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Relaciona estudio, a las científicas con las brujas

15/07/2010 13:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Así como las brujas de la Edad Media tenían conocimientos propios con los que desarrollaron trabajos de curanderas y parteras dentro de sus comunidades, en la actualidad las mujeres de ciencia hacen aportaciones importantes tanto a la estructura de las instituciones científicas, como al proceso de creación de conocimientos, afirmó Norma Blazquez Graf, Directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autonóma de México (UNAM).

Aunque históricamente se les ha estigmatizado, las brujas de diversas sociedades fueron comadronas y nodrizas con conocimientos sobre sexualidad, anticoncepción, reproducción, embarazo, parto, y crianza de los niños; también curanderas, cocineras y perfumistas, con el saber necesario para recolectar, preparar y conservar alimentos y productos. Hacían curaciones utilizando plantas, animales y minerales.

En conferencia ofrecida en la Facultad de Química, Blazquez comentó su libro El retorno de las brujas. Incorporación y contribuciones de las mujeres a la ciencia, en el que tomó como modelo de estudio a las hechiceras de la Europa medieval, que heredaron habilidades de generación en generación.

La sabiduría de esas mujeres amenazaba a grupos poderosos, y pueden considerarse las antecesoras de quienes hoy se dedican a la investigación científica, afirmó.

Sus conocimientos eran valorados, respetados y considerados importantes y necesarios, pero se les fue desprestigiando y asociando con la idea de que no poseían sabiduría de mujer, sino que un ser maligno les otorgaba poderes, y todo lo que sabían y practicaban era debido a un pacto con el Diablo. La cognición empírica que dominaban y transmitían de abuelas a madres, y de ellas a hijas, fue considerada sospechosa y amenazante, porque atentaba contra los poderes políticos, religiosos y científicos nacientes.

Fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando tuvieron acceso a la educación superior de manera institucional.

En Suiza, fueron admitidas en las universidades hasta 1890; en Gran Bretaña en 1870; en Francia en 1880, y en Alemania hasta 1900. En México, la primera médica, Matilde Montoya, se recibió en 1887.

Desde 1970, se han incorporado a los estudios superiores en muchos países. Entre 1969 y el año 2000 la matrícula de mujeres aumentó de 17 a 50 por ciento en México; sin embargo, a medida que se incrementa el nivel de escolaridad, su presencia se reduce, y muy pocas ocupan puestos de mando en instituciones científicas.

Asimismo, las áreas de conocimiento siguen siendo dispares, pues mientras en carreras como Psicología o Educación la población dominante es la de ellas, en Física o Ingeniería, la proporción es inversa.

Los hombres siguen inclinándose por agronomía, ingeniería y física, mientras que el sector femenino elige, en mayor grado, las humanidades y áreas relacionadas con las ciencias sociales o educación, aunque en los últimos años ha aumentado su ingreso a veterinaria, medicina, ingeniería ambiental y tecnología de alimentos.

Con estos avances, poco a poco las mujeres han ganado espacios para integrarse a la ciencia, a la producción formal y académica del conocimiento que, por mucho tiempo, fue una actividad de varones. Se ha reclamado su acceso a la educación, a las universidades, y que tengan la posibilidad de elegir la investigación científica como una profesión que les brinde reconocimiento como generadoras del saber.

Actualmente, en el mundo tres de cada 10 personas dedicadas a la investigación son mujeres, y en el caso de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), aún no se llega a ese 30%. Al interior de la UNAM, el 41% del personal académico son féminas, el 36% investigadoras, y de ellas, el 27% tiene el nombramiento más alto, como titulares "C".

Como si fuera el retorno de las brujas, entre los temas de interés de las científicas destacan las ciencias médicas, donde se han recuperado espacios, especialmente en ginecología y en nuevas tecnologías asociadas a la reproducción asistida y anticoncepción, así como en ciencias naturales, como biología y ciencias ambientales, comentó.

La participación femenina se ha reflejado en una forma distinta de hacer ciencia, independientemente de los temas de trabajo, dijo Blazquez, estudiosa de la relación entre ciencia y género.

Desde que intervienen en la política científica, se otorgan más becas y hay nuevos criterios de evaluación; se han extendido los periodos de edad para el trabajo en la materia, considerando el ciclo reproductivo; se han modificado los horarios y espacios laborales, y se difunde cada vez más una conciencia de género, finalizó la titular del CEIICH.

Fuente|Boletín UNAM.


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