1984 : "La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír."





Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
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